Sociedad

Carlos Velázquez: “La herramienta más importante para frenar el cambio climático en Canarias son los bosques”

Velázquez es ingeniero de montes y presidente de los Profesionales Forestales de Canarias (Profor)

Los Profesionales Forestales de Canarias (Profor) enviaron un informe al Gobierno regional en el marco del periodo de alegaciones con la finalidad de mejorar la Ley de Cambio Climático y Transición Energética de Canarias, una normativa que establece obligaciones tanto para el ámbito privado como público y, al mismo tiempo, fija objetivos para las administraciones y pautas concretas para todos los sectores de las islas en sintonía con la normativa europea de acción climática. Lo hicieron para trasladar al Ejecutivo la importancia que tienen los bosques en el Archipiélago y que la asociación, que agrupa a una treintena de profesionales, desde ingenieros hasta ambientalistas, está dispuesta a echar una mano, colaborar y asesorar de forma desinteresada para que esta ley sea más realista, tenga más recorrido y resuelva los graves problemas a los que se enfrenta Canarias, como la desertificación, el aumento de incendios forestales y la escasez de agua. Lejos de crear alarmismo, el mensaje que quisieron trasladar fue el de concienciar a la sociedad sobre la importancia de cuidar los bosques, aprovechar la lluvia y frenar el fuego que se genera como consecuencia del cambio climático.

-¿La aprobación del anteproyecto de Ley del Cambio Climático es un paso importante?
“Es muy importante y hay que conseguir que contenga medidas que se lleven a cabo, no solo que sean orientativas, y que vaya con una ficha financiera. Creemos que es posible porque la UE está actuando en ese sentido. Y también hablamos de los servicios ecosistémicos del bosque, es decir, los que ofrecen a la sociedad simplemente por estar ahí, como la producción de agua, la protección de los suelos y de la biodiversidad y la fijación de CO2. Todo eso hoy es cuantificable y sabemos que los bosques en Canarias generan unos servicios ecosistémicos para la sociedad valorados en 600 millones de euros al año. Eso significa que hay que multiplicar este patrimonio, es decir, tener más bosques y cuidarlos para que por los incendios y el cambio climático no se pierda superficie”.

-¿Hay suficiente concienciación ciudadana en el cuidado de los bosques o queda mucho por aprender?
“Creo que la sociedad canaria está bastante concienciada y valora sus bosques. El nivel de conciencia y de cariño que se tiene a los bosques en Canarias es alto, pero falta que se traduzca en inversiones, es decir, que haya una política activa, financiada para proteger y recuperar los bosques. Por eso es importante que cuando ejerzan el derecho al voto los ciudadanos miren bien los programas para ver qué partido se implica de verdad”.

-¿Cuáles fueron las aportaciones que realizó la asociación que preside al anteproyecto de Ley de Cambio Climático?
“Cuando se piensa en abordar el problema del cambio climático hay que ver dos cuestiones: por un lado, lo que emitimos de CO2 y, por otro, lo que se fija y se recupera en el suelo y los árboles. Lo que nosotros queremos es recalcar la importancia de los bosques, de reforestar el planeta a una velocidad mucho más rápida de lo que se hace para fijar el CO2, y una de las mejores herramientas que tenemos para frenar los efectos del cambio climático en Canarias es tener las islas lo más pobladas con bosques y si es posible, con especies originales acompañadas de vegetación autóctona para que frenen la erosión y los efectos de los aguaceros que pueden venir y se haga una gestión adecuada contra los incendios forestales. En resumen, hay que recordar que el bosque en el Archipiélago juega un papel fundamental en la lucha contra el cambio climático”.

-¿Cómo se logran estos objetivos cuando se ha priorizado el cemento durante décadas?
“A nivel de la Administración ha habido una preocupación histórica. Desde los años 50 se inició una política muy ambiciosa de reforestación y así se consiguieron los grandes bosques en Tenerife, Gran Canaria y El Hierro, ya que La Gomera y La Palma estaban de por sí bastante pobladas. Pero, de alguna forma, los bosques siempre han estado ahí y ahora más que nunca tenemos que poner la mirada en ellos porque van a sufrir por el cambio climático. Ya hay zonas en las que están desapareciendo, como, por ejemplo, en el municipio de Frontera, en El Hierro. Allí podemos ver que donde empieza la laurisilva, el monte verde, en los primeros 100 metros hay una franja que se está secando. También en La Caldera de Taburiente hay masa de pino que corre la misma suerte y en el sur de Gran Canaria. Tenemos que poner mucho más la mirada en los bosques y cuidarlos, ya que de allí también va a salir una biomasa que se puede utilizar al ser una energía alternativa y limpia, porque aunque lleve su combustión, procede de elementos que estaban vivos, vuelve otra vez a crecer en el territorio y es neutra en el balance de carbono”.

-¿En Canarias se fomenta lo suficiente la producción y conservación de la biomasa?
“Sí, hay proyectos en marcha. Aunque vamos retrasados respecto a otros países o a la Península, me consta que Tenerife, por ejemplo, tiene un centro de tratamiento de biomasa y trabaja con empresas para optimizarlas y en Gran Canaria se están haciendo estudios. Lo que hay que plantearse es que el bosque siempre da un excedente de biomasa que se puede aprovechar. No podemos pretender que toda la madera venga de Rusia o de Finlandia y la biomasa de la Península cuando nosotros también podemos utilizar el producto local”.

