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Antonio Rico (Cruz Roja): “Impacta cuando nos tocan pidiendo comida porque no tienen para sus hijos”

El máximo dirigente de la ONG y médico de profesión aborda en una entrevista con DIARIO DE AVISOS la crisis social provocada por la pandemia y los riesgos de brotes xenófobos con la inmigración

Antonio Rico, presidente de Cruz Roja en Canarias, en la sede de la entidad en Santa Cruz de Tenerife. Fran Pallero

Cruz Roja en Canarias atendió en 2020, a casi el doble de personas que en el año anterior, debido a la crisis sanitaria por el coronavirus que se convirtió en una crisis social, algo previsible cuando el Archipiélago tiene una gran dependencia del monocultivo del turismo y contaba con un nivel de desempleo del 18% y el 29% de la población ya tenía un alto grado de pobreza y vulnerabilidad. Para el presidente de Cruz Roja en Canarias, Antonio Rico, “la fragilidad de la sociedad canaria hizo que más de 159.000 personas necesitaran” de la ayuda de la Institución que realizó 488.227 atenciones, sobresaliendo el reparto de alimentos y artículos de primera necesidad, atención a mayores, inclusión, salud, educación o empleo.

-¿Qué radiografía realiza Cruz Roja de un año marcado por la pandemia del coronavirus?
“El 2020 ha sido un año duro para Cruz Roja por el volumen de trabajo y la situación de las personas vulnerables que se han acercado pidiéndonos ayuda. Llevo más de 44 años, y no hemos vivido una situación tan difícil que nos ha sorprendido a todos. Cruz Roja durante 2019 atendió a más de 90.400 personas en Canarias, que eran unos 800 personas menos que en 2018 debido a la ligera recuperación de la crisis económica tan dura que habíamos tenido en años anteriores, pero en 2020 esta crisis sanitaria y económica originada por esta pandemia ha significado una verdadera exclusión. Al principio, provocó una mayor necesidad de atención sanitaria; sobre todo, veíamos muchas personas mayores vulnerables por la propia enfermedad que estaban aisladas y también necesitaban no sentirse solas; sin embargo, esto pasó rápidamente a ser una crisis social debido a una situación previa del 18% de paro, unos índices de vulnerabilidad y pobreza que rondaban el 29% según el último informe Foessa, una situación de fragilidad en nuestra sociedad canaria, que hizo que más de 159.000 personas necesitaran de la ayuda de nuestra institución, realizada a través de una respuesta integral en 488.227 atenciones en áreas tan diversas como reparto de alimentos y artículos de primera necesidad, inclusión social, salud, educación o empleo, cuando en 2019 realizamos 223.233 intervenciones sociales con colectivos vulnerables”.

-También cambió el perfil de las personas atendidas.
“Sí, se acercaron personas que jamás pensaron que podrían ser vulnerables, porque trabajaban como autónomos o de alguna manera informal, pero después de 20 o 30 años perdieron todos sus ingresos habituales o no podían salir a la calle a conseguirlos. El perfil habitual siguió siendo el de familias, habitualmente madres solteras, con uno o dos hijos, y con empleos con jornadas y sueldos precarios o en la economía informal”.

-Otro grupo importante de damnificados han sido los jóvenes que comenzaban a crear sus proyectos vitales.
“Se han vuelto a hundir. Otra vez hemos vuelto 10 años atrás con nuestra población joven. Si alguien va a sufrir enormemente la consecuencia económica de esta crisis volverán a ser los que estaban empezando a normalizar su proyecto de vida, y que han tenido que dar marcha atrás y regresar con sus padres o abuelos, porque su estructura y proyecto se han roto. Una de las iniciativas en los que vamos a trabajar más en 2021 es el de la formación y el empleo, porque es fundamental dar una vuelta de tuerca y buscar fórmulas para poder integrarlas rápidamente en el mercado laboral”.

-¿Qué ha sido lo más duro que se ha encontrado Cruz Roja en esta crisis socioeconómica?
“Siempre nos impacta la situación de pobreza severa, cuando nos tocan pidiendo comida, porque no tienen para alimentar a sus hijos, pero también nos impactó la situación de soledad de muchas personas que contactaban con nosotros con la necesidad de hablar con alguien, porque llevaban muchos días solas y aisladas. A los canarios nos encanta relacionarnos y salir a la calle y cuando pensamos en quedar con alguien lo hacemos en un parque, en una terraza, tomando un café o un refresco, pero en esos meses de duro confinamiento durante el estado de alarma, no se pudo salir a la calle, sobre todo nuestros mayores y discapacitados, al ser una población de riesgo, lo que generó un estrés y unas secuelas por la falta de comunicación y compañía”.

