Lucha Canaria

Una apuesta que hizo historia

El pasado lunes se cumplieron 57 años de la mítica luchada que enfrentó en la Plaza de Toros de Santa Cruz al equipo local y al Hespérides, y del desafío de don Erasmo y don Vicente

El 2 de noviembre de 1963, sábado para más datos, a las cinco de la tarde, como solía ser habitual, en la Plaza de Toros de Santa Cruz de Tenerife, se celebró la final del Campeonato de lucha canaria entre el Santa Cruz y el Hespérides. En esa luchada, el ambiente estaba caldeado, porque el Santa Cruz tenía lesionado a su puntal, Andrés Lutzardo, Pollo de Maguez, y el Hespérides no quiso aplazar el duelo para tener opciones de ser campeón.

La polémica estaba entre los aficionados y había discusiones y apuestas, algo muy normal en aquellos tiempos, sobre el equipo que podría proclamarse campeón, llegando incluso a apostar 50.000 pesetas de la época por parte de dos aficionados de cada equipo. Uno de esos hinchas era don Erasmo, carnicero de La Laguna, y, por supuesto, apostó a favor del Hespérides. El otro era don Vicente Miñana, de origen valenciano, que lo hizo a favor del Santa Cruz.

La apuesta fue firme. Incluso llegaron a depositar cada uno 50.000 pesetas en una entidad bancaria de La Laguna. El dinero de la misma se invertiría en invitar a 200 personas a comer pollos asados en un restaurante conocido de La Esperanza.

La luchada se celebraba la semana posterior a la formalización de la apuesta y se hizo tanta propaganda de la luchada y de la apuesta que se llenó la Plaza de Toros. El Santa Cruz partía en desventaja, ya que le faltaba su principal puntal. Todos los luchadores salieron mentalizados a luchar, tanto es así que no hubo eliminaciones por separadas. Todos salían a luchar: vencedores y vencidos.

La luchada se puso 9 a 7 a favor del Santa Cruz, por lo que el Hespérides situó en el terrero al Pollo de Las Canteras y Felipe del Castillo, que tumbaron a dos rivales cada uno, poniendo la contienda en un emocionante 9 a 11, quedando en pie por el equipo capitalino únicamente Nino Morales. Don Evaristo y los laguneros se frotaban las manos.

Nino tenía por delante a tres importantes rivales. Saltaron al terrero el Pollo de Las Canteras y Nino Morales, que le dieron la primera. Empató el puntal lagunero,… lucha a lucha. En la tercera, Nino se adelantó y puso el marcador en un interesante 10 a 11. Los nervios estaban a flor de piel.

Nino frente a Felipe del Castillo y la historia se repetía. Venció Nino en la primera y en la segunda, empató Felipe, que derribó luego a Nino. Más nervios. Miñana, el hombre de las naranjas que había apostado a favor del Santa Cruz y que era gran fumador de tabacos, ya se los comía más que fumarlos.

En el centro del terrero estaban ambos luchadores dispuestos a jugarse el todo por el todo. Con ellos, el árbitro del encuentro, que dijo la famosa frase entre los luchadores: “Manos al suelo y a la espalda”. Esta vez se adelanta Nino Morales y agarra del muslo del rival. Las manos se hicieron tenazas porque Felipe se defendió como pudo, saltando e intentando soltarse, pero no logró liberarse de aquellas garras, cayendo derribado, produciéndose el empate en el marcador 11 a 11.

Los seguidores del Santa Cruz saltaron al terrero a levantar a Nino, pero aún faltaba el último luchador por salir a la brega. Se trataba de Juan Enrique, que no era puntal y se había quedado sin luchar. Sorprendentemente, el mandador del Hespérides retiró a su último luchador en protesta por la derrota de sus puntales ante el triunfador local, Nino Morales.

Tal y como se esperaba, en la final hubo polémica, proclamándose vencedor el Santa Cruz. Luchadores y aficionados del equipo de la capital sacaron a hombros y por la puerta grande a Nino Morales y a don Vicente Miñana, uno como ganador de la luchada y el otro como vencedor de la apuesta.

A la semana siguiente, como se había previamente acordado, se reunieron 200 personas en el restaurante de La Esperanza para beneficiarse de la apuesta de una luchada que siempre será recordada en Tenerife.

Sin duda, fue una de las grandes gestas que siempre hay que guardar en la memoria.