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Candelaria, su luz y los colores de las cintas de Igueste

La Virgen se viste de Sol, de Luna, de luz… su candela ilumina el camino a miles de peregrinos desde hace siglos. No hay peregrinación más importante para los creyentes en esta advocación. Este año habrá que conformarse con el recuerdo, pero la luz seguirá señalando los senderos de igual manera
Fiesta de Candelaria
foto: Sheila Torres
Candelaria, su luz y los colores de las cintas de Igueste. Foto: Sheila Torres

Los bucios anuncian su aparición y la imagen de la Virgen de Candelaria es escoltada por los guanches. Así ha sido desde hace más de doscientos cincuenta años en los que el colectivo ‘Guanches de Candelaria’ ha celebrado la ceremonia del hallazgo de la imagen de la Virgen morenita, Chaxiraxi.

La Virgen se viste de Sol, de Luna, de luz… su candela ilumina el camino a miles de peregrinos desde hace siglos. No hay peregrinación más importante para los creyentes en esta advocación. Este año habrá que conformarse con el recuerdo, pero la luz seguirá señalando los senderos de igual manera.

La imagen actual es de 1827. Es obra de Fernando Estévez y fue restaurada por Ezequiel de León en 1972. Está custodiada por la Orden de los Dominicos desde 1530 y luce y cautiva con el color y diseños de sus mantos y vestidos que, para cada ocasión, decide desde hace veintinueve años el Camarero de la Virgen, Jaime Estévez y su equipo.

Su abuela paterna Frasquita -como familiarmente la llamaban- le transmitió su devoción y su convencimiento de lo milagroso de la talla desde que era un chiquillo.

Jaime es también quien suele encargarse de confeccionar el arreglo floral, con flores secas, que corona y decora el palo central que es el que se usó antaño, cedido por Venancio Pestano, de la Danza Venerada de La Santísima Trinidad de Igueste de Candelaria, una de las joyas etnográficas de la zona que está siempre presente en la Ofrenda a la Patrona de Canarias.

Como en todas las danzas de cintas o varas, son fundamentalmente danzas procesionales que tributan honores, veneran y acompañan a una imagen religiosa. Se realiza alrededor de un elemento central del que penden las cintas o varas que los danzantes sujetan con una mano mientras con la otra tocan una castañeta o castañuela -en casi todas las versiones- a ritmo de un tambor, flauta, instrumentos de cuerda… depende de cada caso. Mientras se avanza, se danza entrelazando y desenlazando las cintas o entrecruzando las varas si es el caso.

La Danza de Igueste es de cintas y, en la actualidad, danzan hombres y mujeres y lo hacen al compás de su propia y característica melodía interpretada con guitarra, laúd, timple y caja que no es un tajaraste como sí ocurre en otras danzas de la isla.

Su fecha exacta de inicio es desconocida pero se sabe que data de finales del siglo XIX. Ha habido distintas etapas e incluso algunos periodos de inactividad. Empezó siendo ejecutada solo por hombres que vestían de domingo con sombrero negro con adornos y danzaban al ritmo de laúd, guitarra, flauta y castañetas.

En 1948 se incorporaron la mujeres que vistieron con falda adornadas con cintas de colores cosidas, blusa y corpiño. Los hombres iban de pantalón negro, camisa blanca y chaleco. La Danza estaba presente en romerías y de forma especial en la de San Benito Abad de La Laguna. Con el tiempo, los instrumentos de cuerda fueron sustituidos por el tambor. Este instrumento se ha mantenido hasta la actualidad.

A partir de 1983 bailaban solo mujeres luciendo el traje típico de Santa Cruz de Tenerife. Los hombres se encargaban de portar el palo central y el estandarte y tocar el tambor.

En 2012 es otra fecha clave porque desde el IES Punta Larga con el profesor Manuel González liderando a un grupo de alumnos y alumnas impulsaron nuevamente la Danza en la que solo algunos veteranos permanecían. Es el caso de Pablo García, un iguestero gran conocedor de la Danza, la historia de la zona y sus gentes y costumbres, con la responsabilidad de portar el palo central alrededor del que los danzantes bailan. Esta pieza de madera es de dos piezas engarzadas que alcanzan una altura de 3,40 metros.

Este grupo de personas mantiene vivo un importante legado al son de su particular música enhebrando y desenhebrando las cintas siguiendo a los cuatro guías -cintas rojas- mientras danzan, giran y suenan las castañetas: para ellos y ellas, el sonido de la felicidad; para nosotros, la oportunidad de apreciar un pequeño tesoro.

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