Cultura

Sergio Ramírez: “Rubén Darío fue un músico que escribía poesía”

El premio Cervantes, que fuera revolucionario nicaragüense, ahora dedicado en exclusiva a la literatura, expresó cómo su compatriota ha ejercido una importante influencia en sus obras

La entrevista a Sergio Ramírez corrió a cargo, de forma telemática, del escritor palmero Anelio Rodríguez Concepción. Juancho García

Si el año pasado no pudo asistir por problemas de salud, este año Sergio Ramírez ha sido uno de los grandes protagonistas del III Festival Hispanoamericano de Escritores, aunque no estuviera físicamente en Los Llanos de Aridane, sede de este encuentro con las letras. La pandemia hizo imposible que el escritor nicaragüense y Premio Cervantes de Literatura pudiera asistir ayer al festival, aunque sí que estuvo gracias a una conexión en directo para mantener una animada conversación con el escritor palmero Anelio Rodríguez Concepción.

Ramírez comenzó con una anécdota del poeta Ernesto Cardenal en un festival literario en Granada, Nicaragua. Allí descubrió cómo leían los poetas rusos, que casi interpretaban sus poemas. Él no quiso ser poeta, pero sí narrador y ensayista, aunque su prosa tiene un gran componente poético. A la pregunta de cómo está presente en su obra Rubén Darío, dijo que el gran poeta enseñó a los nicaragüenses la música de las palabras. “La música está ligada a la manera en cómo nos la enseñó Darío. Rubén fue un músico que escribía poesía”, dijo.

La música le viene a Ramírez también de familia, pero como escritor, recalcó. “Tengo oído para escuchar música y seguir el ritmo y la melodía, lo que aplico en mi propia prosa. Leo en voz alta lo escrito en la fase final del libro, momento en el que descubres cacofonías, y eso forma parte de la limpieza de los textos”. En Margarita está linda la mar cuenta el robo del cerebro de Rubén Darío. “Cuando el poeta regresa a Nicaragua para morir -dijo- se encuentra con un país muy triste, ocupado por el ejército norteamericano”.

La tragedia prosigue cuando un hermano de la mujer del poeta, un hombre muy sórdido, ayudó a un médico a convencer a la esposa de Darío para extraer el cerebro del poeta con el objeto de examinarlo y estudiar si pesaba como el de Víctor Hugo. El drama se dispara cuando ambos pelean en la calle y el cerebro cae al suelo para rodar hasta un grupo de marines estadounidenses.
A propósito de Galdós, de quien se celebra este año el centenario de su muerte, dijo que es uno de los grandes novelistas europeos del XIX. “Lástima de Clarín, el otro gran novelista español de este siglo, escribiera solo una novela, La regenta, aunque basta con esa”, dijo. Apuntó, por último, que la novela hoy es más cervantina que nunca.

Ramírez se inició en la literatura como cuentista en unos años donde el género estaba de moda. “Yo admiraba a los cuentistas”, evocó. “Leí mucho a Chejoj, Maupassant, Horacio Quiroga y Borges, que fue poeta y cuentista. Me estrené primero en el cuento. Cuando escribo una novela no sé dónde va a acabar, lo que no me pasa en los cuentos porque tengo la idea precisa y de cómo cerrarla desde el principio”.

Escritor, revolucionario y político, Sergio Ramírez se dedica ahora solo a escribir, pese a que en América Latina el escritor o es periodista o profesor universitario, aunque haya médicos y abogados que también lo son.

Durante su época como revolucionario, recordó que no tuvo un horario normal para escribir porque siempre había sobresaltos, pero aún en esa situación “defendí con garras mi oficio de escritor, porque había pasado diez años sin escribir una sola línea. Fue entonces cuando escribí mi novela mas voluminosa, Castigo divino”.

La pandemia fue otro de los temas que se trataron en la entrevista. Para el nicaragüense, la pandemia cambia el trabajo no solo intelectual, sino manual, ya que ahora se hace desde casa. “Imagino que en el futuro la educación será presencial para pequeños grupos, pero las grandes clases magistrales se harán a distancia”.

El acto terminó con un encuentro multipantalla con los escritores mejicanos Mónica Lavín, Hernán Lara Zavala. Gonzalo Celorio y Alberto Ruy Sánchez, quien se mostró muy crítico con las políticas culturales que se están imponiendo en la actualidad en México.