
Por la vía directa. Tuvieron que amontonarse casi 400 personas bajo las carpas improvisadas en el muelle de Arguineguín (Mogán, Gran Canaria) para que las autoridades isleñas y centrales optasen por un remedio expeditivo y anoche iniciaron el realojo de estos supervivientes que acaban de sufrir una travesía oceánica en embarcaciones de madera donde, a veces, los víveres y el agua potable se acaba nada más partir y, en no pocas ocasiones, se pierde funestamente el rumbo.
A pesar de la presencia del delegado del Gobierno en Canarias, Anselmo Pestana, en el citado muelle junto al presidente autonómico, Ángel Víctor Torres, a nadie se le escapa que la solución de ubicar a estas personas en los apartamentos y hoteles vacíos a cuenta de la crisis turística derivada de la pandemia es temporal.

Si se recurre a ello es, claro está, por la urgencia en sacar de esas carpas recalentadas por el sol a los inmigrantes, esperando a que, de una vez, ministerios como los de Interior y Defensa habiliten sus recursos en las Islas para este fin, tales como cuarteles en desuso o los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE), hoy cerrados.

De momento, las noticias llegadas desde Madrid pasan por el inoportuno comentario del ministro de Migraciones, José Luis Escrivá, quien, erre que erre, repitió que su agenda no le permite cumplir con el compromiso de comprobar in situ esta crisis humanitaria, agravada con la llegada de 470 personas por tan peligrosa vía solo en la semana en curso, para un total aproximado de unas 5.000 en lo que va de año. La pandemia, no hay que olvidarlo, complica notablemente la acogida, por cuanto estos son los visitantes de Canarias mejor controlados, dado que se les somete a unos diagnósticos aún inexistentes en los aeropuertos y puertos del Archipiélago.

Pero la crisis humanitaria no solo tiene lugar en la provincia oriental. Ayer se realojaron a decenas de emigrantes en el céntrico Hotel Pelinor de la capital tinerfeña, tras la llegada de 31 personas al puerto de Los Cristianos en la noche del pasado jueves. No son los únicos que se han repartido por la capital, dado que ya hay otros en distintas pensiones. No en balde, hace tiempo que el Centro Mercedes Pinto está al límite de su capacidad.
Aunque ayer no arribó embarcación alguna, la previsión es que sigan llegando en creciente número salvo que se actúe en origen.