-¿Tenía capacidad la institución para atender todas las peticiones y necesidades?
“Ha sido un sobreesfuerzo muy importante, pero también muchas personas se acercaron a Cruz Roja y otras ONG a ofrecer su tiempo y su compromiso. Personas que no tenían en sus ideas ser voluntarios en este primer momento, pero, viendo la situación que se estaba produciendo, se ofrecieron como voluntarios. Hemos estado unas 3.300 personas voluntarias atendiendo a esta crisis durante todo ese tiempo, y ha sido una aportación y compromiso muy importante que ha repercutido en que nuestra institución fuera capaz de dar respuesta a las demandas de todas estas personas. Además, los 750 trabajadores de Cruz Roja se han puesto las pilas para ser capaces de dar respuesta. El gran acierto ha sido unir ese compromiso de trabajo entre los profesionales y los voluntarios”.

-Han ofrecido refugio a muchas personas sin hogar y mantienen algún comedor social.
“La actividad de Cruz Roja ha sido muy diversa en cada isla en función de las necesidades que se iban presentando a la población a la que atendíamos. En Tenerife hemos abierto varios albergues provisionales con la colaboración de los ayuntamientos para ayudar a esas personas sin hogar o que no tenían un sitio donde quedarse y no podían hacerlo en la calle. Una vez que la situación de estado de alarma pasó y la gente pudo recuperar la normalidad, la mayoría de esos recursos fueron cerrando. Nos hemos quedado con un recurso alojativo en La Laguna, que será un albergue permanente para dar respuesta a las personas que están sin hogar y estarán allí durante un tiempo con la intención de que con nuestro trabajo podamos integrarles en la sociedad lo antes posible a través de proyectos de formación y búsqueda de empleo, o de intervenciones donde obtengan una pensión no contributiva u otros recursos que pueda dar respuesta a sus necesidades básicas. En La Laguna mantenemos un comedor con ayuda del Ayuntamiento”.

-¿Han estado las administraciones y la sociedad a la altura?
“Creo que las administraciones regionales, insulares y municipales han estado a la altura. Seguramente alguien nos podrá decir que hubiera necesitado un poco más, pero indiscutiblemente, toda la sociedad se ha unido para dar una respuesta a los que más lo necesitaban. Gobierno, Cabildos, Ayuntamientos, empresas, la sociedad civil en general, ha aportado su dinero o su tiempo para ayudar a sus vecinos o dando respuesta a los que lo estaban pasando peor. Ese compromiso social que hemos demostrado ha hecho posible que tanto nuestra Institución como otras ONG fuéramos capaces de responder a los que más lo necesitaban”.

-¿Cree que actuaron con celeridad o se dejó a algunas personas atrás?
“La Administración debe reflexionar sobre modelos más ágiles y que en algún momento determinado sean capaces de dar respuesta en tiempo y forma a las personas que se acercan a pedir ayuda. A final de 2021 será un buen momento para sentarnos a reflexionar todos los actores sociales, empresariales, partidos políticos y administraciones públicas, sobre cuáles deben ser los nuevos modelos. No podemos llamar a una puerta y que nos respondan unos meses después, tiene que ser rápida, sí o no, pero en tiempo y forma”.

-¿Qué otros aprendizajes podemos sacar del 2020?
“Hay que reflexionar sobre los modelos económico y social de Canarias. ¿Queremos seguir con estos mismos sistemas que nos ponen en una situación de fragilidad o debemos buscar otros modelos sociales y económicos que sean más participativos y den mejores respuestas a las personas que vivimos aquí?”.

-¿Cómo ve el futuro en los próximos meses?
“Creo que podríamos recuperar una cierta normalidad allá por octubre, teniendo en cuenta que tenemos un problema sanitario que hay que resolver y con la vacunación podremos estar cubiertos en un porcentaje bastante importante a partir del verano. Una vez superada la crisis sanitaria, habrá que salvar la economía. Hay que ser realista, dependemos del monocultivo del turismo, y creo que hasta que no se inicie la campaña de invierno no comenzaremos a respirar nuevamente”.

-¿Espera que en esta ocasión la recuperación económica, y por ende social, no dure años como las anteriores crisis?
“Me imagino que será progresiva pero el comienzo de la recuperación de verdad será a partir de octubre. Indiscutiblemente, no van a venir otra vez 16 millones de turistas de golpe a final de año, lo harán progresivamente, porque los países emisores también están luchando contra la pandemia y en situación de crisis. Viajarán no con la misma intensidad que hasta ahora, pero desde el punto de vista estratégico, sanitario y como mercado turístico consolidado con nuestro clima y riqueza medioambiental, todo nos ayudará a iniciar la recuperación”.

