conversaciones en los limoneros

“Tuve que fingir un desmayo para sacar del avión la famosa foto de Cubillo”

Gustavo Armas es amigo mío pónganle ustedes que desde el año 73 o 74 del siglo pasado. Yo lo traje a este periódico en junio del 79. Es maestro de escuela, pero nunca ha ejercido. Hijo de emigrantes
Andrés Chaves y Gustavo Armas. DA
Andrés Chaves y Gustavo Armas. DA
Andrés Chaves y Gustavo Armas. DA

Antes de sentarme ante el teclado, me pregunté: ¿Y cómo lo defino en el antetítulo? Tardé algún tiempo. Ya le había dicho en Los Limoneros a Gustavo Armas Gómez (Tenerife, 63 años) que no me interesaba para nada su cargo de director general de Seguridad y Emergencias del Gobierno de Canarias (112, helicópteros de salvamento, coronavirus, Policía Canaria, emigrantes de las pateras). Nada de eso. Añadí que sólo me interesaban sus recuerdos como uno de los mejores fotoperiodistas de la historia del periodismo canario. Y entonces yo no sé si es que se emocionó, pero se levantó, se dirigió a su coche, un viejo Mitsubishi de hace 22 años, y me trajo un tesoro: la foto de Antonio Cubillo en el avión que lo llevó a Madrid para ser interrogado, tras su exilio, la mano del entonces inspector-jefe de policía José Andrés de las Casas, amigo mío, tapándole el objetivo, sin conseguirlo del todo, y a Cubillo, al fondo, riéndose y haciendo el signo de la victoria con los dedos. Lástima que la cámara no captara también a Gustavo desmayándose falsamente para que lo dejaran abandonar el Jumbo de Iberia, que ya había cerrado puertas. Las abrieron para él y salió corriendo con su cámara, disparado hacia el periódico para revelar la foto. Gustavo Armas es amigo mío pónganle ustedes que desde el año 73 o 74 del siglo pasado. Yo lo traje a este periódico en junio del 79. Es maestro de escuela, pero nunca ha ejercido. Hijo de emigrantes.

-¿Tú te acuerdas por qué viniste a trabajar al DIARIO DE AVISOS? Yo no.
“Claro. El Día había publicado un reportaje de Adrián Alemán y mío sobre piezas de uranio desprendidas tras el accidente de los Jumbos, algunas de las cuales estaban almacenadas en una chatarra de La Esperanza. Adrián había hablado de un supuesto contrabando de uranio y tú desmontaste su teoría desde este periódico, desde el Diario de Avisos”.

(“Mira, Gustavo” –le respondí-, “te voy a contar la historia tal como fue. Cuando leí el reportaje en El Día me quedé impactado: “Nos la jugaron”, me dije. Pero empecé a investigar. Muchos Jumbos llevaban uranio empobrecido (depleted uranium) en sus alas para estabilizar al aparato, como compensación del peso del avión. El uranio ocupa poco espacio y es muy pesado. Así que me informé, desmonté la teoría del contrabando e incluso dicté una conferencia, contando la desgracia que probablemente ocurrió tras arder esas piezas a más de 1.000 grados. Su texto se ha publicado aquí. El reportaje existía, pero estaba mal enfocado. Lo realmente grave fue que muchos de los que acudieron en auxilio de los pasajeros, y los propios supervivientes, han podido morir de cáncer años después al haber inhalado ese humo; y murieron sin enterarse de la causa de su enfermedad”).

-Y entonces te pedí que te vinieras a este periódico, del que yo era redactor-jefe.
“Sí, en El Día me pagaban mal y estuve seis años sin seguridad social”.

-Joder, mira que hemos dado vueltas.
“¿A que no te acuerdas de algo que sucedió en un carnaval? Siendo yo director del Organismo Autónomo del Carnaval de Santa Cruz te nombré a ti, a Pepe Chela y a Nicasio Ramos, tú como presidente, miembros del jurado de las murgas. Y casi me cuesta el puesto. La que armaron, coño”.

