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Biden: “Este es el día de América, el día de la democracia”

El nuevo mandatario se pone de inmediato manos a la obra, sin tiempo que perder
El presidente Biden junto a la vicepresidenta Kamala Harris.
El presidente Biden junto a la vicepresidenta Kamala Harris.
El presidente Biden junto a la vicepresidenta Kamala Harris.

Joseph R. Biden Jr. tomó posesión de su cargo, convirtiéndose en el presidente número 46 de Estados Unidos, y lo hizo comprometiéndose con una serie de retos monumentales en un país convulso tras cuatro años de mentiras. Biden prometía en su discurso ante la nación y el mundo traer una oportunidad para sanar y fomentar la unidad en un país profundamente dividido.

El nuevo presidente decía “este es el día de América”, mientras pedía poner fin a la “guerra incivil” que ha estado fragmentado a la nación. Biden añadía en su discurso que es el momento de tener “un frente unido en medio de una crisis de enormes proporciones”. Con su juramento, Joe Biden alcanzaba la cima de una larga carrera política y los líderes de las ahora minorías en las dos Cámaras, los republicanos Mitch McConnell y Kevin McCarthy, daban la bienvenida en un acto posterior de entrega de regalos al nuevo presidente y a la flamante nueva vicepresidenta Kamala Harris. Ambos políticos hablaron con afecto, llegando a decir que estaban muy orgullosos de ellos, recobrando con su gesto la noción de que, aunque se puede estar en desacuerdo, se pueden guardar las formas y el respeto al oponente. McConnell y McCarthy, liberados del yugo opresor del predecesor de Biden, hablaban con camaradería a sus dos compañeros del Congreso, abriendo las puertas al entendimiento y la posibilidad de trabajar juntos por el bien de la nación. Una tarea difícil, pero no imposible.

Antes que Biden, Kamala D. Harris juraba su cargo en un momento lleno de emoción. Un hito histórico: se convertía en la primera mujer en ocupar la Vicepresidencia de Estados Unidos, y, además, en ser la única hasta la fecha de origen afroamericano y asiático. Ya era hora.

Un rayo de esperanza

Joe Biden reemplaza al presidente saliente, cuyo mandato único plagado de escándalos y mentiras (se contabilizan por encima de las 30.000), que se negó a reconocer su derrota, que trató de intimidar a su vicepresidente e inspiró a un ataque mortal en el Capitolio de los Estados Unidos; un mandatario que ha sido imputado dos veces y que será recordado no solo por incitar a la insurrección el 6 de enero de 2021, sino por su Gobierno de corrupción, y, en última instancia, por no tener la clase, la dignidad y el civismo de participar en el acto más importante de la democracia de Estados Unidos, la transición pacífica de poder.

El vicepresidente Mike Pence sí estuvo presente durante la ceremonia, donde le tocó dar la cara por su jefe, y aplaudió al nuevo mandatario. También acudieron allí los expresidentes Bill Clinton, George Bush y Barack Obama, con sus cónyuges. Todos fueron ovacionados sin importar el partido político, y, aunque hubo tensión dadas las circunstancias, se respiraba un aire de afabilidad, de patriotismo y de ciudadanía, que el presidente anterior jamás, en su pequeñez, llegará a entender.

Biden, quien a los 78 años es el hombre de mayor edad en asumir la presidencia, prometió enfriar los ánimos en lugar de inflamarlos. Anunció que va a deshacer gran parte del legado anterior y que va restaurar lo que llamó “el alma de Estados Unidos”, dejando claro que los últimos cuatro años representaron una aberración en lugar de una ruptura duradera en el tejido nacional.

“La política no tiene que ser un fuego furioso, destruyendo todo a su paso”, dijo en su discurso, instando a la nación a que haga un reset, un nuevo comienzo. Dos semanas antes, el mismo lugar desde el que se dirigía al país, una turba exaltada por un discurso incendiario de su predecesor, insurgentes y terroristas, irrumpió en la Cámara de Representantes y el Senado tratando de evitar que los legisladores certificaran el resultado de las elecciones del 3 de noviembre. La decisión de prestar el juramento en el lugar tradicional fue un acto de desafío, de enviar un poderoso mensaje: no podrán amedrantar a quienes sustentan de forma legítima los máximos cargos del Gobierno ni poner fin al sistema político.

“Hemos aprendido de nuevo que la democracia es preciosa, es frágil, y, en este momento, amigos míos, la democracia ha prevalecido”, manifestó Biden. En su discurso, se comprometió ,además, a derrotar el flagelo de la supremacía blanca y el terrorismo interno. Habló de justicia social, de cambio climático… La agenda del nuevo presidente viene cargada.

