sociedad

Mara, aquella chica portuense que bailó con Los Beatles

A través de Klaus Voormann, una tinerfeña alternó con el famoso grupo de Liverpool
Mara Martínez, en la actualidad. DA
La tinerfeña Mara Martínez, en su juventud. DA
La tinerfeña Mara Martínez, en su juventud. DA

Entonces no eran casi nada y menos en Canarias. Un grupo musical, cuatro melenudos que tocaban la guitarra y que fueron rechazados por David Gilbert, co-propietario del Lido San Telmo -hoy lago de Martiánez- para tocar en su local. Y lo hubiesen hecho gratis. Al Puerto, en realidad, solo vinieron tres de Los Beatles: Paul McCartney, Ringo Starr y George Harrison. John Lennon se había quedado en Torremolinos con Brian Epstein. Eran los años 60 y a Mara la llevó a conocerlos su amigo Klaus Voormann, que hoy tiene 82 años, guitarrista y diseñador del disco Revolver, que incluía canciones como Yellow Submarine y Eleanor Rigby.

¿Y qué hacía Mara Martínez Acosta, que hoy tiene 74 espléndidos años, una hija y tres nietos alternando con ese elenco? Ella me cuenta que en aquellos momentos Los Beatles no eran conocidos aquí, aunque ya despuntaban en Alemania y Gran Bretaña. Y que fue a raíz del viaje a Tenerife cuando se encaramaron en las listas de éxitos del Reino Unido. “Recuerdo que Klaus, del que me hice muy amiga en el Puerto, porque sus padres vivían en un chalet de Los Realejos que no tenía luz eléctrica y él venía a visitarlos, me llevó al Lido San Telmo para que los conociera, advirtiéndome de que eran muy buenos como conjunto musical. Y luego me invitó a una fiesta celebrada en la casa de su padre, donde hablamos de lo que charlaban los chicos jóvenes de la época; de tonterías. No hubo mucho más, de verdad”.

Hace años, Mara habló con Klaus Voormann por teléfono para Radio Burgado, en un programa musical especial que emitimos para celebrar una réplica que La Pandilla (jóvenes carrozas portuenses) hicieron del Festival Internacional de la Canción del Atlántico, en el que Los Beatles no estuvieron por cierto. Y hace tres años, Klaus y su esposa vinieron al Puerto de la Cruz -se alojaron en el hotel Tigaiga, de la familia Talg- para recordar momentos del pasado. Encontró muy distinto el chalé de su padre, un eminente médico alemán que descubrió en la isla un retiro dorado. Tenía el doctor Voormann un Austin Healey Sprite, matrícula de Gran Canaria, que usaron Los Beatles para subir a Las Cañadas. El abogado y juez de paz portuense, Antonio Ascanio Monteverde, mantuvo muchos años un coche igual, impecable. Una joya de la que yo poseo una réplica en miniatura. Todavía existe el automóvil que usaron Los Beatles. Me parece que es propiedad de un miembro de la familia canario-alemana Sieper, según creo recordar.

Los Beatles, en el Lido San Telmo del Puerto de la Cruz, en los año 60 DA
Los Beatles, en el Lido San Telmo del Puerto de la Cruz, en los año 60 DA

Mara Martínez me cuenta que Voormann no solo era amigo del cuarteto de Liverpool, sino que también fue una especie de manager en la primerísima época, en su época alemana, antes de pasar el testigo a Brian Epstein. Luego, también tocó la guitarra con varios de los componentes del grupo, una vez disuelto éste en 1970. Participó en la grabación de Imagine, con John Lennon, e hizo algunas cosas con Ringo Starr y con George Harrison. Y consiguió un premio Grammy a la mejor fotografía de arte para la cubierta de un disco por Revolver, en 1967.

