Conversaciones en Los Limoneros

José Gómez Soliño: “Repito lo de Floridablanca: los miembros de las reales sociedades deben ser amigos entre sí para ser amigos del País”

Exrector de la ULL, premio Canarias Internacional, próximo director de la Real Sociedad Económica y catedrático honorario

José Gómez Soliño en Conversaciones en Los Limoneros Foto: Sergio Méndez
José Gómez Soliño (d) en Conversaciones en Los Limoneros Foto: Sergio Méndez

Es complicado montar una entrevista con José Gómez Soliño (Oviedo, 1949). ¿Saben por qué? Por su extrema sencillez. Ha sido rector de la Universidad de La Laguna (1999-2003), ahora es catedrático honorario de dicha universidad, codirector del Campus África con el profesor emérito Basilio Valladares; codirector de la Biblioteca Atlántica con el también catedrático emérito Juan-Manuel García Ramos. Dirigió el Centro de Estudios Europeos y el Máster de esta especialidad. Se casó con una tinerfeña, tuvieron dos hijos y es un hombre dedicado a la enseñanza, a la cultura y a la investigación. Les cuento: su última obra publicada (Biblioteca Atlántica) ha sido estudiar y traducir a la jurista, exministra y poetisa caboverdiana Vera Duarte, quien homenajeó en un bello poema a nuestro Pedro García Cabrera; e incluyó en una de sus poesías la famosa estrofa: “A la mar fui por naranjas/cosa que la mar no tiene/metí la mano en el agua/la esperanza me mantiene”. Vera Duarte añadió a estos versos: “Cosas imposibles suceden/Simplemente suceden/A las playas desiertas siempre iré/a coger naranjas en el mar”. Parece una contradicción que en Guamasa se cultiven las mejores naranjas de la Isla y nosotros estemos entre limoneros de fruto agrio. Yo creo que Soliño no tuvo conciencia de que lo estaba entrevistando, porque hablamos y hablamos. O puede que sí. Es Premio Canarias Internacional 2019, por cierto. Y ha sido distinguido con reconocimientos importantes por el Gobierno de Cabo-Verde. Pero es que también es identificado muy favorablemente en Senegal, Gambia, Marruecos, Guinea-Bissau, Guinea Ecuatorial y Gabón; un auténtico embajador honorario. A partir de enero dirigirá la Real Sociedad Económica de Amigos del País.

-¿Y de qué hablamos, Soliño, de tus comienzos aquí, de tu labor docente, de tu rectorado?
“De lo que quieras”.

-Con todo lo que escribiré en la introducción, intuyo que no te aburres.
“Probablemente, no; pero eso es cosa tuya”.

-Algunos despistados siempre asocian la investigación a la ciencia, no a la literatura.
“Sin la literatura no se crea un imaginario compartido. Pero no debemos olvidar a la ciencia, ni tampoco el papel de Canarias en la Macaronesia”.

-Macaronesia, qué palabra más bonita. Y en ocasiones confusa.
“Philip Barker Webb, botánico inglés (Surrey, 1793-París, 1854) fue el que acuñó el concepto, pero aplicado a las islas atlánticas. Con Sabino Berthelot, al que conoció en un barranco de esta Isla, escribió la Historia Natural de las Islas Canarias, que Webb quería que se imprimiera en latín. Era un culto millonario, algo excéntrico. Al final, Berthelot logró editarla en francés, menos mal. Algunos autores extienden lo de Macaronesia a otros territorios. No hay acuerdo total”.

-Cabo Verde te trastornó el corazón, como dijo Carlos Cano en María la Portuguesa.
“Siempre digo que es la Canarias de hace muchos años. Colón también conocía esas islas, antes del Descubrimiento. Hoy es una nación, que tiene once islas, nueve de ellas habitadas”.

-Y en las que te sientes como en casa.
“Por supuesto. Y donde he conocido personas con un contenido intelectual apasionante”.

