conversaciones en los limoneros

Santiago Abril Lozano: “Nunca disfruté tanto como cuando volaba con los Convair Coronado de Spantax, a los que les hice 5.000 horas”

Él no se da cuenta, pero es una leyenda en la aviación española. Ha volado todos los aviones posibles, desde el T-6 de la llamada ayuda militar americana al Jumbo
Andrés Chaves y Santiago Abril Lozano. DA
Andrés Chaves y Santiago Abril Lozano. DA

Allá por los comienzos de los 80, un joven comandante de Fokker-27 metió prácticamente su avión en el cráter del Teide y me hizo vivir una experiencia inolvidable, desde la cabina. Lo hizo sin riesgo alguno, con viento en calma y 17 pasajeros, o así, a bordo –veníamos de El Hierro— aplaudiendo con entusiasmo a Santiago Abril Lozano (Badajoz, 1943). Él no se da cuenta, pero Santi Abril es una leyenda en la aviación española. Ha volado todos los aviones posibles, desde el T-6 de la llamada ayuda militar americana al Jumbo. Hoy ha cumplido 77 años, pero no los aparenta. Y tiene un sueño: comprarse un viejo DC-3 y volar entre islas por placer, con los amigos. Tiene uno de estos legendarios aparatos localizado en Bolivia. Los DC-3 fueron claves en las comunicaciones entre islas. Cuando le pregunto con qué avión se ha divertido más en sus 40.000 horas de vuelo, Santi me dice que con el Convair Coronado, una aeronave concebida como bombardero y adaptada a la aviación comercial. Fue en sus tiempos de Spantax. Dice también que Canarias debería tener su propia compañía aérea dedicada al turismo y valora los esfuerzos de Binter por expandirse.

-Y has vuelto a Canarias, qué bien.
“Sí, a mí no me mueven de aquí”.

-¿Es posible construir tu biografía, así, de memoria?
“No del todo, porque hay cosas que tengo que recordar con cuidado. He volado el T-6 del Ejército del Aire, el DC-3, el DC-4, el DC-6, el DC-7, el Fokker 27, el MD-83, el DC-8/63, el DC-9/14, el Boeing 737 y hasta el Jumbo en mi breve época de Singapur Airlines. Como ves, difícil de resumir. Ahora voy a ver si saco la licencia de avionetas y también si me puedo hacer con un DC-3. Pero la época que recuerdo con especial cariño es mi etapa de comandante del Convair Coronado”.

-Tengo, restaurada por Teide Hobby, una maqueta de hierro de ese avión de la vieja Spantax, que me regaló su co-propietaria (con Rudi Bay), Marta Estades.
“Pues tienes una joya. El Coronado era un avión concebido como bombardero y transformado después para la aviación comercial. Creo que Spantax llegó a tener en servicio las 14 unidades que volaban en el mundo. Yo me divertí mucho con ese avión. Tristemente uno se perdió aquí, en Los Rodeos. Hay otro estacionado en el aeropuerto de Palma que quieren convertir en museo”.

-Tú fuiste uno de los últimos de Guinea Ecuatorial.
“Bueno, estuve cuatro años allí, volando el T-6. Nos entrenábamos sobre el mar, tirando a un blanco de lona que a su vez tiraba a distancia un negrito con una barca. Aquello era primitivo, pero jamás tuvimos incidencia alguna”.

-Aprovecho que te tengo aquí, en los Limoneros, para preguntarte sobre el incidente del otro día, sobre Madrid, del avión de Air Canada.
“Pues te diré que los pasajeros del 767 no corrieron peligro alguno, porque la tripulación aplicó escrupulosamente los procedimientos reglados para estos casos y ensayados en el simulador. Y fue importante la intervención del F-18 tripulado por el capitán Roberto García Macías, que fotografió con su teléfono móvil la rueda dañada y envió las fotos al comandante de Air Canada. Las fotos y la información dieron más confianza a la tripulación del avión comercial: podían aterrizar perfectamente con un motor y el tren como estaba, con sólo una rueda dañada. El F-18 se situó a apenas unos metros del avión averiado.

 Santiago Abril Lozano. DA
Santiago Abril Lozano. DA

Ahora habrá que averiguar por qué se dañó un motor que está -en ese aparato- muy fuera de la ruta lógica de los componentes de un reventón de neumático”.

-La aviación es propensa a la leyenda. ¿No crees?
“Sí, dicen que en Los Rodeos había una palmera junto a la cabecera de pista 3-0 que si no la veías a determinada altura te tenías que ir al aire”.

-Y en Melilla un burro atado a un árbol, que en los días de mucha calima orientaba a los pilotos sobre dónde estaba la pista.
“Pues fíjate si hay leyenda o no”.

-¿Recuerdas todas las compañías para las que has volado?
“Pues para Spantax, Air Europa, Transeuropa, Aviaco, Futura, Singapur Airlines e incluso para Iberia, con un MD de Canáfrica, compañía que yo fundé, pero ese avión nuestro llevaba los colores de la compañía de bandera”.

-Has sido instructor y has soltado a un montón de pilotos, algunos de los cuales todavía siguen en activo.
“Sí, es verdad. A partir del DC-6 he sido instructor de todos los aviones que he volado”.

-¿Echas de menos seguir manejando los cuernos de un avión?
“En los modernos ni siquiera existen los cuernos. Sí, lo echo de menos. Pero en aviación los años que puedes volar están regulados por la norma. Cuando los cumples, adiós”.

-A tu edad sigues haciendo deporte.
“Cinco veces a la semana juego al pádel, algunas veces con antiguas compañeras de compañías aéreas”.

