sucesos

A María Soledad también la mataron con gasolina

La Fiscalía considera probado que su expareja la roció con el combustible mientras ella conducía en 2019 por un camino lagunero para luego prenderle fuego, muriendo entre terribles dolores
El incendio del Dacia Sandero; en su interior fallecía María Soledad. DA

Hacía tiempo que María Soledad no quería saber nada de él. Habían sido pareja sentimental durante mucho tiempo, pero la ruptura finalmente llegó en 2015, cuatro años antes, por mucho que Juan Carlos reaccionase de forma inmadura y no terminase de aceptar el adiós, a pesar de sus 52 años. Aprovechando que mantenían en común la propiedad de un perro, Rocky, Juan Carlos seguía rondándola, una situación que a ella cada vez le resultaba menos tolerable.

Por todo ello, por la necesidad de María Soledad, una mujer de 47 años con mucha vida por delante aún, de cerrar de una vez esa etapa de su vida, accedió a quedar con Juan Carlos, a quien recogió en Bajamar junto al perro en su Dacia Sandero aquel triste 16 de enero del año pasado, para aclararle de una vez que se había terminado, y que dejase de molestarla.

Lo que pasó aquella tarde recuerda, lamentablemente, a lo sucedido en la madrugada del pasado miércoles en un piso de La Cuesta, donde su moradora, Ramona, de 51 años, ha fallecido como consecuencia del presunto ataque de Abraham, de 36 años.

Pero volvamos al Dacia Sandero. Según el relato de los hechos que considera probados la Fiscalía (siempre bajo la presunción de inocencia hasta que se celebre el juicio, que tendrá lugar antes de terminar este año o a principios de 2021), Soledad conduce, Juan Carlos va en el asiento del copiloto y Rocky detrás. Es en el lagunero Camino Fuente Cañizares cuando, presuntamente, brota en salvaje expresión una maldad sin límites que, además, fue planeada, porque Juan Carlos llevaba consigo un bote de gasolina con el que, de improviso, roció a la desprevenida mujer para, a continuación, pegarle fuego.

Como adelantó la Cadena Ser, ello “determinó que la conductora perdiera el control del vehículo, estrellándose contra una farola, sin que la misma pudiera salir del coche donde a consecuencia del incendio provocado por el investigado murió por inhalación de humo y quemaduras con carbonización parcial sin poder llegar a desengancharse el cinturón de seguridad, agonizando entre horribles sufrimientos”, relata el Ministerio Público.

Por si fuera poco, Juan Carlos, en vez de auxiliar a quien había sido su pareja durante 16 años, se desentendió de la misma, logrando salir del vehículo en llamas y huyendo del lugar, lo que presenciaron varios viandantes y así informó en su día este periódico. A las tres de la madrugada siguiente, los dolores que sufría por las quemaduras que se había causado con la ignición de la gasolina le obligaron a alertar a su hermano para que lo llevase al Hospital Universitario de Canarias, donde estuvo ingresado durante meses, llegando a estar en coma inducido, si bien finalmente se restableció.

Por todo ello, la Fiscalía considera que Juan Carlos es autor penalmente responsable de los delitos de asesinato con alevosía y ensañamiento, otro de daños por incendio y uno más de maltrato animal, dado que el pobre Rocky también fue abandonado a su suerte y murió, junto a Sole, carbonizado.

Partiendo de la base, siempre según la Fiscalía, de que concurre la circunstancia modificativa de la responsabilidad criminal de parentesco como agravante, se solicita para el encausado un total de 28 años de prisión, que corresponden a 25 años por el asesinato, dos por el de daños y los 12 meses restantes por el maltrato animal.

En cuanto a la responsabilidad civil, el Ministerio Público solicita una indemnización de 120.000 euros para la madre de la víctima, y de 60.000 euros para cada uno de sus hermanos, así como otros 6.500 euros por los daños causados al vehículo de la fallecida, de la que son herederos.

Aunque parezca increíble, otra mujer sufrió un destino tan cruel como el de Ramona y María Soledad en la provincia tinerfeña hace no tanto. Fue el 10 de julio de 2015, en pleno corazón de Santa Cruz de La Palma con la Isla alborozada por la celebración de las Fiestas Lustrales cuando David Batista asesinó a Laura González, de 27 años, rociándola con gasolina en el interior de una tienda y prendiéndole fuego. Fue condenado a 37 años de prisión.

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