La Orotava

María del Carmen, emigrante canaria de 89 años: “Cuando subí al barco no paraba de llorar”

María del Carmen Valido Pérez, natural de La Orotava, fue una de las primeras mujeres canarias que llegó a Rosario, Argentina, junto a su familia cuando tenía 18 años


María del Carmen Valido Pérez nació en La Vera, en la zona perteneciente a La Orotava, el 16 de marzo de 1931. No se acuerda el número porque antes “casi no había casas con número”, se identificaban porque todos sabían donde vivían sus vecinos.

Tiene 89 años y es una de las primeras mujeres de Canarias y en concreto de Tenerife, que llegó a Rosario, Argentina. La ciudad en la que nació Lionel Messi, el Che Guevara o Fito Páez, los recibió con los brazos abiertos y allí formó su familia, igual que sus hermanos, aunque cinco de ellos regresaron al Archipiélago y ya fallecieron y solo queda María de las Nieves, su melliza, que vive en la ciudad de Pérez, a tan solo 12 kilómetros.

Acompañadas de su padre, Antonio Esteban Valido, su mujer Carmen Lucía -a su madre no la conoció porque falleció cuando tenía dos años- y sus hermanos Antonio, Manuel (vino con su esposa María Luisa Gorrín y sus dos hijos, Manuel y Antonio de dos años y dos meses) José, Francisco y Eugenio, se subieron al barco Ciudad de Buenos con destino a Argentina, que en ese momento, al igual que Venezuela, era la tierra prometida. No solo para los españoles. Italianos, polacos, rusos, y franceses escapaban a América en busca de un mejor porvenir económico y huyendo de las guerras.

Como la de cualquier emigrante de aquella época, la historia de María del Carmen está llena de anécdotas, sinsabores y montones de reminicencias, algunas más vagas que otras.
Del viaje, que duró más de 20 días, no guarda buenos recuerdos. “Cuando subí al barco lloraba mucho, hasta que uno de los jefes me dijo: aquí no queremos chicas lloronas”, cuenta. Dice que su abuelo materno, José María, murió porque no aguantó el disgusto de verlos emigrar.

Llegó en 1949, durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón, el año que se aprobó la reforma constitucional que estableció la igualdad jurídica del hombre y la mujer, los derechos sociales, pero que también permitió la reelección indefinida del presidente y del vicepresidente de la Nación.

La decisión de dejar Canarias fue de su progenitor, impulsado por un primo hermano que le había comentado que en Argentina se estaba bien y lo animó a probar suerte.
En España la Guerra Civil había dejado importantes secuelas económicas aunque no era el caso de los Valido Pérez. Su padre fabricaba máquinas para la fumigación de las plataneras y las primeras latas que se envasaban al vacío. “Tenía un taller y mucha gente trabajando para él. Era una persona muy buena, todas las herramientas que tenía se las dio a los muchachos que trabajaban con él”, relata.

María del Carmen estudió hasta los 18 años en un colegio privado en el Puerto de la Cruz aunque no recuerda exactamente su nombre. La esposa de su padre “era una reina en la casa, tenía una mujer que iba a planchar, otra a lavar y una tercera que vivía con ellos”.

Sin embargo, su familia no escapaba a la incertidumbre que habían dejado los años de la posguerra; la consolidación política del régimen franquista -con todas las consecuencias para quienes se oponían, como era el caso de su progenitor- y el riesgo de que sus hermanos sirvieran durante años en el ejército.

Empezar de nuevo

“Mi padre vivía como un rey pero acá tuvo que empezar de nuevo”, se lamenta. Una realidad similar a la de la mayor parte de los emigrantes, ayer y hoy.

Al llegar a Rosario, la familia fue a vivir a la casa de su tío hasta que consiguió comprar la vivienda de una prima hermana que se trasladó al campo. Allí Antonio puso un taller mecánico con sus hijos. Las dos mujeres nunca trabajaron porque les prometió que “iban a vivir como en La Orotava”.

Seis años después, en 1955, María del Carmen se casó con Francisco Vestegas Balseiro, un gallego originario de Lugo que llegó a Argentina el mismo año que ella con apenas un día de diferencia, dice orgullosa.

Se conocieron gracias a la actual presidenta del Centro Canario de Rosario, María Eugenia González, a quien consideran de su propia familia, esa que se adopta sin miramientos cuando se comparte el mismo origen.

