La Palma

Bodas de oro del instituto Eusebio Barreto Lorenzo, de Los Llanos de Aridane

El próximo mes se celebran los 50 años el segundo centro de enseñanza media que se creó en La Palma y que lleva el nombre, desde 1977, del alcalde que apostó por él

Fachada actual del Instituto Eusebio Barreto Lorenzo
Fachada actual del Instituto Eusebio Barreto Lorenzo, que el próximo 7 de octubre celebrará su 50 aniversario. DA

Por Oswaldo Izquierdo Dorta

El próximo mes de octubre, el Instituto de Bachillerato Eusebio Barreto Lorenzo de Los Llanos de Aridane, el segundo de La Palma, cumplirá 50 años de existencia.

A instancias de la Corporación Municipal de este municipio, el Ministerio de Educación hizo pública, en 1968, la subasta para la construcción de un edificio destinado a la Sección Delegada Mixta del Instituto Nacional de Enseñanza Media de Santa Cruz de La Palma en Los Llanos de Aridane, con una capacidad para 640 plazas, tres plantas, 16 aulas y dos alas: masculina y femenina.

No obstante, el elevado número de alumnos matriculados de bachillerato elemental, 880, para el que se había construido la Sección Delegada, más 184 de superior y PREU, desbordó todas las previsiones y obligó a la creación inmediata de una institución de rango superior, esto es, de un instituto (Decreto del Ministerio de E. y C. de 22 de agosto de 1970), y a plantearse la ampliación del flamante edificio.

Para valorar las consecuencias que tuvo la creación de este centro en la vertiente occidental de La Palma, y especialmente en el Valle de Aridane, es necesario considerar dos indicadores esenciales, uno referido a la cantidad y el otro a la calidad, esto es: cómo afectó al número de alumnos que accedió posteriormente a este nivel de la enseñanza y en qué medida contribuyó a mejorar la calidad de la misma.

La trayectoria de los estudios de bachillerato en esta mitad de la Isla, tuvo dos poderosas inflexiones: la primera, en el curso 1940-41, debido a la creación de la Fundación Muñoz (colegio privado, reconocido, de bachillerato elemental y superior), y la segunda, en 1970, con la puesta en marcha del Instituto de E. M. Fueron dos zancadas de gigante hacia la democratización de la enseñanza secundaria, hasta entonces totalmente elitista. El pueblo llano tenía acceso solamente a la primaria, a la escuela pública, la única que se hallaba a su alcance, espacial y económico.

La Fundación Muñoz inauguró en toda la zona el periodo en el que las academias (centros de enseñanza libre de bachillerato, gestionados por maestros y algún párroco), suplieron la carencia de centros oficiales, me refiero a las tres décadas siguientes a la Guerra Civil. Las academias surgieron, como una primavera espontánea, en los municipios de todas las islas, y llegaron a ser tan populares que impusieron su nombre a otras instituciones similares. Así, el colegio privado, reconocido, de bachillerato de Los Llanos de Aridane era conocido popularmente como la Academia de Pepe Lavers.

En el primer año de funcionamiento, la Fundación Muñoz duplicó el número de alumnos, pues recogió a 10 ya iniciados, de distintos niveles, y matriculó a 11 de primer curso. Seis años más tarde alcanzó 103. Esa incidencia, notablemente positiva en el número de estudiantes que accedió al bachillerato, se multiplicó con el Colegio Nazaret y la creación de las distintas academias municipales, especialmente la de Tazacorte. Municipio que, en la primera mitad de los años 70, fue el segundo de Canarias por el número de estudiantes universitarios, en relación con su población.

En el curso 1969-70 estudiaban bachillerato libre cerca de 700 alumnos: 244 del Colegio Nazaret, 192 de la academia Lavers, 156 de Tazacorte y pequeños grupos, como los de la academia parroquial de El Paso, el colegio Padre Manjón, la academia de Tijarafe y los bachilleratos radiofónicos.

