economía

El sector del turismo rural alerta sobre el riesgo de desaparición

Propietarios de alojamientos en las medianías exigen medidas de protección para evitar que este segmento tradicional se convierta en un “sucedáneo del alquiler vacacional llevado al campo”
Representantes del sector se quejan de una excesiva burocracia y una severa fiscalidad que no aprecian en otras modalidades turísticas. En la imagen, Las Vigas Vivencia Rural, en Arico. DA
Representantes del sector se quejan de una excesiva burocracia y una severa fiscalidad que no aprecian en otras modalidades turísticas. En la imagen, Las Vigas Vivencia Rural, en Arico. DA
Representantes del sector se quejan de una excesiva burocracia y una severa fiscalidad que no aprecian en otras modalidades turísticas. En la imagen, Las Vigas Vivencia Rural, en Arico. DA

Propietarios de alojamientos de turismo rural en Tenerife alertan del riesgo de desaparición de esta modalidad en las Islas y denuncian el “desmedido e injusto peso” de la burocracia y la fiscalidad que recae sobre el sector. Reclaman, entre otras medidas, campañas de promoción específicas para este tipo de alojamientos y una bonificación que incentive a los promotores a reformar sus casas y sacarlas al mercado para su explotación.

“Si el peso administrativo y regulador no se flexibiliza y humaniza, no se realizan acciones de promoción y no se permite al propietario que genere rentas complementarias con sus productos rurales más allá del alojamiento, corremos el riesgo más pronto que tarde de ser engullidos por el alquiler vacacional”, manifestó a este periódico Pedro David Díaz, codirector del Salón de Turismo Rural y de la Naturaleza de Canarias y propietario de Las Vigas Vivencia Rural, en el municipio de Arico, que destacó la importancia de ofrecer a los huéspedes una “verdadera experiencia rural” en un sector que definió como una de las “reservas del escaso patrimonio arquitectónico canario que ha llegado a nuestros días. Si no fuera por el turismo rural, auténticas joyas históricas estarían en el suelo”.

En ese sentido, señaló que el carácter singular de las edificaciones tradicionales y de necesaria conservación supone una “trampa” para el inversor, porque al tratarse de construcciones vetustas la mayor parte de ellas están catalogadas y protegidas, lo que encarece los proyectos y obliga a los propietarios a “soportar una burocracia administrativa pesada, algo que no ocurre con otras modalidades alojativas”.

decreto

“Un turista que se hospeda en una casa de turismo rural busca una vivencia, una experiencia en el entorno que le rodea. Y esta cuestión no la contempla el decreto por el que se aprueba el Reglamento de la Actividad Turística de Alojamientos”, sostiene Díaz, que recuerda que no pueden ofrecer desayunos, almuerzos o cenas, ni siquiera los productos de la tierra, porque, subraya, los permisos que hay que conseguir son equiparables a los de cualquier gran industria del sector agroalimentario. “Pero, ¿en qué quedamos, entonces? ¿No era el turismo rural la modalidad más próxima a nuestra esencia rural e íntegra canaria?”, se pregunta.

El sector se queja de la “doble vara de medir” de las administraciones respecto al alquiler vacacional en materias como la fiscalidad. Además, Pedro David Díaz recuerda que “igual que el turismo rural tiene su lugar en las medianías y no puede ni debe haber casas de este tipo en las zonas turísticas o playas, el alquiler vacacional tampoco, y en cambio demuestra que no entiende de espacios, ni de zonas, ni de modalidades constructivas. Pueden ser apartamentos, villas, cabañas de madera, casas terreras, pisos y hasta cuevas”.

Por ese motivo, lamenta la “pasmosa inacción” de ayuntamientos, cabildos y Gobierno de Canarias al permitir que “se vulneren las directrices urbanísticas y territoriales de manera flagrante”, lo que “falsea nuestro destino turístico y desvirtúa el producto del alojamiento rural”.

Por todo ello, Díaz pide al Gobierno de Canarias una normativa más flexible y al Cabildo que “se acuerde por una vez” de este segmento en sus campañas de promoción. En definitiva, que se trabaje en la “reformulación” y “protección” de este sector turístico tradicional para que no se convierta en un “sucedáneo del alquiler vacacional llevado al campo”.

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