Cultura

El rostro de las brujas

Cinco retratos de brujas canarias procesadas por la Inquisición

Catalina La Ratona. DA
Catalina La Ratona. DA

A medio camino entre el talento y la inspiración, aunque con las coordenadas orientativas que ofrecen los documentos históricos, meses atrás se ensambló en el Museo Castillo de Mata de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria la exposición Bruxas. Galería de retratos de diez brujas canarias, una muestra que tuvimos la oportunidad de visitar y de la que, pasado el tiempo, queremos compartir unas breves pinceladas en esta crónica. El éxito de la misma fue de tal calibre que estando prevista hasta enero la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Las Palmas decidió ampliar las visitas hasta la primera semana de marzo. Detrás de la idea, documentándola y como comisario de la muestra, se encuentra el inquieto historiador Gustavo A. Trujillo Yánez, mientras que su cristalización sobre los lienzos fue ejecutada por el también historiador y dibujante Daniel Puerta. La propuesta destacaba por su sencillez y nulas pretensiones, sin innecesarios artificios. Simplemente imaginaron y compartieron el aspecto que tendrían diez mujeres canarias que había sido procesadas por la Santa Inquisición tras ser acusadas de hechicería y brujería entre el siglo XVI y el XIX. La lectura de los documentos históricos, además de aportar información que permite elaborar un embrionario retrato robot de cada una de ellas gracias a la edad, raza y condición social, ayuda también a hacerse una idea del contexto en el que se desarrollaron los casos, así como los prejuicios que conducían a estigmatizar como maestras de las artes oscuras y adoradoras del diablo a mujeres rebeldes, que se mostraban libres, o a las que las circunstancias adversas de la vida había situado en una situación poco ideal. Vemos en los cuadros a mujeres normales y corrientes, libres de rostros averrugados, sin escobas voladoras ni esas humeantes tallas al fuego, cuyas pócimas habitualmente son custodiadas en la imaginación literaria por los eternos cómplices y confidentes de las brujas, los gatos negros.

Las hechiceras y brujas canarias, llevando mejor suerte que las de otros lugares donde fueron perseguidas y amonestadas con mayor virulencia, también fueron diana en nuestras islas de injusticias varias, de marginación y desprecio. Tortura, humillación, multas y destierro fueron penas impuestas a estas mujeres, aunque también es cierto que un buen número fueron absueltas sin mayores consecuencias. La raza, el oficio o la condición de madre soltera o viuda, muchas veces, era el punto de partida para ser señalada con éxito como responsable de alguna desgracia personal o colectiva. La maldad humana, la fantasía y el miedo, se encargaban del resto convirtiendo en malignas a quienes simplemente eran diferentes o se las percibía como tales. De la decena de retratos hemos seleccionado cinco.

MARIA HERNÁNDEZ.
Morisca musulmana convertida al cristianismo, viuda y madre de dos hijos, se ganaba la vida en el Telde del siglo XVI como podía. Mendigando, recetando plantas medicinales o echando las suertes. En su proceso de 1521 fue víctima de una tortura que con frecuencia hemos visto en la ficción moderna, la del paño empapado en agua, aunque finalmente fue absuelta.

MARIA GARCIA.
Nacida en 1568 en Teror y procesada en 1608 acusada de hechicería y pacto con el Demonio. Era una mujer de “mal vivir”, madre soltera, acusada de adulterio, amante de un vecino y “siendo causa de muchas descensiones y de gran escándalo y murmuración”. La acusaron sus propios clientes, siendo condenada a penitencias varias y destierro.

FRANCISCA BÁEZ.
Con ancestros moriscos, nació en Lanzarote en 1570, viviendo en Teguise. Llegó a ser apresada por piratas, aunque liberada sin mayores consecuencias. Curaba con hierbas y pócimas, leyendo el futuro con el clásico plomo derretido e interpretando la posición y aspecto de cagarrutas de camello y cabra. Su juicio terminó en destierro a Madeira.

CATALINA LA RATONA.
Casada y vecina del barrio de San Roque, en la ciudad de Las Palmas, se dedicada a la hechicería, adivinando el futuro, preparando brebajes, amuletos y cuanto hiciera falta para dar respuesta a las peticiones de sus clientes. Encarna el prototipo de mujer repudiada por sus artes mágicas y al mismo tiempo, reclamada por ellas. Fue procesada, sin consecuencia de ningún tipo en 1794.

JERÓNIMA DE LA VEGA
Natural de Tejeda, nació alrededor del año 1795. Con diez años, en 1805, se inició un proceso contra ella tras haberse confesado bruja ante una vecina de Teror, que se lo contó al cura y este al tribunal. Finalmente fue exculpada, pero en sus declaraciones aseguró participar activamente de aquelarres, volar y hasta convertirse en hormiga.