cultura

Armando Alfonso se reencuentra con la Orquesta Sinfónica de Tenerife

El maestro, que estuvo al frente de la formación insular entre 1968 y 1985, volvió este viernes a tomar la batuta para dirigirla en un concierto con obras de Bach, Chaikovski y Brahms
El Cabildo rindió ayer homenaje al maestro Armando Alfonso. / Sergio Méndez

El Auditorio de Tenerife albergó anoche un concierto de la Orquesta Sinfónica de Tenerife (OST) que fue extraordinario por varias razones. La primera, y más evidente, porque la cita con la OST no formaba parte de su temporada 2020-2021. La segunda, y quizás la más importante, porque se trataba del homenaje que el Cabildo de Tenerife ha querido rendir a Armando Alfonso (París, 1931), quien fuera director de la formación insular de 1968 a 1985, primero con el nombre de Orquesta de Cámara de Canarias y desde 1970 con la actual denominación. Y la tercera, la más emocionante, porque el maestro, que en 2021 cumple 90 años, volvió a tomar la batuta para dirigir a la orquesta en una velada que resultó inolvidable.

El concierto comenzó con el aria de la Suite nº 3 en Re Mayor, BWV 1068, de Johann Sebastian Bach, “una melodía de una belleza incomparable” que, como el propio Armando Alfonso explicó días atrás a DIARIO DE AVISOS en una entrevista, quiso dedicar a la memoria de su esposa, fallecida hace dos meses. “Un poco como el minuto de silencio que se guarda cuando se quiere recordar a una persona en un acto público, pero en lugar de un minuto de silencio, a mi mujer le dedicaré seis de música maravillosa”, subrayaba.

El concierto comenzó con la interpretación de la ‘Suite nº 3 en Re Mayor’ de Johann Sebastian Bach. / Sergio Méndez

La obertura-fantasía de Romeo y Julieta, de Piotr Ilich Chaikovski, también formó parte del programa, que se completó con la interpretación de la Sinfonía nº 2 en Re Mayor, op. 73, de Johannes Brahms.

En sus declaraciones a este periódico, Armando Alfonso señalaba que su deseo era que el concierto, que de alguna manera también conmemoraba el 50 aniversario de la Orquesta Sinfónica de Tenerife desde que recibiese ese nombre, fuese “una ceremonia espiritual, como siempre lo es el sonido de la buena música”. Y a tenor de lo que se pudo escuchar en la noche del viernes, sin duda lo fue.

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