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David Padrón: “¿Y si nos planteamos reducir un 30% de turistas de aquí a 2030?”

Cuando uno pregunta por economistas brillantes que le estén dando vueltas al cambio de modelo de desarrollo en las islas, siempre sale el nombre de David Padrón, director general de Investigación y Desarrollo Sostenible del Gobierno de Canarias

El director general de Investigación y Coordinación del Desarrollo Sostenible, David Padrón, durante la entrevista/ Fran Pallero

Cuando uno pregunta por economistas brillantes que le estén dando vueltas al cambio de modelo de desarrollo en las islas, siempre sale el nombre de David Padrón. Lo bueno es que este profesor de la Universidad de La Laguna es ahora director general de Investigación y Desarrollo Sostenible del Gobierno de Canarias, a la vera del viceconsejero de Presidencia, Antonio Olivera, también economista y con quien lleva años colaborando. Lo malo es que los cambios siempre producen resistencias. Pero Padrón cree que ahora, con la economía tan necesitada de estímulos para arrancar en medio de la hecatombe producida por la pandemia, es el momento.

-Los empresarios del turismo están viendo que la actividad turística es muy difícil con esta situación de rebrotes y están en una lógica de rescate. ¿No tienen margen de aguante, con tantos años de beneficios?

“Yo eso no se lo puedo contestar. Pero el sector no son solo grandes empresas hoteleras que tienen mayor músculo, mayor capacidad de resistencia. También hay mucha pequeña y mediana empresa, que son quizá las que atraviesan mayores dificultades”.

-Y entonces, ¿qué hay que hacer?

“La crisis de la COVID ha reducido la movilidad. Hemos tenido un cero turístico. Lo primero ha sido hacer un torniquete, contener la hemorragia a través de los ERTE y otras ayudas. Y en combinación con estas, ahora hacen falta las medidas de reactivación. Aprovechando el parón, impulsemos la reforma y la rehabilitación, pero orientadas a un nuevo modelo más sostenible. Por un lado, creas empleo, porque estás reactivando un sector como la construcción. Por otro, se mejoran los parámetros competitivos de esas plantas alojativas y del sector en su conjunto de cara al futuro. No debemos volver a lo que teníamos antes”.

-¿Le parece que el sector turístico se está moviendo en esos términos?  

“Ya hay algunos ejemplos. No digo que sea mayoritario. Pero la agentes como Ashotel llevan años trabajando en esa línea. Lo importante es crear espacios de colaboración, alianzas público-privadas que aceleren estos cambios. Y las administraciones deben propiciar la rehabilitación favoreciendo procedimientos administrativos ágiles”.

-¿Y todo eso está sobre la mesa? Porque uno mira el Plan de Reactivación y, a veces, parece un poco inconcreto…

“Algunos critican, injustificadamente, que no se ha hecho nada, y demandan que pasemos a la acción. Pero desde el inicio de la crisis, hemos tenido que conjugar la acción con la redacción del plan. Lo primero fueron medidas de choque y de reactivación pensadas de aquí al cierre de 2020. Y tras el acuerdo de la UE, ya podemos empezar a pensar en un plan para el periodo 2021-2023. De las medidas de choque del Plan React, calculamos que nos van a tocar unos 600 millones de euros de los 12.400 que vienen a España. El programa ‘Next Generation’, que son 60.000 millones para España, va para proyectos a medio plazo. Sobre todo en digitalización y sostenibilidad medioambiental. No sabemos cuántos fondos nos van a tocar, pero ya estamos priorizando los proyectos. Y una de las guías va a ser la Agenda Canaria de Desarrollo Sostenible (ACDS), que está ya muy avanzada. Al tratarse de un pacto, los proyectos se irán definiéndo entre todos, pero hay áreas como la economía circular , la economía azul o la transición energética que van a ser fundamentales”.

-¿El retorno económico de una inversión como los trenes de Tenerife y Gran Canaria justifica estos proyectos tan caros, aunque el dinero viniera de Europa?