-Bueno, lanzamos un necesario mensaje. Dijimos que dábamos el premio por darlo, pero que las murgas eran una mierda y que el carnaval tenía que recuperar su espíritu trasgresor y crítico.
“¿Y la que se armó, Andrés? Querían “linchar” al jurado los espectadores; salieron en tromba a buscarlos y podía haber sucedido algo muy grave”.

-Sí, pero nosotros ya nos habíamos abierto, tras el fallo, sin esperar a su lectura. Yo escuché el escándalo por la radio del coche, Gustavo. Que conste que la decisión fue unánime, pero las iras fueron dirigidas más contra mí. Pero tu vida ha sido más apasionante, siempre cambiando de sitio.
(Gustavo Armas ha sido, además de los cargos y empleos citados anteriormente, director general de este periódico durante 11 años, gerente del Consorcio de Bomberos, jefe de prensa de Binter, jefe de prensa de Air Europa y no sé cuántas cosas más. Pero su trayectoria más brillante lo fue como fotoperiodista. Se casó con Rosana, la mujer de su vida, que le dio dos descendientes de los que se siente orgulloso).
-Tu entusiasmo era contagioso.“Recuerdo que con Tomás Cano, el fundador de Air Europa, volábamos en avioneta para sacar fotos del Teide y hacíamos tomas y despegues en Los Rodeos. Luego, cuando fundó esa gran compañía, porque fue él quien la fundó, no Pepe Hidalgo, ni ningún otro, me nombró jefe de prensa. También lo fui de Binter, después de regalarle a Chema Sanmillán, periodista fallecido, jefe de prensa de CASA, unas fotos de aquel petardo de avión que nos endosaron, el CN 235, con el que la compañía empezó su andadura”.

-Joder, Gustavo, yo influí bastante en su compra. A mí me parecía un buen avión.
“Una mierda, era una mierda”.

-La foto de Cubillo, una de las más famosas de tu historia como fotoperiodista, tiene más cosas que contar.
“Bueno, conseguí meterme en el avión de Iberia que lo llevaba a Madrid, antes de quedar libre de cargos por decisión de la Audiencia Nacional. Era la gran foto que todo el mundo estaba esperando. Burlé la vigilancia policial, abusando un poco de la bondad del inspector-jefe que lo escoltaba, José Andrés de las Casas, luego comisario y amigo tuyo y mío. Pero a la hora de abandonar el avión de Iberia ya habían cerrado las puertas. Yo tenía que revelar la foto y mandarla al periódico; me veía atrapado. Y se me ocurrió dar unos gritos y desmayarme, pero sin soltar la cámara. Entonces, las azafatas se asustaron y dijeron al comandante, con los motores en marcha, que tenían que abrir de nuevo las puertas. Estaban retirando el finger, di un salto para alcanzarlo y seguí corriendo, no me paré hasta llegar hasta el laboratorio. Pero había logrado la foto de mi vida, que ahora tienes tú”.

(Tengo que contar algo de José Andrés y de Cubillo. Y de Gustavo, claro. En cierta ocasión daba yo una conferencia, ya no me acuerdo dónde. Y entre el público se encontraban Antonio Cubillo y José Andrés de las Casas. Y Gustavo. Dije: “Qué bonita es la democracia que consiguió, después de todo lo que ocurrió, unir en un acto como este a Cubillo, al inspector-jefe que lo condujo ante la Audiencia Nacional y al fotógrafo que captó aquella escena histórica. Los tres están con nosotros”. Fue muy emotivo).

-También tuviste problemas con la justicia militar.
“Bueno, se había suicidado un soldado. Se dio un tiro, el pobre. Y en una sala militar de Las Palmas, en una nave, depositaron el cadáver, uniformado, tras practicarle allí mismo la autopsia. Era un fotón porque vivíamos tiempos convulsos, en plena Transición. Logré meterme por una ventana de la dependencia y hacer la foto, que publicó Canarias 7, periódico del que tú eras delegado en Tenerife. Me quisieron meter un juicio sumarísimo y me retuvieron diez días en una dependencia militar de Las Palmas. Mis custodios decían, para acojonarme: “Te van a poner el culo como la boca de un romano”. Lo que no me explico fue cómo logré salir de aquella nave, tras hacer la foto, ya no me acuerdo”.

