la palma

Quino Guerra, el cura palmero que sobrevive al virus en Estados Unidos

El sacerdote, que está en aislamiento junto al párroco de la Rectoría donde colabora, dice sentir únicamente dolores musculares y cefaleas por lo que se considera “un afortunado”
CURA PALMERO EEUU
Natural de La Palma, quiso trasladarse a la Gran Manzana durante el periodo de espera para presentar su tesis doctoral en Teología ante el tribunal. Nivariense Digital

Aun habiéndose decretado el estado de alarma en España y en buena parte de los países del mundo, el Gobierno de Estados Unidos mantiene una posición laxa respecto a las medidas de prevención del Covid-19. Un posicionamiento que, por el momento, está provocando miles de contagios y fallecidos, y del que la Isla Bonita no es ajeno. Tampoco sus habitantes en el exterior, como Quino Guerra, sacerdote natural de La Palma y perteneciente a la diócesis de San Cristóbal de La Laguna que ha logrado superar el virus en “la ciudad que nunca duerme”.

Tras finalizar su trabajo final del doctorado en Teología en enero, y a la espera de defender dicho proyecto frente al tribunal, este clérigo palmero se trasladó a Nueva York en febrero para colaborar durante varios meses en una parroquia del alto Manhattan, tal como cuenta a la web Nivariense Digital. Allí, explica, fue “con la ilusión e inquietud de conocer la realidad de la iglesia y la sociedad norteamericana, de aprender de estas comunidades del otro lado del Atlántico, amén de practicar un poco de inglés y visitar esa imponente ciudad”.

En medio de esa experiencia pastoral, señala que comenzaron a llegarle noticias sobre la extensión del coronavirus por España y Europa. “A algunos les parecía que no llegaría a cruzar el océano y que las fronteras estadounidenses evitarían el crecimiento de la pandemia”, confiesa, al tiempo que dice que él mismo dio positivo y está en cuarentena. De hecho lo está, incluso, el párroco de la iglesia donde él estaba colaborando. “Estamos ahora en aislamiento para no contagiar a nadie. En mi caso, el virus no ha sido más que dolores musculares y cefaleas, además de algo de tos. Soy un afortunado”, relata al portal de la Diócesis nivariense.

Sobre cómo está transcurriendo el día a día en la Gran Manzana, explica que se han suspendido “las misas y cualquier tipo de reunión o congregación de fieles”. Por tanto, haciendo uso de las nuevas tecnologías “hemos acudido a las redes para, desde Facebook, emitir diariamente la celebración de la Eucaristía desde la Rectoría (casa parroquial) para los feligreses, que hay que decir de paso, son muchos”.

“Para mí estas tres últimas semanas, entre el proceso de la enfermedad y el aislamiento, que aún sigue, han sido y están siendo un tiempo particular. Por un lado, la distancia de los seres queridos y de la tierra genera una cierta inquietud, incertidumbre, preocupación o tristeza. Por otro lado, el dolor que está produciendo en nuestro mundo esta pandemia, junto a la obligación del aislamiento, me encoje doblemente el corazón, pues recibo continuamente noticias de dolor y sufrimiento, pero no puedo hacer nada porque mi presencia es peligrosa para otros; no hacer, no estar físicamente es ahora lo mejor que puedo hacer, y eso me cuesta mucho aceptarlo”, reflexiona el párroco.

Durante el confinamiento dice aprovechar para “escuchar el silencio e intensificar los tiempos de oración, para pensar y reflexionar sobre el sentido de la vida y lo frágiles que somos, y los valores que nuestra sociedad ha exaltado equivocadamente como los más importantes”. Además, afirma que dedica varias horas cada jornada a “hablar más y con más calma con la familia y los amigos, para descubrir el valor de los pequeños detalles, para reeducar mi corazón y hacerlo más humano, más centrado, más de Dios”.

En conclusión, asegura que, “está siendo un tiempo para saberme nada o nadie y a la vez descubrirme todo y capaz de mucho. Estoy viviendo la oportunidad de creer nuevamente en el potencial del ser humano, de soñar que en la debilidad nos acercamos más pues crece nuestra empatía, de renovar mi ilusión por servir a los otros y el valor de mi ministerio, de esperar contra toda esperanza, desde la débil certeza, que Cristo es más fuerte que cualquier dolor y que cualquier muerte”, concluye.

TE PUEDE INTERESAR