Sin incidentes

La capital del país durante los días previos a la inauguración parecía una ciudad asediada, con más de 20.000 miembros de la Guardia Nacional patrullando las calles para evitar que se repitiera el caos del 6 de enero, que dejó a un oficial de policía y cuatro insurgentes muertos. En lugar de público, 200.000 banderas representaron a todos aquellos que dada la epidemia no pudieron asistir en persona. Más de 400.000 muertos por coronavirus en menos de un año en Estados Unidos bajo un presidente que primero decía que era un engaño, luego que lo tenía todo bajo control, y, por último, mintió sobre las reservas de vacunas, para pasar las últimas semanas tan enfrascado en buscar una forma de quedarse en el poder que ni siquiera mencionaba la mayor crisis sanitaria que ha vivido en tiempos recientes el país.

Las falsedades del mandatario saliente convencieron a grandes franjas del país de que Biden es un presidente ilegítimo, lo que efectivamente atrofia su capital político desde el comienzo de su mandato.

Despreciando el tradicional traspaso, el magnate abandonó la Casa Blanca ayer temprano, aún sin haber hablado con Biden desde su último debate preelectoral. Poco antes de abordar el Air Force One en la base conjunta Andrews en Maryland, autoelogiaba lo que dijo que eran sus logros y afirmó que había entregado a la Administración entrante, “la base para hacer algo realmente espectacular”, prometiendo regresar “en alguna forma”.

Los graves sucesos recientes se suman a las múltiples crisis que enfrenta Biden. Además de la pandemia, la economía del país se está derrumbando, es necesario abordar el cambio climático y la justicia racial, dos temas que dominaron el año pasado en una sociedad calcinada por los incendios en California y los disturbios masivos en por la violencia policial.

Como dicen en Estados Unidos, la nueva Administración deberá “hit the gound running”, es decir, no puede perder tiempo. Los nombramientos que ha hecho Biden hasta ahora le garantizan un gabinete excepcional que puede empezar a hacerse cargo de estos retos de forma inmediata. Su propia experiencia en política nacional, internacional y la crisis económica que heredó como vicepresidente en 2008, lo guiarán. Biden, quien fue senador en seis legislaturas antes de sus ocho años como vicepresidente, ha estado cortejando al Congreso mientras se prepara para lanzar una ambiciosa agenda legislativa que incluye un ambicioso paquete de asistencia económica vinculado a la pandemia, una reforma migratoria, gasto en infraestructura e iniciativas contra el cambio climático. Sin embargo, el Senado republicano no había confirmado ni a un solo miembro del gabinete de Biden antes de su investidura, un proceso que deberá acelerarse si quiere cumplir sus objetivos. El nuevo presidente ha dicho que no cuestionaría los motivos de sus oponentes políticos, prometiendo encontrar un terreno común y aprobar una legislación bipartidista a pesar de la amarga polarización de Washington, no en vano el tema de su investidura fue America United, apelando a la transparencia y la verdad: “Debemos rechazar la cultura en la que los hechos mismos son manipulados e incluso fabricados”, explicó entre aplausos.

Medidas sobre la mesa

Después de prestar juramento, Biden tenía intención de cursar el regreso al Acuerdo de París, y derogar la prohibición de ingresar a Estados Unidos para ciudadanos de algunos países de mayoría musulmana. El nuevo presidente también señaló que extenderá las restricciones a nivel nacional sobre embargos hipotecarios y exigirá que se usen mascarillas en propiedad federal en su esfuerzo por disminuir los contagios. La nueva Administración ya está trabajando en una lista de posibles órdenes ejecutivas para los primeros siete días. “Todo es posible”, afirmó Biden, “todo es posible en este país”.

Por su parte, la ascensión de Harris está en consonancia con la promesa de Biden de formar una Administración que “se parezca a Estados Unidos”. Los nominados al gabinete reflejan la promesa de Biden de tener la Administración más diversa en la historia de Estados Unidos. El amplio tapiz de razas, géneros y culturas que rodearán a Biden contrasta con el rechazo abierto de la Administración Trump a la diversidad y el multiculturalismo.

Ayer empezaba una nueva era en Estados Unidos, y, de la misma manera que el presidente saliente no ha pronunciado el nombre del nuevo campeón de América, al menos por hoy y en este artículo, tampoco yo he mencionado el del expresidente con peor tasa de aprobación de los Estados Unidos. Es momento de hacer cambios, exigir responsabilidades, pero avanzar con esperanza y optimismo hacia el futuro.

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