santa cruz

La casa en la que la solidaridad no tiene precio pero sí valor

Las Hermanas de la Caridad, responsables del comedor de La Milagrosa han puesto en marcha un economato destinado a familias con escasos ingresos en los que pueden comprar productos por el 25% de su coste real
Siete voluntarias se encargan de atender a los usuarios del economato. / Sergio Méndez

María, que no se llama María, tiene 33 años y dos niños. Uno de 12 y otro de poco más de un año. Sola, en paro, y pagando un alquiler, le resulta muy complicado, sino casi imposible, hacer frente a estos gastos y además comer. Cuenta que ha trabajado como camarera, en supermercados, pero que con la crisis (la de antes y la de ahora) no ha conseguido volver a trabajar. Tampoco cuenta con apoyo familiar, y los pocos ingresos que tiene son los de las prestaciones sociales. A pesar de todo, intenta salir adelante, y en el comedor social de La Milagrosa, en Santa Cruz, ha encontrado unas cuantas manos amigas para conseguirlo. “Llegó aquí derivada por el Banco de Alimentos para una ayuda urgente”, recuerda la trabajadora social del comedor, Belén Peyró. La llegada de María a La Milagrosa coincidió con la puesta en marcha de uno de esos proyectos que las Hermanas de la Caridad suelen arrancar sin mucha algarabía, casi de forma silenciosa, pero que suponen que, en la actualidad, 25 familias con escasos ingresos puedan, por sí solos, como hace María, realizar algo tan cotidiano como la compra para ellas y sus hijos. Lo hace en el economato que las Hermanas de la Caridad han abierto muy cerca del comedor social. Allí, los usuarios que son derivados por las trabajadoras sociales pueden adquirir productos al 25% de su coste, es decir, el comedor bonifica el 75% de la compra.

Junto a María está Esther, que tampoco es Esther. Ella, soltera, en paro, y de baja desde el pasado mes de marzo, no llega a los 400 euros de ingresos. “He tenido que dejar la casa en la que estaba e irme a compartir piso”, explica. “Poder comprar aquí de forma más barata, y cada 15 días, me ayuda mucho”.

Las dos, María y Esther, acceden a este proyecto piloto que se ha puesto en marcha gracias a una subvención de la Consejería de Derechos Sociales del Gobierno de Canaria, a cambio de cumplir con los requisitos que las trabajadoras sociales les han solicitado, y que no son otros que esforzarse para volver al mercado laboral en cuánto puedan.

Como explica Elsa de Armas, trabajadora social responsable de la inclusión sociolaboral de las familias que forman parte de este proyecto, “los beneficiarios son personas que ya asistían a nuestro servicio de comedor diariamente, y que vemos que su situación ha mejorado, bien porque han conseguido un trabajo, por ejemplo en el Plan de Empleo Social de Santa Cruz, o porque han obtenido alguna prestación. El objetivo de este proyecto es el de no cronoficar la situación de estas personas, que no se conviertan en dependientes del comedor”. “Estos usuarios -continua- pueden realizar su compra en el economato, cocinar en sus hogares, y con ello estamos fomentando la autonomía personal de todos ellos”.

Como explica de Armas, la mayoría de las familias que atienden en este proyecto son de Santa Cruz y de La Laguna, y también vienen personas derivadas por otras entidades como Cáritas. “Lo que hacemos aquí es valorar a esas familias y establecer un crédito mensual para que acudan al economato”. En cuanto al perfil, cuenta que “son personas con precariedad económica, tenemos gente que vive sola, parejas sin hijos, familias con niños, madres solas… el perfil es muy variado, pero todos tienen en común que se encuentran en exclusión social”.
Insiste la trabajadora en que “para nosotros es muy importante la inserción sociolaboral. A aquellas personas que se encuentran en edad de trabajar les ofrecemos una orientación en asesoramiento laboral, les informamos de acciones formativas y de proyectos para la promoción y aumento de la empleabilidad, apostamos por un modelo integral, no solo asistencial”.

