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Los masones cuidan a sus hermanos frente al coronavirus

La Gran Logia de Canarias organiza un sistema de ayudas para sus miembros más vulnerables

Cada vez son más visibles, pero, durante décadas, ser masón en España te podía llevar a la cárcel, al paredón y a quedarte sin bienes. De hecho, la Ley de Represión contra el Comunismo y la Masonería, promulgada en marzo de 1940 por el régimen de Franco, que estaba obsesionado con los masones, estuvo en vigor hasta los años setenta. Esta “asociación universalmente extendida, originariamente secreta, cuyos miembros forman una hermandad iniciática y jerarquizada, organizada en logias, de ideología racionalista y carácter filantrópico”, según definición de la RAE, tiene una organización en las islas, la Gran Logia de Canarias -entre otras-, que está trabajando para ayudar a los hermanos masones más vulnerables durante la crisis sanitaria del coronavirus.

“El 15 de marzo formamos un Grupo de Hospitalidad”, comenta Aristóteles, nombre simbólico de uno de sus miembros. “Y el 16 de marzo ya nos estábamos reuniendo online con personas de Tenerife, Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura. Nuestra misión es estar en permanente contacto telefónico con los hermanos de todas las logias de Canarias y detectar necesidades, sobre todo en personas de riesgo, para comprarles medicamentos o alimentos y llevárselos a sus casas”, explica. “También hemos establecido un sistema de atención médica telefónica con médicos propios de la Gran Logia de Canarias, para que los hermanos que quieran, puedan ponerse en contacto con ellos en caso de necesidad o porque caigan enfermos”.

La Gran Logia de Canarias se fundó en 1922 fruto de la fusión de tres logias, la de Añaza (Tenerife), Abora (La Palma) y Andamana (Gran Canaria). Estuvo activa hasta la Guerra Civil. En los ochenta, la masonería canaria estaba agrupada en torno a la Gran Logia de España, pero una gran mayoría decidió, en 1996, refundar la la Gran Logia de Canarias, por considerar a la española demasiado dogmática y próxima a la tradición anglosajona, mientras que la logia canaria se sentía más cercana a la tradición francesa. Además, reivindican su carácter profundamente autonomista. “En el ámbito de la masonería internacional, nosotros somos como un estado independiente, no dependemos jerárquicamente de ninguna de ninguna obediencia española”, explica Aristóteles.

Eso no significa que no tengan vínculos. Ayer, por ejemplo, el Grupo de Hospitalidad estuvo ayudando a Javier -nombre ficticio-, especialista en Medio Ambiente que vive en Madrid y se convirtió en masón hace un año, aunque su familia tiene una larga vinculación con la masonería. “A través de un chat de masones que viven aquí, me enteré de lo que estaba haciendo este grupo en Canarias”, cuenta Javier.
Lleva unos días preocupados porque su madre tiene los síntomas del coronavirus, pero el sistema sanitario madrileño está colapsado. “Yo estaba bastante nervioso. Mi madre no está muy grave, pero tampoco está bien. No le hacen la prueba. La cosa está fastidiada aquí en Madrid. Parece una guerra. Se atiende más a la gente joven, porque tiene más posibilidades de sobrevivir”, cuenta.

“Mi madre tiene 68 años, y encima vive con mi abuela de 90, que está aterrorizada con que alguien vaya a contagiarla. Así que me he venido aquí a hacerme con las riendas, porque la cosa iba a peor”. Javier estuvo ayer hablando con un médico de la Gran Logia de Canarias. “Me ha servido para confirmar lo que me había dicho algún otro médico, pero, sobre todo, para darme tranquilidad. Quería que alguien me hablara sin prisas, que me escuchara”, cuenta. “Y me ha dado también algunos consejos, como evitar la contaminación cruzada, que cualquier virus mío les afecte. Puede ser que mi madre ni siquiera tenga el coronavirus y el que esté enfermo sea yo”.

Para Javier, lo importante de esta acción de la masonería no es tanto el resultado, sino la “gran fraternidad” que demuestra. “En este mundo tan individualista, donde hay tan poco apoyo, la voluntad de querer ayudar es mucho. Hace mucha falta”, afirma.

“A mí me parece un mecanismo de solidaridad potente, que proyecta un haz de luz en la sociedad, pues también implica ayuda a las personas cercanas”, afirma Manuel de Paz, catedrático de Historia de América de la Universidad de La Laguna, que considera que estamos viviendo una experiencia “del siglo XIX” con esta peste del coronavirus. Para De Paz, que es uno de los mayores expertos que hay sobre masonería, esto que ha hecho la Gran Logia de Canarias “se conecta con otras situaciones históricas donde la masonería jugó un papel potente, muchas veces discreto, en la ayuda a los más desfavorecidos”, explica. “Cuando no existía el Estado del Bienestar, la mano de la masonería actuaba con una generosidad extraordinaria que yo creo que no se ha reconocido porque hemos estado imbuidos de las habituales estupideces que se han dicho en torno a ella”.

“Esa labor filantrópica se pudo ver durante un episodio epidémico que hubo en Santa Cruz en la última década del siglo XIX. También hubo proyectos de índole social, como asilos, hogares para los más necesitados. También ha habido médicos masones que actuaron de manera muy generosa. Esta organización honra esa tradición”.

Desde Madrid, honrando también el espíritu crítico que siempre ha formado parte de la masonería, Javier contempla el desolador paisaje de la ciudad con la sensación de que se ha n hecho las cosas mal durante esta crisis sanitaria. Y pone como ejemplo de actuación la de Singapur, tan cerca de China, pero que solo ha registrado dos muertes. “Allí, al principio se dieron mascarillas y termómetros a todo el mundo para que controlaran los síntomas y concienciarlos. Aquí hemos estado mirando para otro lado hasta el último momento”, reflexiona. “Y luego, ¿cómo es posible que todos los políticos infectados se hayan podido hacer el test mientras la gente normal no?”, se prefunta. “Y no me refiero solo a miembros del Gobierno, sino también a la oposición”, relata, como si habláramos de un sistema de castas. “Eso es una imagen bochornosa para una democracia”, afirma. Y añade: “Que un tipo de virus como este, que tampoco es de una extrema letalidad, haya provocado todo este colapso refleja nuestra vulnerabilidad”, concluye.

Cuenta Aristóteles que la próxima semana, la Gran Logia de Canarias, también hará una “cadena de unión”, viertual, un acto semi-ritual donde normalmete todo el mundo se abraza y circula una palabra “de pase”, que va de uno a otro hasta que, la primera persona que la pronunció vuelve a escucharla y afirma: “La palabra ha llegado justa y perfecta”. En este caso, será la palabra “esperanza”, que va a hacer falta estos días mientras los sanitarios lo dan todo para salvar vidas en las UCIs de nuestros hospitales. Que la próxima palabra sea “victoria”.

 

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