Parranda Canaria

Luis Alberto Hernández, pasión en silencio

Una de esas personas me transmitió su mayor tesoro: su pasión por la música y el folclore

Programa Tenderete de TVE año 1985.
Programa Tenderete de TVE año 1985.

La mayoría de los amantes del folclore son desconocidos para el público, pero son los grandes valedores de nuestro acervo musical. No son protagonistas de portadas de discos ni son las voces solistas en las que todos reparamos. No suelen faltar a un ensayo y son cuidadosos y cuidadosas con los detalles y defienden, casi incondicionalmente, a los grupos a los que pertenecen. Raramente caemos en la cuenta de que su aportación es crucial como parte del colectivo, pero mucho menos le damos la importancia que tienen para el mantenimiento con vida del folclore. A todos ellos y ellas hoy quiero reconocer y homenajear en esta página.

Una de esas personas me transmitió su mayor tesoro: su pasión por la música y el folclore; yo era un chiquillo. Lo hizo sin darse cuenta y yo, hasta hoy, tampoco había reparado en ese detalle. Me enseñó los cuatro primeros acordes en la guitarra: Re mayor, Sol mayor -que me costaba por el aún pequeño tamaño de mi mano-, La mayor y Mi mayor. Me enseñó a tocar una isa, una polka, La Bamba, el tema Blowing in the wind (Bob Dylan), Yo poeta declaro (Agustín Millares/Caco Senante), Te digo que no vale (Agustín Millares/Juan Carlos Zamboni) y algún otro tema más.

Mi mentor se llamaba Luis Alberto Hernández Hernández (Santa Cruz de Tenerife 1960-2011) y era un enamorado del folclore. Adoraba la isla de El Hierro donde, de la mano de su mejor amigo Jaime Padrón —nieto del gran don Benito Padrón, de Tigaday, La Frontera— conoció su folclore y aprendió a tocar el pito y tambor herreños. Luis se emocionaba cuando tocaba, pero todavía más cuando me contaba y describía sus sensaciones; siempre le faltaban palabras.

Amante del Folclore y la canción protesta

Siendo estudiante primero en el Instituto y luego en la Universidad de La Laguna, descubrió a los grandes cantautores de la canción popular canaria, española y americana. Conocía e interpretaba un extenso repertorio que solo dejaba de lado por el folclore canario porque, sin duda, lo prefería. Siempre integrado en pequeños grupos de amigos, en pequeñas reuniones sin mayores pretensiones. Luis disfrutaba de esos momentos y yo fui testigo de algunos de ellos.

Durante la década de los ochenta formó parte del grupo folclórico Los Majuelos durante la etapa en la que dirigía Juan López —para mí la mejor y más prolífica— a donde, por cierto, Luis me llevó de su mano. Jamás fue solista, solo tocaba la guitarra y hacía coros, pero se lo sabía todo, le apasionaba, en silencio, cuando la música sonaba y el cuerpo de baile danzaba, él era feliz. Con Los Majuelos vio mundo, subió a muchos escenarios, estuvo en televisión y grabó discos.

Adoraba la lucha canaria —me llevó a más de un Tacuense-Santa Cruz— y se interesó por el ‘juego’ del palo. Le apasionaban los perros, las palomas, El Hierro, la Naturaleza…

Solo un instante

Fue una persona sencilla y humilde que siempre estuvo enamorado de Canarias y su cultura, especialmente de su música. Solo tuvo un primer plano en su vida en un programa de Televisión, el instante en el que toca la flauta —única vez que ejerció de solista instrumental— al comenzar El Tango de la Florida con Los Majuelos en un programa Tenderete de 1985; la imagen muestra un fotograma de ese momento. Solo un primer plano, por tanto, fue poco.

Gracias a él

Luis Alberto Hernández me regaló su pasión por el folclore y gracias a él lo descubrí. Desde el silencio del anonimato aportó mucho sin figurar en casi nada, pero lo que puso de su parte era de verdad, sin maquillaje, artificios y postureo. No hay escenario al que me suba ni hay programa de televisión o radio que presente en el que no lo tenga en mente porque, indirectamente, a él se lo debo. Para mí fue una verdadera bendición tenerlo cerca pero más aún que fuera mi hermano.