-¿Existe quizá un carácter macaronésico?
“Yo creo que sí. Te lo digo por los estudiantes que hemos traído a Canarias para ser formados en las materias que han elegido. Por ejemplo, los aspirantes a médicos, que también se forman en Coimbra y en Cabo Verde. Es gente afable, sencilla, que aprende con rapidez, nada conflictiva, educada”.

-Como los escoceses.
(La conclusión apresurada tiene su lógica. Nada más casarse con su esposa, Soliño se fue a Escocia, supongo que a enseñar y a aprender, y allí nacieron sus dos hijos, chico y chica). “Sí, en afabilidad son parecidos. Pero ellos, los caboverdianos, cada final de año, no tocan a tu puerta con una pinta de cerveza y un vaso lleno de whisky en las manos para celebrar contigo el año nuevo, como acostumbran a hacer los escoceses. Imagínate, lo mismo todos los vecinos. ¿Qué cómo acabamos? Te lo podrás figurar”.

-¿Qué se te perdió a ti en Canarias, un asturiano que entonces tenía veinte y pocos años?
“Vine como miembro de aquello que llamaban las Milicias Universitarias. Pedí Canarias en último lugar, me dijeron que esto era terrible”.

-O sea, que te pasó como a aquel jefe de Correos francés de la película, que mandaron al Paso de Calais y todo el mundo, hasta el policía que lo paró en la autopista por ir despacio, le decía que era un infierno. Luego resultó ser un paraíso.
“Exacto, vi la película. Aquí conocí a mi mujer, que es profesora de Historia, me enamoré de ella, pero también del Teide y de la Romería de San Benito. Y me repetía, ¿pero cómo se me ocurrió pedir las Islas en último lugar?”.

-¿Quién es el verdadero padre de la independencia de Cabo Verde, que se logró en 1975?
“El artífice fue, sin duda, Amílcar Cabral, uno de los intelectuales más brillantes de África, que fue asesinado”.

-Y ahora vas a dirigir la Económica. ¿Cómo se te ocurrió echarte más cosas a la mochila?
“Un grupo de personas me lo propuso. Intenté formar una candidatura unitaria e integradora, que continuara la espléndida labor del anterior director, el doctor José Carlos Alberto. Queremos ser útiles a la ciudadanía, fomentando una reflexión proactiva acerca de los problemas que aquejan a la sociedad tinerfeña y canaria y viendo las formas de abordar sus retos de futuro”.

-Ya lo dijo el Conde de Floridablanca, aquello de…
“Sí, aquello de que los miembros de las reales sociedades “deben ser amigos entre sí para ser amigos del País”.

-Todo está paralizado por la pandemia, pero tú sigues en la brecha.
“No podemos olvidar eso. A pesar del anuncio de las nuevas vacunas, todavía no alcanzamos a atisbar el final. Si la crisis sanitaria de hace un siglo duró en torno a dos años, parece razonable pensar que algo parecido sucederá con la actual. Las molestas restricciones nos acompañarán al menos durante una parte de 2021”.

-Con la Económica estamos hablando de palabras mayores. El escritor y académico Arturo Pérez-Reverte escribió una novela sobre la azarosa llegada a España de la Enciclopedia Francesa, que ustedes tienen en la biblioteca de la Real Sociedad.
“Efectivamente, entre otras obras importantísimas, allí en nuestra biblioteca, está la Enciclopedia de Diderot y D´Alembert. Y en ella los artículos de Voltaire, de Rousseau y de tantos otros personajes determinantes de la Ilustración. Fue su edición un hito cultural en el mundo. Nuestra Sociedad Económica ha cumplido 243 años y para mí será un honor dirigirla, en compañía de un competente equipo de personas especialistas en muchos campos”.

-Y cómo ha cambiado el mundo, Soliño. Nos hallamos no ya en otra época, sino en otro planeta. ¿Acaso no lo notas?
“Dímelo a mí, que estuve en Stanford en los comienzos de Internet y aquello era maravilloso. Imagínate cómo será ahora”.

