la laguna

La fe a través de la pantalla

El coronavirus ha obligado a los Diócesis Nivarience, y también a los fieles, a reinventarse para acercarse a los actos de una Semana Santa inédita en la historia
Misa de jueves santo en la catedral de La Laguna. / Sergio Méndez

Incertidumbre, resignación y esperanza. Así es como muchas personas viven estos días en los que la pandemia ha convertido lo cotidiano en excepcional. Un tiempo en el que los católicos viven el momento cumbre de su religión: la pasión, muerte y resurrección de Cristo. La Laguna es uno de los puntos en los que esa fe cristiana se vive de forma más intensa, una ciudad en la que, por primera vez, sus calles no van a vivir la Semana Santa, no van a recibir a las imágenes en procesión, ni sus templos albergarán a los fieles. En el comienzo del triduo pascual, en el día del amor fraterno, el jueves santo, una Laguna con iglesias cerradas y calles desiertas, invitaba más que nunca al recogimiento. Tal y como refleja el alcalde lagunero, Luis Yeray Gutiérrez, a DIARIO DE AVISOS, “estas son unas fechas muy señaladas en el calendario de nuestra ciudad, que este año nos toca vivir desde nuestros hogares”. El regidor municipal agradece “la responsabilidad” con la que hermandades y cofradías y creyentes en general “han asumido esta situación tan excepcional”. “Que nuestra Semana Santa es una celebración muy viva -continua- lo demuestra el hecho de que aunque los pasos procesionales no hayan podido salir a la calle, son numerosas las iniciativas para hacernos partícipes de estas celebraciones, tanto a través de Internet, desde el pregón anunciador a diversas solemnidades y cultos, como por medio de la ornamentación en balcones y ventanas particulares de la ciudad”. “Es una demostración de que la Semana Santa está muy enraizada en el corazón de todos los laguneros y laguneras”, concluye.

Así lo constata el cronista oficial de la ciudad, Eliseo Izquierdo, que recuerda que, aunque no es la primera vez que las procesiones se han quedado sin salir “por cuestiones meteorológicas”, lo que se vive este año es muy distinto. “Es la primera vez en la historia de los cinco siglos de la ciudad, que la Semana Santa se celebra sin fieles en los templos, sin participación activa del pueblo en las ceremonias de la semana mayor de la iglesia”. Como reconoce, “esto supone abrir un capítulo nuevo e inédito, absolutamente desconocido e imprevisto en la celebración de la Semana Santa y la repercusión que trae en todos los órdenes”. Izquierdo es de los que afirma que, como lagunero, vive estos momentos con “incertidumbre, resignación y esperanza”.

Desde el Obispado de Tenerife, el vicario general, Antonio Pérez, también suscribe lo “inédito” de la actual situación. “Comenzamos a vivir en la tarde del jueves los días más importantes del año cristiano que conocemos como Triduo Pascual en una situación y en una Semana Santa inédita que nos ha pedido responder con una manera de celebrar también singular, en casa, en familia”.

Recuerda el vicario general que “la Diócesis y de manera particular las parroquias han preparado una propuesta a través de medios digitales y redes sociales que nos permitan acercarnos y vivir la Semana Santa porque en estas circunstancias también hay Semana Santa”.

“En medio del dolor, del sufrimiento de este momento,

-continúa- los cristianos queremos que Dios fortalezca nuestra esperanza, nuestra confianza, nuestra capacidad de servicio y entrega a los demás, un deseo de que verdaderamente Jesucristo resucite en nuestras vidas y que así, ayude a aportar nuestro granito de arena para el nuevo mundo que ha de nacer”.

A las 18.30 horas de ayer, el obispo Bernardo Álvarez, ofició en la Catedral lagunera la misa en la que, cada año, se representa el acto del lavado de pies de la última cena de Jesús, una representación que este año se ha suspendido. Asimismo, no hubo monumento. El obispo comenzó su homilía saludando de forma especial a las personas mayores y a los enfermos y agradeció a Mírame TV por prestarse a llevar a todos los hogares de Canarias esta celebración.

Álvarez indicó que con el Triduo Pascual, se celebran los tres momentos más decisivos de la vida de Jesucristo. “Seguimos paso a paso los acontecimientos que vivió Jesús en su pasión y muerte para, posteriormente, cantar en la vigilia pascual la alegría de la resurrección”.

En referencia al lavatorio de los pies, el obispo indicó que ese gesto es un perfecto resumen de la vida de Jesús. “Él nos pide a nosotros que sigamos su ejemplo. El encuentro con Cristo nos tiene que afectar, nos tiene que impregnar de su mismo amor y entrega”. En otro momento de su homilía, interpeló a quienes seguían esta celebración preguntándose: ¿Se puede mandar a alguien a amar? “El amor, ¿no es algo que debería brotar de nuestro corazón? Pues sí. El amor puede ser mandado porque antes nos ha sido dado”. Pidió especialmente por las personas que han acogido y entendido el mandamiento del amor fraterno. “Hoy pedimos por tantos que nos lavan los pies”, señaló. “Personas que, jugándose su propia salud, sacrifican sus bienes y tiempo para cuidar a los demás”.

TE PUEDE INTERESAR