En la segunda inflexión, el número total de alumnos pasó de unos 700 a rondar los 1.300, casi el doble (515 de 1º, 128 de 2º, 130 de 3º, 107 de 4º, 94 de 5º, 71 de 6º, 19 de PREU y 232 de Nazaret). En primer curso, el más indicativo, de los 128 que lo habían realizado el año anterior, se saltó a 515. Se multiplicó casi por cinco el número de alumnos incorporados a ese nivel.

De golpe, el centro no solo ascendió de categoría, sino que, con el desparpajo de su recién estrenada juventud, tuvo la irreverencia de superar a su mentor, el histórico centro de la capital de la Isla, en número de alumnos matriculados.

Precisar el aumento de estudiantes en los años posteriores, hasta llegar a la fecha actual, resulta más complejo, debido a la reducción de cursos en el bachillerato y a la ampliación del concepto de enseñanzas medias, en el pasado limitado al referido nivel. No obstante, el incremento ha sido evidente, ya que, entre otros indicadores, se creó un segundo instituto, el de Formación Profesional.

Con respecto a la posible mejoría de la calidad de la enseñanza, tampoco disponemos de datos fiables, pero sí de la incorporación de diferentes elementos que, habitualmente, contribuyen a elevarla, como la titulación del profesorado y la disposición de laboratorios, biblioteca, salón de actos, gimnasio y canchas deportivas, entre otros. También, y es una apreciación subjetiva, se sumó a ese platillo la pasión que acompañó a los alumnos y a los profesores en el proceso iniciático.

Sobre instalaciones y profesorado, en la Lección inaugural del curso 1979-1980, el prestigioso catedrático Leoncio Afonso Pérez afirmaba: “Un tema al que siempre se alude es a la peor formación del alumnado actual, en comparación con el antiguo, atribuyendo la diferencia a la calidad de la enseñanza que se imparte. Desde mi perspectiva de casi 40 años de profesión, me permito afirmar que los Institutos funcionan mejor que en cualquier época anterior, no solo por disponer de mejores medios e instalaciones, pese a que aún subsisten muchas deficiencias, sino incluso en términos generales por la propia entrega del profesorado”.

Con esa segunda inflexión, la enseñanza secundaria en el Valle de Aridane dejó de ser elitista para convertirse, por primera vez en su historia, en democrática; con ella se inició el paso de súbdito a ciudadano. Fue una enorme eclosión cultural, con epicentro en Los Llanos, que conmocionó la educación en todo el occidente de la Isla. El nuevo centro inauguró una nueva era en el segundo nivel de la enseñanza.

La primera leva de profesores, para formar el claustro de este centro, se obtuvo de la academia Lavers y del colegio Nazaret, ambos de Los Llanos de Aridane: María del Carmen Herrera, Blanca Capote, Concepción Marín, Yolanda Fernández, Martín Rodríguez, Antonio Montesinos, Orlando Acosta y Oswaldo Izquierdo. Para la dirección se trajo al que ejercía como tal en el colegio Libre Adoptado de San Andrés y Sauces, un salmantino de grato y persistente recuerdo: Antonio García Cuadrado, al que natura le había dotado de una notable capacidad de organización y liderazgo.

Posteriormente, fueron llegando varias remesas de licenciados de las islas y de la Península que, con su diverso origen, preparación y vivencias, enriquecieron el claustro y las aulas del centro. Ese profesorado se completó con los correspondientes a Dibujo, Educación Física, Formación Política, Religión y Hogar.

Es imprescindible destacar aquí la labor permanente de los padres, siempre dispuestos a colaborar con los profesores y a apoyar a sus hijos, y la disponibilidad del personal no docente. Entre este último señalaremos a dos personas como homenaje a todo ese colectivo: Clotilde Hernández, que se ocupó durante los primeros cursos académicos de la secretaría, y Lauro Acosta, durante muchos años conserje del centro.