Antonio Rico apuesta por reflexionar sobre los modelos económico y social de Canarias. | Fran Pallero

-África vuelve a ser la gran olvidada en esta crisis sanitaria, social y económica. La pandemia pone el foco en las carencias sanitarias y la pobreza, mientras las vacunas llegarán más tarde.
“África tiene como aspecto positivo que la mayoría de su población es joven, por lo que el índice de mortalidad por coronavirus es menor, teniendo en cuenta que este virus fundamentalmente causa un gran impacto y mortalidad en las personas mayores. Pero África también tiene muchas deficiencias desde el punto de vista sanitario, ya que muchos países carecen de un sistema con coberturas como el que tenemos en países más desarrollados, ni tampoco poder económico, por lo que el acceso a la vacuna seguramente llegará con mayor lentitud”.

-¿Esperaba este brutal repunte del fenómeno de la inmigración en Canarias?¿Esta nueva crisis migratoria desveló que no teníamos infraestructuras?
“Debemos tener en cuenta que hemos tenido en 2020 un fenómeno migratorio muy importante, con una llegada de más de 23.629 personas, y eso ha sido un elemento duro en el trabajo y un sobreesfuerzo importante para Cruz Roja. El mayor problema ha sido la falta de infraestructuras, porque se han deteriorado o no se han renovado, una carencia que se ha suplido gracias al compromiso de las administraciones, que han aportado recursos alojativos que, en ocasiones, no eran los más adecuados, pues un pabellón deportivo no es lo más idóneo para atender a las personas migrantes, pero nos ha permitido, dentro de un mínimo de calidad, poder asistir a esas personas que llegaban. Hay recursos, pero el mayor problema vino por la gran magnitud del número que ha llegado”.

-Ahora se habla de solventar el problema en origen con más ayudas al desarrollo a esos países.
“Al final, lo que tenemos que hacer es no ser fariseos. La ayuda de Europa a África es una ayuda interesada, para al final recoger unos recursos, no es una ayuda al desarrollo que de verdad sea franca y objetiva, siempre vamos con esa ayuda y detrás con ese número de empresas para lograr un número importante de recursos como materias primas a precios bajos, y devolvemos productos manufacturados a precios desorbitados, cuando realmente no valen lo que estamos pidiendo. Mientras haya ese desequilibrio y desigualdad en el trato, indiscutiblemente vamos a seguir teniendo países y un continente pobre que va a generar personas que quieran salir de esa pobreza”.

-¿Le preocupa los mensajes xenófobos que están calando en Canarias aprovechando la crisis económica y social?
“Me preocupan mucho porque la sociedad canaria es completamente abierta, acoge a toda la persona que llega, y hay que acordarse de cuando nosotros nos íbamos a América en las épocas de hambruna y tras la guerra buscando una vida mejor. Se reunía la familia con el hijo o miembro que se iba a marchar y le daban los pocos ahorros que tenían, y con esa ayuda pagaban el pasaje. Las cosas no han cambiado, se reúne el clan familiar, y hace el esfuerzo para que pueda viajar en patera o cayuco con la esperanza de tener un futuro mejor. Si antes te comprabas una hoja y un lápiz para escribir a tus familiares, ahora la gente tiene que tener un móvil porque es la única forma de mantener el contacto con la familia”.

-Las Islas se están convirtiendo en una cárcel para ellos cuando muchos quieren dar el salto a Europa donde los esperan familiares y amigos.
“En Canarias se ha roto el proyecto migratorio de muchas personas. El 66% de los que vienen a Canarias quieren contactar con un familiar en Península o Europa que será el que le va a hacer de cicerone, le integrará en la sociedad y le ayudará en esos primeros momentos a trabajar o estudiar buscando un futuro. Por tanto, su intención es llegar donde están estos familiares. La falta de movilidad en 2020 se ha cebado con todos, en especial con estas personas que han visto interrumpido su camino no solo por llegar a las Islas, sino por no poder desplazarse debido a la situación de pandemia”.

Rico, el médico: “Seguiremos teniendo momentos duros”

El presidente de Cruz Roja en Canarias, Antonio Rico, también es médico de familia en el Centro de Salud de Schamann. Tras dedicarse de pleno a la ONG durante el confinamiento, volvió a Urgencias “con mi EPI para atender a los pacientes que llegaban, con COVID y otras patologías con dedicación”. “Ante una pandemia lo único que podemos hacer es curarla y después intentar arreglar las heridas causadas a las personas que vivimos en la sociedad. No podemos olvidarnos de que nos necesitamos los unos a los otros para sobrevivir como grupo social”, destacó.

Cuestionado por la campaña de vacunación frente al coronavirus, Antonio Rico se mostró esperanzado. “Empezamos a ver la luz. Que cada vez más personas comiencen a estar seguras, sobre todo, nuestros mayores, nos da esperanza de bajar los índices de mortalidad. Ha sido muy duro para muchas familias ver cómo han enfermado y fallecido sus seres queridos sin poder despedirse”. Sin embargo, “no hay que bajar la guardia, seguiremos teniendo momentos muy duros”.