Revolver había salido al mercado un año antes, en 1966. Y contiene canciones tan emblemáticas como Yellow Submarine y Eleanor Rigby. Revolver fue el séptimo disco de estudio de Los Beatles, cuya estancia en el Puerto de la Cruz y en la Isla aparece en el gran tomo con la historia completa del grupo contada por sus componentes, traducido al español, que se publicó hace alrededor de dos décadas, si no recuerdo mal, incluyendo algunas de las fotografías de su estancia tinerfeña. Yo tengo la suerte de haber conseguido varias de estas fotos, que están colgadas en mi despacho. Las firmaba Astrid, la fotógrafa alemana amiga de Los Beatles. Paul se asombraba de la arena negra de nuestras playas y de cómo se tostaron de “un moreno británico”, que no era otra cosa que un vulgar rojo cangrejo de guiri. También se quejaba en el relato de que en Canarias no los había conocido nadie. Y era verdad.

Cuando le recuerdo a Mara Martínez sus vivencias con Los Beatles, ella da marcha atrás en el tiempo y me dice: “Una vez, en Wimbledon, donde vivía una tía mía, Maruchi, Klaus me invitó a una fiesta en la que estaba Paul McCartney, que se había comprado un Mini, una auténtica monería. Fue la primera vez que supe que los cristales se podían subir y bajar pulsando un botón; imagínate”. Y en ese coche, Mara y Paul pasearon por la parte elegante de aquel barrio londinense donde se celebra el famoso torneo de tenis. “Bueno, en realidad nosotros vivíamos en la zona más chunga de Wimbledon; ellos en la elegante. Fue como un reencuentro”.

Mara conoció también a Astrid Kirchherr, la fotógrafa alemana íntima amiga de los miembros del grupo (y que todavía vive, con más de 80 años), que viajó con ellos a Tenerife. El escritor e historiador Nicolás González Lemus logró recopilar en un libro la práctica totalidad de las fotografías que Los Beatles se tomaron en Tenerife, desde el Lido San Telmo al campo de fútbol portuense de El Peñón, durante un encuentro de fútbol, pasando por el Austin matrícula de Gran Canaria en el que recorrieron la isla, entonces y como he dicho propiedad del doctor Voormann. Fue en el año 1963.

Se dice que donde sí lograron tocar los tres miembros del grupo fue en un local llamado Flamingo, que estaba situado en la actual calle del Doctor Ingram, vía dedicada a un famoso galeno inglés que ejerció en la ciudad con mucho éxito (en aquellos tiempos calle del Sol). Ingram hablaba muy mal español. En cierta ocasión, mi abuelo y su chófer, apodado Cucho, atropellaron a un cojo en la carretera de La Asomada, muy cerca de Las Arenas, una de las entradas al Puerto. Lo metieron en el coche apresuradamente y se dirigieron a la consulta del doctor Ingram, que siempre estaba de guardia. “¡Don Santiago, le hemos cortado la pierna a este desgraciado!”, gritaba mi abuelo. El cojo permanecía completamente borracho y aturdido. “No, no, don Pedro”, respondió con vehemencia el médico, “ustedes no fueron. No se preocupen. Se la corté yo, en un atropello anterior”. Mi abuelo casi mata al atropellado. El ruido que ellos oyeron fue el de la rueda que le pasó por encima al bastón del lisiado, haciéndolo trizas. Supongo que mi abuelo y su chófer también iban algo templados, no sé por qué tengo esa impresión.

Hay otra anécdota del doctor Ingram, que refleja sus problemas con el idioma. Bueno, más bien el problema de los demás, porque en esta ocasión se expresó muy correctamente. Van una maga y su comprendedora (persona que suele acompañar a los magos a los médicos y a los notarios para traducirles lo que dicen galeno y letrado) a la consulta. La mujer tosía mucho y don Santiago le pregunta a la comprendedora: “¿Esta señora esputa (escupe)? A lo que la otra contesta: “No, don Santiago, antes era puta pero ahora es solo alcahueta”.

“¿Y tú no te enrollaste con alguno de los Beatles?”, le pregunto a Mara Martínez, “¿o con el mismo Voormann?”, que hoy tiene 82 años. “A ti te lo iba a decir, pero no. Yo era una chica ingenua que solo quería amistades y que me contaran cosas nuevas, conocer a gente divertida; no pensaba en rollos serios. Y Klaus era mi amigo”, solo eso. Date cuenta de que entonces éramos muy inocentes, no andábamos buscando rollos, sino que queríamos divertirnos”.