-¿Considera que hay que limitar o controlar para ello el acceso de los ciudadanos a los bosques y los parques nacionales?
“Más bien lo que hay que hacer es redirigir los flujos. Pero hay una cosa clara, solo se ama y se valora lo que se conoce y lo que necesitamos es que nuestra población, sobre todo la urbana, vaya de forma ordenada al bosque, a la naturaleza y a los espacios rurales. Por eso, es importante compatibilizar el sector primario rural con los usos del monte por parte de la población”.

-En el documento que enviaron al Gobierno regional advertían del grave peligro del deslizamientos de tierras en Canarias que, incluso, sepultarían carreteras y núcleos urbanos. ¿No es un dato alarmista?
“Procede de los datos de erosión del suelo del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y ahí pone claro que debido a la desertificación, un 30% del territorio puede sufrir deslizamiento de tierras. No obstante, para no generar alarma innecesaria hay que diferenciar esto último con lo que pasó en La Gomera en noviembre del año pasado, que fue un proceso natural en una zona de acantilados donde el mar o las fuerzas naturales pusieron en movimiento unas masas que se cayeron. De lo que nosotros alertamos es de la importancia de asegurarnos que siempre el suelo va a estar protegido y así evitar un deslizamiento que ponga en peligro las poblaciones rurales”.

-¿En qué puntos concretos del Archipiélago podría ocurrir?
“Es consultar los datos del Ministerio, pero nosotros pusimos de ejemplo la cabecera del barranco de Güímar, que debido, a la pendiente que tiene y a los tipos de suelo, puede conllevar deslizamientos. Eso no significa que hoy Güímar esté en peligro, sino que es parte de ese 30% de zonas sensibles que aparecen en el inventario del Ministerio”.

-En 2019 Profor alertó de que los incendios iban a ser cada vez más frecuentes. ¿Ello se debe a la desertificación?
“El cambio climático está haciendo que el bosque y la vegetación estén mucho más disponibles para los incendios. Y otro problema es que una vez pasado el incendio, las condiciones que quedan ya no son aptas para que vuelva a crecer un bosque, porque esos árboles no lo harán igual que los primeros. Por eso los incendios van a resetear la vegetación en cada momento y, si siguen, vamos a tener una desertificación, pero motivada por el ser humano. Por eso debemos evitar los grandes incendios forestales, estar muy pendientes de esas migraciones de la vegetación y reforestar los bosques que se vayan perdiendo, aunque sea con otras especies, en lo posible que sean autóctonas y que nos garanticen que los suelos están protegidos por vegetación”.

-La profesora de la Universidad de La Laguna Marisa Tejedor avisó en 2018 que uno de los motivos de la desertificación en Canarias era por usar agua con un alto contenido sódico. ¿Se controla la calidad del agua para evitar este problema?
“Sí, se están haciendo esfuerzos importantes porque todavía no hemos llegado a un nivel óptimo de depuración y es fundamental hacerlo para poderla reutilizar. Hay otros países donde el agua pasa hasta cinco veces por el ciclo antes de depurarla definitivamente y echarla al mar o a los ríos. En ese sentido, todavía hay mucho camino por andar. En Gran Canaria, por ejemplo, hay colapsos en la red de alcantarillado porque cada vez que llueve se unen las aguas pluviales con las residuales, saltan las tapas de los barrancos y ese agua que al final se infiltra está generando un problema en el acuífero. En este campo todavía hay un trabajo muy grande por hacer y me consta que los consejeros insulares de aguas se están poniendo las pilas, pero todavía queda muco camino”.

-¿Qué otras medidas propone Profor para frenar la desertificación del Archipiélago?
“Intentar no tocar los acuíferos, es decir, conseguir que se infiltre más agua de la que sacamos por pozos y galerías. Lo ideal es conseguir la desalinización de aguas con energías limpias por un lado, y por otro, reutilizar muy bien el agua y no dejar perder ni una gota al mar, sino aprovechar muy bien las aguas depuradas. Otro tema que tenemos que trabajar a medio plazo, porque tendremos agua cero, es conseguir ese caudal de agua de lluvia de escorrentía, intentar frenarla y llevarla al terreno donde pueda volver a infiltrarse otra vez en el acuífero. El manejo de las aguas y conseguir que se vuelvan a llenar los acuíferos es fundamental”.

-Todo ello requiere una apuesta en desarrollo sostenible. ¿Se invierte lo suficiente en Canarias?
“Nunca será suficiente, ni aquí ni en ninguna parte del mundo. Pero una cosa está clara, si no invertimos, el costo final que va a tener el cambio climático va a ser mucho mayor que el costo de las inversiones para intentar frenarlo. La Unión Europea se está poniendo las pilas, ha sacado ahora el programa Green Deal (Pacto Verde) encamisado a financiar medidas que frenen el cambio climático. Por eso es importante que haya sinergias para tener bosques que reporten algún beneficio, potenciar la agricultura de montaña que genera productos kilómetro cero, pastores que limpien ciertas dorsales de montaña que actúen de cortafuegos. La Administración no tiene que hacer, sino que hay que intentar buscar aliados en la sociedad para atajar el problema entre todos”.