(Me habla elogiosamente de Basilio Valladares, que dirigió el Instituto de Estudios Tropicales y que ahora ha sido nombrado catedrático emérito de la Universidad de la Laguna, por lo que continuará su labor en ese Instituto. Ya he dicho que el profesor Valladares codirige -con Gómez Soliño- el Campus África).

“Claro que estamos preocupados con lo que pasa en África. Las enfermedades es preciso verlas venir. Nos pueden pasar cosas, pero lo bueno es saberlo antes, estar preparados. Y el profesor Basilio Valladares es una autoridad, tenemos la suerte de poder contar con él”.
(Y entonces empezamos a hablar de cómo Valladares y su equipo exterminaron una colonia del mosquito tigre que se había “instalado” en unos apartamentos de Fuerteventura. No quedó ni uno. Me dice Soliño que “hay que saber manejar estas circunstancias, necesitamos medios para poder combatir todo esto, para poner trampas, para actuar antes de que sea tarde”. Está muy identificado con la labor del profesor Valladares, se le nota). “Es que está formando especialistas de África para que puedan actuar con eficacia en enfermedades que afectan a sus países de origen. Por ejemplo, en Cabo Verde se sufre un grave problema con un tipo de diarrea infantil. El Instituto ha dirigido unas cuantas tesis sobre dolencias que afectan a la salud de varios países de África”.

-¿Sientes mono de la enseñanza?
“Sí, claro”.

-¿Existen rasgos populares comunes en las costumbres de Canarias y de Cabo Verde? Digo que si se puede hablar de una relación ancestral.
“Fíjate, por ejemplo, la Fiesta de los Indianos, en La Palma. En Mindelo (población del norte de la isla de San Vicente, en Cabo Verde, de unos 75.000 habitantes) es costumbre lanzar harina, igual que en La Palma se tiran polvos de talco en la fiesta de los Indianos. Pero es que en La Palma, según parece, antes se lanzaba harina sobre los participantes, cuando no había allí polvos de talco o eran muy caros”.

-¿Otros indicios de esa conexión?
“Son muchos. Gaspar Fructuoso, uno de los padres de la Macaronesia, fue un sacerdote y humanista formado en Salamanca que jamás quiso ser obispo, a pesar de que Roma se lo propuso varias veces. Nació en Azores. Estuvo en la isla de La Palma y cuando se enteró de que allí se pasaba hambre, tras el ataque y saqueo de un pirata francés, que incluso pidió un rescate por la mujer de un jefe militar la Isla, que no quiso refugiarse en las montañas, mandó un barco de carne para abastecer a los isleños”.
(Hablar con José Gómez Soliño es una delicia. Lástima que estas entrevistas dispongan de un espacio limitado. Acostumbrado a formar jóvenes, desde su cátedra de Filología Inglesa de la Universidad de La Laguna, los tiene muy presentes en su futura labor como director de la Económica. Ya lo saben: “Amigos entre sí para ser amigos del País”. Un País que espero que –como yo— él lo escriba con mayúscula. La vida ha dado algunos palos muy duros a este hombre de bien, a este sabio, que ha dedicado su vida a la enseñanza y a la cultura. Nunca se lo premiarán bastante. Ya saben: “Quise ir a la playa desierta/a plantar mañanas luminosas/a poner alas en el corazón de los hombres/Y coger naranjas en el mar”, dice Vera Duarte. Tengo el libro y el poema de la erudita caboverdiana; me parece precioso. ¿Puede escribir como los ángeles una jurista, magistrada del Tribunal Supremo, ministra? Pues sí. José Gómez Soliño no se quiere levantar de la mesa. Disimula el tiempo estirando un café junto a los limoneros, que no quieren ser naranjos. Tiene 71 años, se retiró estirando también el tiempo, pero lo suyo se ve que no es un retiro propiamente dicho, sino una pisada de freno acaso, aunque creo que ni siquiera eso).