“No dispongo de la información para argumentar y justificar  una decisión de este calado, menos aún como responsable de la Dirección General responsable de velar por el alineamiento de la agenda política del Gobierno con el desarrollo sostenible. Por tanto, le hablo como economista: lo primero que demandaría es el estudio de viabilidad económico-financiera, que debería ir acompañado, además, del correspondiente informe de evaluación de los impactos sociales y ambientales. Y luego habría que identificar el papel de unas infraestructuras de este calado en el desarrollo de la Nueva Agenda Urbana y, en concreto, en la correspondiente estrategia de Movilidad Sostenible del archipiélago.

-Pero expertos como la profesora de la ULL Rosa Marina González ya han apostado por un sistema de guaguas, carriles-bus y desincentivación del uso del coche… Además, la financiación de los trenes vendría de un programa de movilidad y desarrollo sostenible: si un sistema de guaguas es más barato, quizá podría conseguirse una partida para tratamiento de aguas, por ejemplo…

“La profesora de la ULL, doña Rosa Marina González y otros expertos en transporte y movilidad de sendas universidades canarias se han pronunciado en este sentido. Yo no soy experto en esa materia, por lo que no soy nadie para desautorizar los resultados de sus estudios. Cuando yo no sé de un tema, me pongo en manos de personas expertas y centros de análisis especializados”.

-Antes hablaba de rehabilitación… El exconsejero Antonio González Viétez plantea que se haga también en espacios urbanos, incluso desmantelando infraestructuras que solo deterioran y afean el territorio…

“Personalmente, me siento muy próximo a muchos de los planteamientos de Viéitez. Yo soy de los que piensan que no necesitamos seguir consumiendo más suelo, sino regenerar el que ya tenemos desde una óptica de sostenibilidad mediaombiental. No es solo una rehabilitación del establecimiento alojativo, sino de toda la infraestructura que lo acompaña, evidentemente. Creo que éste debería ser eso uno de los elementos de nuestra estrategia de futuro. Pero bueno, la consejería de Tusrismo debería ser la que se pronunciara sobre este tema. Seguro que saben mucho más que yo.

-Son grandes cambios de mentalidad…

“Cierto. Cambios que se vienen gestando desde hace tiempo y que la COVID solo ha acelerado. Ahora deberíamos pensar cómo surfear estos cambios, hacernos preguntas disruptivas. Por ejemplo, ¿qué tal si nos planteamos, de aquí a 2030, tener un 30% menos de turistas anualmente? ¿Tiene sentido desde un punto de vista económico, ambiental y social, pasar de recibir 17 millones de turistas al año a 10-12? ¿Es viable hacer esto generando más valor añadido, más ingresos y empleo por cada turista recibido? ¿Constituye el teletrabajo una oportunidad para aumentar la estancia media de los turistas que nos visitan y para apostar por un perfil que genere mayor valor añadido? ¿Podemos especializarnos en otros eslabones de la cadena de valor turística en lugar de centrarnos sólo en el último de ellos, en el alojativo? Tenemos grandes expertos en Canarias, tanto en el ámbito empresarial como en nuestras universidades canarias, que podrían responder a estas cuestiones y otras tantas que podamos plantearnos para proyectarnos a nuevos horizontes de competitividad y sostenibilidad”.

-¿Por qué es tan difícil escuchar estas cosas en el debate público? Parece que es más fácil hablar de “rescate” o “ERTE”. Pero pintar un futuro diferente…

