la palma

Los sinhogar o una ‘verdad incómoda’ de la Isla Bonita

En la Unidad Móvil de Atención en Calle de Cáritas han atendido durante este año a un total de 119 personas que viven en la calle
El pasado domingo, la organización diocesana tuvo un gesto con los usuarios del servicio, ofreciéndoles la calidez de una cena navideña, para, más tarde, regresar a la dura realidad de la calle. DA
El pasado domingo, la organización diocesana tuvo un gesto con los usuarios del servicio, ofreciéndoles la calidez de una cena navideña, para, más tarde,                regresar a la dura realidad de la calle. DA
El pasado domingo, la organización diocesana tuvo un gesto con los usuarios del servicio, ofreciéndoles la calidez de una cena navideña, para, más tarde, regresar a la dura realidad de la calle. DA

Luces, alegría, color, familia. Son conceptos que, inevitablemente, relacionamos con la Navidad. Una época de reencuentros, para ponernos al día, para disfrutar de los que están y recordar a los que se han ido. En definitiva, un tiempo festivo y de gozo. Al menos, para quienes pueden hablar de “hogar”, ese del que algunas personas -más de las que imaginaríamos- carecen. Las mismas que pasarán esta noche lejos de abrazos fraternales y calidez humana.

Como si del documental Una verdad incómoda del exvicepresidente de los Estados Unidos Al Gore se tratara, -que versó sobre los problemas del calentamiento global y generó polémica por los alarmantes datos que exponía-, a las instituciones de la Isla Bonita les cuesta hablar del sinhogarismo. Es una denominación que intentan rehuír; hay quienes prefieren usar números de expedientes. No poner cara a un problema que, según Cáritas Diocesana, afecta a 119 personas de La Palma. Es una realidad incómoda. Al parecer, cuesta concebir que más de un centenar de paisanos se cobijan de las inclemencias del tiempo entre cartones, en un cajero, una cueva o una obra abandonada, más otros enclaves nada apropiados para ser habitados.

A fin de concienciar sobre este problema, que yace oculto bajo un manto de apariencia y consumismo en la temporada navideña, Cáritas ha distribuido en varias parroquias un folleto en el que cita ejemplos de casos reales que la organización sin ánimo de lucro ha atendido en su Unidad Móvil de Atención en Calle (UMAC). “La vivienda es un derecho humano y un derecho constitucional, no puede ser un bien de lujo y de especulación”, reza el panfleto. Se citan las circunstancias en las que se encuentra Pedro, de 66 años, residente en una finca de plátanos de Los Llanos de Aridane, diagnosticado de un trastorno mental desde hace 20 años que percibe una pensión de 390 euros. O Carmen, de 56 años, de Villa de Mazo, que con su pensión no contributiva de 330 euros se ve atada de pies y manos para afrontar un alquiler en su localidad, cuya media es de 350 euros al mes.

Gloria López, trabajadora social y coordinadora de la UMAC en La Palma, afirma que a lo largo de la última anualidad han aumentado “los perfiles de mujeres que están con una pensión de viudedad o no contributiva que no les alcanza”, así como “inmigrantes venezolanos que al llegar se confinan en la vivienda de familiares o amigos, por un tiempo y luego se quedan en la calle”. En este sentido, señala que se trata de personas que “están abocadas a okupar” por la imposibilidad de acceder a una vivienda con recursos propios.

Desde la entidad, hacen lo que pueden. Este año han puesto en funcionamiento un servicio “de duchas, lavandería y comidas” en Los Llanos de Aridane, que se suma al que ya prestan en la capital palmera, y que persigue el único objetivo de “que las personas puedan tener un mínimo de dignidad, estén limpios y alimentados”. Aún así, a López le pesa no disponer de un recurso alojativo. “En la Isla debería existir uno”, asevera. Sin embargo, el Instituto Canario de la Vivienda arroja un dato poco alentador: desde 2011, solo los ayuntamientos de Puntallana y El Paso han movido ficha en lo referente a creación de residencias de promoción pública.

De cualquier modo, explica Gloria López, el pasado domingo intentaron crear un ambiente cálido para los usuarios de la UMAC en La Palma. En los dos puntos neurálgicos de su labor social, organizaron un almuerzo con el que querían festejar la Navidad. No obstante, lo triste, entiende que es el hecho de que “al día siguiente se vuelven a encontrar con la misma realidad, pero nosotros vamos cubriendo hasta donde podemos llegar”.

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