En este caso, su padre y los hermanos de María del Carmen ya se conocían en Canarias, salían juntos y la casualidad, como si de una película con final felíz se tratara- hizo que se volvieran a encontrar en Rosario, en la tienda La Buena Vista, un ícono comercial en la ciudad, desaparecida en el año 1989.

“Cuando se encontraron se abrazaban y se besaban. La gente se paraba a verlos porque pensaba: ‘¿éstos dos que son’?, recuerda emocionada. Y no es para menos.

La familia de María Eugenia le presentó a Pancho, quien harto del campo y de los problemas políticos ocasionados por los guerrilleros antifranquistas que se refugiaban en las montañas, decidió hacerle caso a un tío que vivía en Argentina y emigró.

“A mi papá le gustaba Pancho porque era gallego”, dice. Ella sonríe porque ya tenía un novio “un muchacho con el que hablaba y con el que estaba comprometida”, pero lo dejó. “Se ve que tanto no lo quería”, bomea.
Su esposo también tenía una novia, “pero la prefirió a ella”. Se casaron a los tres meses. “Fue amor a primera vista”, tuvieron un matrimonio “maravilloso” y dos hijos, Stella Maris y José María.

Su oído renquea. Es el único achaque que tiene y por eso su hija la acompaña en la entrevista. Ella también es el nexo con sus sobrinas que viven en Los Realejos y a las que Carmela -como la llamaban en Canarias- adora.

Es una mujer divertida, bastante pícara, muy coqueta y le encanta Netflix. En ese momento disfrutaba de Resurrección por segunda vez. Se enamoró de los personajes, tenía miedo de olvidarse de ellos y decidió repetir.

Hasta que sus hijos no se casaron no quiso volver a la Isla. Regresó decenas de años después. Su esposo viajó solo la primera vez a Galicia porque sus padres habían fallecido y tenían que repartir la herencia. En los dos viajes posteriores, fueron juntos y visitaron a ambas familias. La última ocasión fue en el 2000.

“La gente de Canarias es buena, buena, pero la de Galicia… es tan buena y tan limpia…. Cocinaban con unos delantales blanquísimos y las ollas en las que hacían las centolllas, que eran enormes, brillaban”, relata.

Cuando llegó a Tenerife, encontró una isla muy diferente a la que dejó. En Los Realejos, “no conocía prácticamente nada, estaba todo cambiado”.

De su municipio natal recuerda especialmente la ferretería de don Félix Reyes, frente al Ayuntamiento, uno de los establecimientos señeros y uno de los inmuebles más antiguos de La Orotava, “porque era compadre y muy amigo de mi papá, varias veces estuvimos su casa, porque los dos se querían mucho, pero cuando fuimos él y la señora ya habían fallecido”.

A Carmen le “encantaba” José Vélez, otro canario -aunque de la isla vecina- que encontró en Argentina su segunda patria y cuyo tema Canario latinoamericano fue un éxito en las islas y en varios países de Améica.

Después de casi dos horas, Carmela se entusiama recordando su tierra y cambia de tema rápidamente. “En Tenerife se come mucha papa, sobre todo papas arrugadas y conejo al salmorejo. De esos comíamos mucho, me encantaba el mojo. Si yo no tengo papa me parece que no como”, confiesa.

A los diez años de llegar, su padre falleció. “Sufrió mucho porque emigrar es una cosa y a él le contaron otra. Yo e acuerdo que tenía un amigo que era marqués y que le decía que la Argentina era un lugar muy húmedo y es verdad, sobre todo Rosario”.

Ella se habituó a vivir allí. ‘¿Te gusta Argentina?’, me pregunta. Le respondo que sí, porque viví la mitad de mi vida, tengo parte de mi familia y amigos, pero que ahora mi vida está en Canarias.

“Es lo que me pasó a mí pero al revés”, añade, “yo me acostumbré a vivir aquí”.

‘Rosario con sangre canaria’, una obra de teatro sobre su vida
La vida de la familia de María del Carmen y de María Eugenia González fue el argumento de la obra de teatro Rosario con Sangre Canaria, estrenada por primera vez en el año 2004 y expuesta hasta el 2010, con una presentación en la ciudad de La Plata. Trata sobre los emigrantes y el importante papel que cumplieron en la historia de una ciudad cuya realidad ni siquiera conocían pero en la que buscaron darle a sus descendientes un mejor porvenir sin pensar demasiado en lo que habían dejado atrás y sorteando todo tipo de obstáculos, miseria, sufrimiento y el dolor que a muchos les había dejado la guerra. Los personajes de Carmen y Pancho conservaron en la obra los nombres reales.