Por eso este parón es importante. Habrá quien piense que no es el momento de experimentos ni de reconducir el modelo. Pero no se trata de un cambio radical, que estaría abocado al fracaso. Hablamos de un proceso progresivo, de aquí a 2030, sabiendo que no es una cuestión que se pueda dilucidar en el despacho de un consejero, sino que tenemos que ir de la mano de todos los actores sociales y económicos, con la ciudadanía. Ya que hablamos de rehabilitación y reformas en el sector turístico, cuidemos el tema del tratamiento de aguas y residuos, o las fuentes de suministro energético. Es una apuesta a un caballo ganador, porque nos estamos posicionando para competir con más éxito en el futuro. La Agenda 2030 y el desarrollo sostenible han venido para quedarse, y en Canarias llegamos con cinco años de retraso. Las empresas que no se adapten al nuevo contexto cerrarán o fracasarán, porque sus parámetros competitivos responden a un entorno que no vamos a volver a tener. La alternativa sería actuar como de costumbre: parchear el presente para escapar, con la certeza de que, a medio plazo, volveremos a enfrentarnos con los dilemas tantas veces postergados en la acción política.

-Y perder una oportunidad histórica…

“Claramente. Pero hablemos de otros sectores, como el energético. Parece que no somos conscientes del impacto positivo que va a tener la transición hacia las energías renovables, incluso en un sentido estrictamente económico. Hay que reivindicar la gran oportunidad económica que hay detrás de esta apuesta. Unos beneficios y oportunidades de negocio que no siempre se visibilizan, en parte, por la interposición de incentivos contrarios a esta transición, como, por ejemplo, las subvenciones a los combustibles fósiles y la energía obtenida por su combustión. Si en la balanza se sitúan también los impactos y costes asociados al cambio climático en regiones como la nuestra, es evidente que la apuesta no debería demorarse más”.

-¿Defiende usted una empresa pública de energías renovables?

“A día de hoy, no tengo elementos académicos solventes para decirle si habría necesidad, pero tampoco me parece que sea un tema que haya que descartar. Sí he reflexionado algo más sobre la conveniencia de dotarnos de una entidad financiera de naturaleza pública. Lo tiene Alemania. No entiendo por qué esa animadversión hacia lo público. Sea una compañía energética o una entidad financiera”.

-Probablemente venga de los excesos de la planificación estatal, ¿no? Pero el impulso de la Administración, ahora, va a ser fundamental…

“La planificación estatal tiene una mala fama merecida en muchos casos. También el sector privado y sus agentes tienen sus pecados, algunos mortales. Pero sobre esta cuestión, a mí me gusta lo que plantea la economista Mariana Mazzucato en su provocador libro ‘El Estado emprendedor’, donde nos anima a apostar por reforzar las alianzas público-privadas. Muchas claves del éxito de los sistemas económicos pasan por el liderazgo de lo público; y en otras ocasiones pasa, por su colaboración con el sector privado. Pretender cambiar el modelo de desarrollo canario sin abordar estos retos nos abocaría al fracaso.

-Concretando: de aquí a unos meses, entonces, habrá gente rehabilitando edificios o poniendo en marcha intraestructuras para la transición ecológica, ¿no?

“Algunas de las medidas del Plan deberían concretarse en este tipo de actuaciones. Y hay otras, sin duda. Por ejemplo, recientemente hemos aprobado un Plan de Empleo Verde. A pesar de que el proceso de la ACDS aún no ha concluido, éste constituye un buen ejemplo de cómo su espíritu ya empieza a calar en la agenda de la acción política, de cómo las medidas del Plan para la Reactivación por la crisis de la COVID-19 pueden y deben conciliarse con los valores de la sostenibilidad y la resiliencia que pretende impulsar la futura ACDS”.

-¿Tenemos en Canarias una mano de obra con la formación necesaria para afrontar este nuevo tipo de infraestructuras?

“Entiendo que la preocupación viene por la posibilidad de que algunas competencias muy específicas no puedan ser cubiertas a corto plazo con trabajadores residentes en las islas. Siendo una posibilidad real, no creo que deba sobrevalorarse su su dimensión. Gran parte de los perfiles que precisaremos serán cubiertos sin dificultades, por lo que entiendo que habrá un alivio considerable sobre la incidencia del desempleo en las islas. Y a medio plazo la idea es tener identificados los nuevos nichos de negocio y las competencias que requerirán para poder cubrirlos.