claves para ser brillante

TÓCAME, que te escucho

El tacto es el primer sentido que adquirimos desde el vientre materno y un elemento indispensable para un desarrollo físico y psicológico adecuado

El tacto es el primer sentido que adquirimos desde el vientre materno y un elemento indispensable para un desarrollo físico y psicológico adecuado. Experimentarlo no es sólo percibir las características físicas de aquello a lo que nos acercamos. La necesidad de contacto y afecto es tan importante e instintiva como alimentarnos, y el lenguaje de los abrazos, caricias o roces no sólo es el primer idioma que aprendemos sino, además, un instrumento silencioso que influye en el éxito de las relaciones interpersonales.

Contacto virtual
La seductora invasión de la tecnología en nuestras vidas nos ha distraído de la valiosa conexión emocional que establecemos cuando nos comunicamos cara a cara, cuando tenemos la oportunidad de percibir al otro desde la cercanía. Algo que desde hace algunas décadas preocupa a los desarrolladores que, en busca de contrarrestar la carencia de retroalimentación física, ponen todo su empeño en crear interfaces y aplicaciones que repliquen situaciones más próximas a la realidad. Lo llaman “tecnología háptica” y la podemos encontrar en diferentes campos como los videojuegos, la animación 4D o la realidad virtual. Todas ellas herramientas que permiten recrear escenarios de inmersión total en la experiencia con utilidades diversas en contextos educativos, terapéuticos o de entretenimiento. ¿Pero porqué nos resulta tan fascinante?

El toque que toca
A pesar de los numerosos avances en este campo, no hay tecnología que replique la calidez del abrazo de un ser querido, la pasión de un beso, la cordialidad de un apretón de manos o la sensación de una caricia que nos pone los pelos de punta. El contacto físico es sinónimo de conexión emocional.
Cuando algo sale bien chocamos las manos, damos palmaditas en la espalda para animarnos o felicitarnos, saludamos o sellamos un trato estrechando manos o mostramos apoyo apretando el hombro de la persona que lo necesita… son sólo algunos ejemplos que ilustran como nos comunicamos a través de la cercanía física estableciendo lazos afectivos, cordialidad y complicidad.

Por lo general, resulta revelador observar el nivel de contacto entre las personas para inferir el tipo de relación que mantienen, sea cual sea el ámbito, llegando a interpretar el grado de cohesión, compromiso o intimidad de un equipo, una pareja o un grupo de amigos. Aunque también es cierto que debemos tener en cuenta otros factores para sacar conclusiones certeras.

Cada uno es como es
Suelen decir que el roce hace el cariño pero esto no es aplicable a cualquier contexto y persona. Para desenvolvernos con soltura en el manejo del contacto corporal y relacionarnos de forma adecuada es necesario tener en consideración las diferencias individuales ya que el nivel de tolerancia al “roce” varía de una persona a otra, bien sea por sus creencias, educación o valores.
Existen códigos de conducta aprendidos que hacen que hombres y mujeres se relacionen de forma diferente, o aspectos como el estatus profesional y las normas culturales que implican una mayor prudencia a la hora de fraternizar. Por ejemplo, las culturas latinas y árabes son de alto contacto, sin embargo los asiáticos, anglosajones y nórdicos mantienen mucho más las distancias.

También influye la forma y el lugar que toquemos por supuesto. En una relación cordial con conocidos y en el entorno laboral, las zonas menos comprometidas del cuerpo son los brazos, hombros y parte superior de la espalda, aunque se da una excepción con el apretón de manos, ya que es el tipo de contacto más común entre extraños. Así que sólo traspasaremos estas fronteras si la persona en cuestión nos lo permite o existe un grado de confianza mayor.

Efecto analgésico
El contacto humano ha sido objeto de numerosas investigaciones que han revelado sorprendentes beneficios que ponen en valor la preeminencia de las relaciones físicas frente a las virtuales. Sin ir más lejos, los abrazos son un verdadero bálsamo antiestrés que cambia la bioquímica de nuestro cuerpo incrementando la producción de serotonina y oxitocina, hormonas relacionadas con el placer y la felicidad.

También se ha comprobado que los médicos que tocan sutilmente a sus pacientes durante la conversación generan mayor confianza y compromiso con el tratamiento. Así como los profesores que apoyan a sus alumnos con una simple palmada en el brazo para aumentar la motivación y mejorar la actitud. Incluso en el terreno de las ventas o la negociación el tacto es un poderoso aliado, no sólo por el hecho de entablar vínculos y confianza cuando el escenario es favorable para este tipo de cercanía, sino a la hora de involucrar al cliente con el producto o servicio. Venderás más si permites que toquen, prueben, usen o experimenten, dejando que lo hagan suyo para que el cerebro se resista a renunciar a la compra. No es magia, es conectar con lo que nos hace sentir y emocionarnos.

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