A sus 74 años, Mara Martínez conserva esa belleza morena que todo el mundo admiraba. Yo la recuerdo, sentada en una roca de La Cebada, a punto de colarse por las bravas en el Lido San Telmo, y parecía una diosa, con aquel bañador negro enterizo y su moreno brillante. Los que se colaban -por La Cebada- en el Lido eran perseguidos con saña por un empleado de Sotomayor-Gilbert, concesionarios del complejo, Antonio el Petróleo, una gran persona, pero que no tenía piedad para los intrusos. Mi padre, que era amigo de Antonio, cada vez que pasaba por él se ponía a esnifar y le decía: “Antonio, ¿a qué huele aquí?”. “A petróleo, don Pedro, le contestaba el aludido”. Un gran sentido del humor, no como ahora, que todo el mundo anda a la greña con todo lo que le rodea.

Klaus Voormann. DA
Klaus Voormann. DA

El dibujo de Voormann

Mara Martínez, aquella chica portuense que bailó en al menos dos fiestas con miembros de Los Beatles y que fue gran amiga de Klaus Voormann, un hombre fundamental en la historia del grupo, no se prodiga mucho en la narración de aquellos días felices en Tenerife y en Inglaterra. En el fondo, es tímida. Pero todo es rigurosamente cierto. Perdió un dibujo de Voormann que éste le dedicó y que hoy hubiera valido mucho dinero, porque eran justamente los tiempos de Revolver. Voormann también quería que lo rescatase, probablemente para incorporarlo a su catálogo de diseños. Pero no aparece. Mara lo sigue buscando, pero como se ha cambiado de casa tiene pocas esperanzas de encontrarlo.

Los Beatles acabaron su impresionante aventura musical en 1970, rotas las relaciones entre algunos de sus componentes. Fue una pena. Más tarde comenzaron andaduras distintas, cada uno por su lado. Se perdió aquel espíritu de grupo que los hizo millonarios y que revolucionó el rock. El mundo pasó de escuchar a Los Platters a meterse de lleno en el ingenio derivado del LSD. Coquetearon con las drogas o se sumergieron en ellas y probablemente esto aumentó su genialidad. Atrás quedaron Liverpool y Hamburgo, atrás quedaron muchos amigos, atrás quedó una visita a Tenerife que podía calificarse de histórica. Pero no existe ni un monumento que la perpetúe. El Puerto de la Cruz necesita ese monumento a los tres Beatles que aquí llegaron. Ha habido muchas ideas basadas en las fotos que los tres miembros del grupo –todos menos Lennon- se llevaron de Tenerife. Entonces no eran nada. Pero fue llegar a Inglaterra desde Tenerife y empezar a subir en las listas de éxitos.

“Mara, les diste suerte”. “A lo mejor, pero yo no tuve ningún beneficio”, dice, riéndose. “Ni siquiera encuentro el dibujo que me regaló Klaus y mira que lo he buscado”.

Es una historia. ¿Pequeña? ¿Grande? Ustedes juzguen pero esto forma parte también de mi memoria. Y por eso lo traigo aquí. Supongo que David Gilbert, un judío británico, antiguo piloto y héroe de la RAF en la segunda gran guerra, se habría tirado de los pelos hasta el día de su muerte. No dejó tocar en su Lido a los músicos ingleses. Prefería a la orquesta San Telmo (Falo, Foronda y Fariña) interpretando su famosa canción Potaje de berros.

El Lido está unido a la historia del Puerto. Cuando llegaron Sir Winston Churchill y Aristóteles Onassis a la ciudad, José Manuel Sotomayor, el otro socio de la concesión, mandó derribar el viejo muro que limitaba el histórico fortín de San Telmo para que aparcaran más cómodamente los coches de la comitiva. Fue una atrocidad e Isidoro Luz, a la sazón alcalde, obligó a Sotomayor a que lo reconstruyera, piedra a piedra. Y así lo hizo. Entonces los alcaldes mandaban mucho más que los de ahora.

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