Esta filosofía es compartida por las voluntarias que trabajan en el economato. Son siete y pertenecen a la Asociación Internacional de Caridad de las Hermanas de San Vicente de Paul, la orden que gestiona el comedor de La Milagrosa. Como explica Mercedes Pérez, “la gente está respondiendo muy bien, se llevan el carrito bastante lleno y a lo mejor por 17 euros. Para ellas es muy importante porque no se trata de vivir de la caridad. Aportan su dinero y deciden qué se llevan”.

Mari Sanfiel es otra de las voluntarias y se encarga de ir dando paso a las personas que están citadas para hacer la compra. “Hoy hay citadas siete familias, ellas compran al 25% del precio de costo de los productos. Hay otra mercancía que es coste cero, que son las donaciones. Vienen canalizadas a través de las trabajadoras sociales”, cuenta esta voluntaria mientras invita al siguiente usuario a pasar al economato. Cuenta que, “hasta ahora, lo que tenemos es comida seca, también verduras que esas no las cobramos porque son donaciones. En general, todo lo que es donado tiene coste cero para los usuarios del economato. Lo único que les cuesta dinero son los productos que nosotros compramos. Hay de todo, desde colacao, leche, arroz, o productos de higiene”. Igual que la otra voluntaria, Sanfiel pone en valor lo que supone un proyecto como este en una época de tanta necesidad. “Son personas que con la situación en la que estamos se han quedado en el paro, están en ERTE, familias que tienen una responsabilidad de alquiler, y lo poco que cobran no les da para pagar todo”.
Este proyecto sin embargo tiene un pero, y no es otro que se acaba a finales de febrero si no consiguen nueva financiación.

“Provisionalmente estamos en este local, que lo alquilamos con el dinero que nos concedió el Gobierno de Canarias para el proyecto piloto, también nos permite contar con una trabajadora social que se encarga de la inserción, sin embargo, si queremos llegar a más familias, a unas 50 que son las que hemos valorado, necesitamos más dinero”, explica Belén Peyró. Una de las soluciones es que la propia consejería considere que es un proyecto que puede mantenerse a largo plazo y les conceda a las Hermanas de la Caridad una financiación plurianual. “De momento nos hemos presentado a la subvención que otorga el Ayuntamiento de Santa Cruz que es de 18.000 euros. De conseguirla, nos permitiría continuar un poco más, pero no podríamos por ejemplo mantener a la trabajadora social, y el objetivo del economato no es perpetuar en el tiempo una situación que no es real, es decir, que en la calle no van a encontrar esos precios, sino ayudarlos con la trabajadora social para que puedan insertarse sociolaboralmente”.

Sor María del Carmen Hernández es la hermana que dirige el comedor y explica que la intención de la orden es mudarse a un sitio más grande, concretamente al nuevo espacio que llevan reformando ya unos meses y que esperan tener disponible en marzo. “Allí podríamos atender a más familias de una sola vez y contar con productos perecederos, algo que ahora no podemos ofrecer”.

Elsa de Armas es la trabajadora social que da apoyo a las familias par su inserción sociolaboral. / S. M.

“Queremos que sea un sistema permanente de inserción”

Elsa de Armas, la trabajadora social que se encarga de la inserción laboral de las familias del economato, explica que, “este proyecto piloto es posible gracias a la Consejería de Derechos Sociales del Gobierno de Canarias, y conseguimos la financiación a través de la convocatoria del año pasado, mediante concurrencia competitiva. Con el dinero alquilamos el local y lo pusimos en marcha el 18 de diciembre de 2020. Al frente de la gestión está sor Carmen y siete voluntarias de la Asociación Internacional de Caridad. Es un proyecto corto de ejecución, pero nuestro deseo e intención es que se convierta en un sistema permanente, y que podamos dar continuidad al servicio, para lo que necesitamos financiación”.

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