-¿Sientes haber sido el mejor?
“No, no lo siento, siento que cumplía con mi trabajo; al principio me gané la vida con aquella Nikkormat con dos objetivos que tú me compraste en Maya”.

-Da risa ahora esa cámara, pero era fantástica. Yo conservo una, con un 50-35. Me la regalaron los periodistas de las revistas del corazón que vinieron a cubrir un certamen de Miss España, del que yo era jefe de prensa. Se celebró en el hotel Europe de Playa de las Américas, en el viejo edificio que fue derruido para construir el actual.
“Dan más risa otras cosas, como cuando el fotógrafo Lucio Llamas, nuestro querido compañero, que fue el primer fichaje de este periódico desde que se mudó a Tenerife, se metió, cargado, por la puerta de un comercio, salió del coche e hizo la foto de su propio accidente”.

-Lucio era otro de los grandes. Recuerdo que fue citado con honores por el Word Press Photo por una fotografía del incendio de San José de los Llanos. Una señora huía del fuego con una gallina en las manos y un sombrero; un sombrero en el que llevaba algo dentro”.
“Y tú, que eras entonces muy fuerte cabrón, lo mandaste otra vez allá arriba, a ver qué era lo que la señora llevaba en el sombrero. ¡Y eran huevos! Aquella gráfica dio la vuelta al mundo, la publicó este periódico a página entera y fue citada como una de las fotografías del año por el World Press Photo. La señora llevaba lo imprescindible para sobrevivir a un incendio pavoroso, mientras corría, aterrada”.

-¿Recuerdas el libro que nos editó el Gobierno?
“Un libro precioso, que se rifaba la gente, y que titulamos Canarias, Crónicas de la Transición. Había fotografías en él espeluznantes; otras graciosas. Lo publicamos en 1984. Las fotos eran mías y los textos tuyos”.

-Nosotros no contábamos con telefoto, en este periódico. Cuando el golpe de estado del 23 F., El Día estaba anunciando en las radios que ellos tenían la foto de Tejero en el Congreso y que la publicarían en exclusiva.
“Déjame contarlo a mí. Tú mandaste a Jorgito Bethencourt al aeropuerto del Sur, a ver si algún pasajero traía un periódico con las primeras ediciones de Madrid en el único vuelo desde Barajas de esa noche. Pero, nada. También mandaste a Miguel Zerolo y a Juanito Dehesa, que habían pasado por el periódico a echar una mano, a comprar el primer ejemplar que saliera de la rotativa de El Día con la aviesa intención de fusilar la foto, que era de Efe”.

-Sí, con la suerte, Gustavo, de que la rotativa de El Día, nada más empezar a tirar, se trabó. Logramos comprar un periódico, fusilamos la foto y salimos a la calle una hora antes que ellos.
(Esta trastada me valió una penalización de Efe de 25.000 pesetas de la época -yo dirigía el DIARIO aquella noche, porque el titular, Leopoldo Fernández, se encontraba en Madrid, a donde había ido para asistir a una queimada con Fraga-; y el cabreo de Pablos Coello, que dirigía el otro rotativo, no te digo).

-Gustavo, tengo que terminar la entrevista. Para no desmerecer tu cargo actual, cuéntame algo en primicia.
“Bueno, pues que pronto la Policía Canaria contará con 300 agentes y que se ampliarán sus funciones. Da gusto trabajar junto a Julio Pérez, el consejero, que es un tipo estupendo”.

-¿Duermes por la noche?
“Mal, muy mal; no hay ni una sola de ellas que no suene el teléfono”.
(Estas noches volverán a ser malas para Gustavo con el incendio de La Palma, los emigrantes muertos en una patera, el desbordamiento de casos de coronavirus en Gran Canaria. Joder, vaya días. Antes de irse me regala un boli con el logo de la Policía Canaria. “Guárdalo, que ya no quedan”. Hacía tiempo que no charlaba un rato con este amigo entrañable. Nuestras vidas, durante muchos años, transcurrieron juntas).

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