-Cuéntame tu experiencia en Canáfrica.
“Pues fue estupenda, hasta que la crisis nos tumbó. La compañía duró ocho años e hicimos grandes cosas. Me calumniaron e incluso quisieron imputarme societariamente. Al final fallaron los inversores y caímos. Lo tomé como un fracaso, pero también como una experiencia fantástica”.

-Eres un hombre de suerte.
“¿Lo dices por lo de la lotería?”.

-Sí, dos veces te tocó.
“Bueno, sí, gracias a eso pude salir de algunos entuertos. Una vez me tocaron cuarenta millones de pesetas y otra dieciocho. Y la segunda vez repartí décimos entre los miembros de mi tripulación. Le compré el billete a un cojo, en el aeropuerto de Sevilla”.

-Joder y eso que dicen que los cojos traen mala suerte.
“A mí no, ya lo ves”.

-¿Te han propuesto asesoramiento para la creación de una compañía canaria?
“Han hablado conmigo algunas personas. Yo creo que, después de la crisis de Thomas Cook, se hace necesario que Canarias disponga de sus propios medios aéreos. Ahora, en estos meses, no se nota porque no es temporada alta en los destinos rivales. Pero ya verás cuando llegue el verano. Quienes hablaron conmigo pretenden enfocar esa compañía más al turismo nacional, que está en alza y no hay que perderlo”.

(Santi tiene miles de anécdotas. Había un famoso guardia civil en El Hierro, apellidado Agudo, que cada vez que el comandante Abril aparcaba su Fokker junto a la terminal se colocaba junto al señalero, rascándose los huevos. “Un día lo voy a joder”, le decía siempre Santi al copiloto. Y ese día llegó. Allí estaba aquella mañana el guardia Agudo, rascándose los huevos en la pista, cuando Santi aceleró el avión y se lo echó encima. Las carreras de ese hombre fueron dignas de un olímpico. Nunca más apareció por allí. Agudo fue aquel famoso guardia civil que halló el manual operating del P-3 Orion norteamericano accidentado en El Hierro (curva del Mocanal, La Frontera, en los 70) y a punto estuvo de crear un conflicto diplomático internacional cuando comunicó “a la superioridad” la existencia de una “Operación Manuel” perpetrada por los americanos contra los rusos, en plena guerra fría).

-¿Cuántas horas de vuelo te apunto?
“Unas 40.000. Ya sé que son muchas, pero es que me he pasado más de media vida volando, desde mis tiempos de piloto de complemento en el Ejército hasta mi jubilación”.

-¿En qué etapa disfrutaste más?
“En todas, pero la del Convair Coronado de Spantax fue especial. Algunos le tenían miedo a ese avión, al que hubo que colocarle elementos adicionales para que no superara la velocidad del sonido en vuelos comerciales. Y a veces no lo conseguíamos. Era el más rápido de la aviación comercial, si excluimos al Concorde, claro. Hice 5.000 horas en ese avión”.

-Deberíamos escribir la historia de la aviación en Canarias.
“Sí, deberíamos, porque hay muchas cosas que contar. Todavía me encuentro con compañeros pilotos y compañeras azafatas en las calles de Santa Cruz y comentamos vivencias del pasado, que fueron muchas, algunas muy humanas, otras graciosas. Hubo de todo. Y dentro de mis recuerdos tengo que citar a un hombre que siempre voló conmigo y que se jubiló como comandante de Iberia, Casto Martínez. Un gran amigo, aunque muy lento escribiendo en los libros de a bordo, con letra redondilla. Muchas veces me quedé sin café en las escalas por ese motivo. Pero le perdono”.

-¿Sabes que perdí aquellas fotos que hice del Teide, contigo a los mandos del Fokker?
“Pues ya no te puedo ayudar. Esas cosas se podían hacer antes. Llamabas a la torre y te autorizaban hacer determinadas maniobras, solicitábamos pruebas extrañas, pero ahora el tráfico lo impide y las reglas son mucho más rígidas”.

-¿Has pasado apuros en el aire?
“Sí, algunas veces. Sobre todo cuando volábamos entre tormentas, sin el instrumental adecuado para detectarlas, transportando mercancías para el Reino Unido. Una vez casi nos vamos al suelo. Cuando fuimos a pedirle instrumental mínimo al presidente de la compañía, el hombre llamó a su secretaria y le dijo: “Estos tres” (los tres pilotos) “están despedidos, prepárales la liquidación”. Naturalmente, nos echamos atrás y seguimos volando sin un puto radar, guiándonos por las informaciones de otros aviones en la ruta. Eran tiempos heroicos”.

-¿Lo de comprar un DC-3 va en serio?
“Es mi sueño, pero creo que me tendrá que tocar la lotería otra vez; y como no hay dos sin tres. Veremos”.
(Hablar con este hombre es una delicia. Tiene buena memoria y recuerda a un montón de gente ligada a la aeronáutica española. Dice que no se le hizo justicia a Tomás Cano cuando se habla de la trayectoria de Air Europa. Tomás Cano, buen amigo mío y de Santi Abril, trabajó para Spantax como jefe de escala en Tenerife y luego fundó la hoy pujante Air Europa, antes de que entrara en ella la familia Hidalgo. Cuando se escribe la historia de esta compañía siempre se le deja fuera. Y no es justo. El comandante Abril cumplió una etapa muy bonita de la aviación en Canarias, primero en los tiempos en que Transeuropa se hizo cargo del transporte aéreo interinsular. Luego con Aviaco. Después con Canáfrica. Este hombre forma parte de la historia y de la leyenda de la aviación en las islas. Hoy está conmigo en Los Limoneros, comiéndose un cherne y charlando hasta bien entrada la tarde. Naturalmente, de aviones y de personajes de este mundillo).

TE PUEDE INTERESAR