Los primeros años de funcionamiento fueron tan mágicos como Macondo. Después de mucho tiempo de espera, la enseñanza oficial “era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”. Así fue, pero poco a poco fuimos descubriendo los nombres e iluminándolos todos con el mismo apellido: ilusión.

Se estrenaba un instituto y se estrenaban los alumnos y los profesores como miembros de ese instituto. Y fue un estreno deseado y necesario, en el que confluyeron la plena dedicación de los profesores y la entrega incondicional de centenares de jóvenes, conscientes de que estaban perforando un túnel cultural que les permitiría atravesar las inaccesibles cordilleras económicas y sociales que habían reducido a la inmensa mayoría de la población a la condición de súbditos, durante siglos. Por fin, se abrían las compuertas del futuro.

Esa ilusión y ese entusiasmo nos contagiaron a todos, profesores, alumnos y padres, de tal manera que de inmediato se consiguieron resultados gratificantes tanto en el rendimiento escolar como en las actividades complementarias. Campeonatos deportivos, incluso con la participación de padres y de profesores; conferencias; representaciones teatrales; certámenes literarios; exhibiciones gimnásticas; recitales poéticos; audiciones musicales; publicaciones… Los profesores nos entregamos con pasión a nuestras clases y los alumnos nos respondieron de igual manera. Todos teníamos prisa por llenar de vida el centro y así ocurrió. El recuerdo de esos años y de esos alumnos permanecerá en la zona más cálida de nuestras memorias.

En 1977, a propuesta del claustro de profesores, el Ministerio de Educación y Ciencia le concedió, al Instituto Nacional de Bachillerato Mixto de Los Llanos de Aridane, la denominación de Eusebio Barreto Lorenzo. Este palmero de pro había estudiado Magisterio y Derecho, y fue alcalde y artífice de la creación del centro ( Orden ministerial de 19 de septiembre de 1970).

También hemos de precisar que el Instituto de Formación Profesional, ya citado, lleva el nombre de José María Pérez Pulido, otro alcalde comprometido con la docencia.

Durante ese medio centenar de años, este instituto ha proporcionado a nuestra sociedad excelentes profesionales en todas las vertientes y niveles de la actividad humana, que dan fe de la calidad docente recibida y multiplicada por ellos. Sería un honor comentar algo de cada uno, pero es tal su número que necesitaría toda la capacidad de un libro para poder reseñarlos.

También esa trayectoria ha estado jalonada por diversos y merecidos premios, con los que se ha venido reconociendo el nivel de la labor realizada por el centro. Distinciones que es necesario difundir para que sean conocidas y valoradas, y, sobre todo, para expresar públicamente nuestro agradecimiento a los que han contribuido a ellas y, a su vez, para que sirvan de acicate y de reto futuro, tanto a alumnos como a profesores.

El primer claustro de profesores

De izquierda a derecha. Primera fila: Concepción Marín y Luis Martín. Segunda fila: Blanca Capote, Manuel Pereyra, Antonio Montesinos, Martín Bautista, Juan Manuel Fresno, Martín Rodríguez y Yolanda Fernández.

Tercera fila: Agustín Perdomo, Carmen Menéndez, Miguel Cabrera, Mª Rosa González, Guillermo Rodríguez, Mª Nieves Cáceres y José M. Berenguer. Cuarta fila: Beatriz Román, Jesús Nazco, Mª Esther Pérez, Antonio García, Mª Teresa Rodríguez, Oswaldo Izquierdo y Mª Jesús Cabrera. Profesores que figuran en la orla sin fotografía: Orlando Acosta, Mª del Carmen Herrera, Mª Nieves Morera, Rafael Seija, Teresa Prieto, Manuel E. Tobajas, Parménides Pérez, Lucienne Bauduin, Marino Sicilia, José A. Regalado, Antonio Hernández y Nieves Dora Pérez.