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José María Espinar: “Milton Vértebra es cierta parte de mí que mi mujer, al casarnos, dijo que pasaba a la categoría de inaceptable”

El escritor granadino, afincado en Tenerife, prepara una nueva novela protagonizada por su detective: "Un cóctel que mezcla política, crímenes, extorsión y excesos"
El escritor José María Espinar
El escritor José María Espinar. / DA

José María Espinar Mesa-Moles (Granada, 1974) vive en Los Realejos, en Palo Blanco. Desde allí construye, página a página, libro a libro, el expediente literario del detective Milton Vértebra. Junto a él, en 2016 obtuvo el Premio de Novela del Festival Getafe Negro y al año siguiente el Memorial Silverio Cañada de la Semana Negra de Gijón. En ambos casos, con El peso del alma. Ahora, de nuevo acompañado por Vértebra, ha ganado el Premio Iberoamericano Verbum con la novela Lost weekend. Contestación a un poema de Walt Whitman. Pero con ser bastante, la literatura de José María Espinar no empieza ni acaba con un personaje que tiene mucho de su autor. Escribe poesía y en sus obras lo mismo aborda la novela histórica que expresa su pasión por la literatura británica del XIX, por ejemplo -y para entendernos-, por gente como Arthur Conan Doyle y el detective que vive en el 221B de Baker Street. Precisamente, esta última querencia la ha entremezclado con otra, el boxeo, para dar nombre al Irene Adler Boxing Club y, ya de paso, rendir homenaje a Sherlock Holmes y a su admirada ¿antagonista?

-El año comenzó para usted ganando el Premio Iberoamericano Verbum de Novela con Lost weekend. Contestación a un poema de Walt Whitman, donde aparece de nuevo el detective Milton Vértebra. ¿De qué manera presentaría a este personaje?
“Milton Vértebra representa una parte irrenunciable de mi yo. Cuando tuve el privilegio de casarme con mi mujer, me dijo que determinadas acciones, comportamientos y actitudes pasaban a la categoría de inaceptables. Así que me tuve que ver conmigo mismo en un espejo y condenar a una hemiplejia de actos a cierta parte de mi yo. Entonces decidí crear a Milton Vértebra, para que ese José María que tenía vedada determinada capacidad de expresión siguiera vivo al menos en la literatura”.

“Solo escribo poesía cuando tengo una crisis, y eso suele ocurrirme una vez al año”

-En su anterior obra, El asesinato de Lord Conan Whitehall (XXII Premio Tiflos de Novela), se traslada a la época victoriana y desde el mismo comienzo rinde homenaje a Dickens, Doyle, Stevenson y Wilde. ¿Recuerda cómo empezó su interés por la literatura anglosajona?
“Las primeras aproximaciones que hice a la lectura como algo íntimo, como un tesoro de la última infancia y primera adolescencia, fueron a través de la literatura británica. Sobre todo de la época victoriana. Creo recordar que con 10 años empecé a leer las aventuras de Sherlock Holmes y desde entonces no me han soltado. Robert Louis Stevenson es un compañero que lleva conmigo toda la vida. Igual que Dickens, al que he redescubierto siendo adulto, porque hay una profundidad en sus novelas que es desgarradora”.

-¿Qué le resulta más fácil, ya no solo en cuanto a planificación, sino también para hallar una voz, un estilo, escribir sobre el pasado o narrar desde el presente?
“No lo contemplo de esa manera. La historia que surge en mi cabeza se acomoda a sí misma en el pasado o en el presente. El asesinato de Lord Conan Whitehall ha sido un tributo, una deuda que tenía. Acudí al pasado con la necesidad de honrar a aquellos que me han dado una vida mucho más feliz: los escritores británicos de finales del XIX”.

José María Espinar acaba de ganar el Premio Iberoamericano Verbum de Novela con ‘Lost weekend. Contestación a un poema de Walt Whitman’. / DA

-¿Cómo suele ser el proceso de escritura? ¿Es metódico, crea una especie de mapa, una estructura y todo lo tiene muy calculado o deja que la idea inicial tome forma y a ver qué sale?
“Para empezar, me encierro en mi despacho y amenazo a mi mujer y a mis hijos con las penas del infierno si me interrumpen. Dicho esto, ninguno me hace caso. Así que dejo pasar 10 minutos, en los que me enfado con todo el mundo, y espero a que la novela surja. Puedo ser honesto al asegurar que es la narración la que manda y no yo. Soy muy obediente con lo que la novela me va pidiendo”.

-Hace casi dos años dejó de ser profesor en la Universidad Rey Juan Carlos y ahora, además de al boxeo, se dedica plenamente a la literatura. ¿Sintió vértigo al tomar esa decisión o fue un paso natural en su carrera literaria?
“Esta carrera es un salto al vacío constante. Es una apuesta hacia ti mismo, hacia tu vocación, porque no hay nada seguro. Lo que hoy vende, mañana no. Los editores que hoy te abrazan, mañana te apuñalan. Lo que sí experimenté fue una necesidad de abandonar el mundo académico, pues, en definitiva, no se puede servir a Dios y al César. El rigor intelectual merece unas horas y yo ya estaba echando peonadas al mundo de la literatura. Renuncié a ser intelectual para convertirme de verdad en artista”.

“Empecé a leer con 10 años las aventuras de Sherlock Holmes y desde entonces no me han soltado”

-Y en este sentido, ¿qué papel desempeñan premios como el Getafe Negro (2016) o el Memorial Silverio Cañada de la Semana Negra de Gijón (2017)?
“Los premios literarios de cierta altura, aquellos que son importantes, te reconfortan, porque los miembros del jurado son personalidades que habitan en el Olimpo de la literatura y no solo te eligen a ti como ganador, sino que te garantizan, con la reputación de su prestigio, que tienes calidad literaria. Para mí lo más importante es aportar algo a la literatura. El lenguaje es un vehículo, y de lo que se trata es de adornar ese vehículo con elegancia, con asombro y, sobre todo, con mucha dignidad”.

-También escribe poesía. ¿Le resulta muy diferente la forma de pensar un poema a cuando en su cabeza se pone a reflexionar sobre un texto en prosa?
“Solo escribo poesía cuando tengo una crisis. Y suelo tener una crisis cada año. Son crisis muy profundas en las que mis propias inseguridades, tentaciones, obsesiones y anhelos me hacen saltar al precipicio del caos. Mi último libro de poesía, Límite 45, me salvó -lo juro por mis nietos, que diría Vito Corleone- de arrojarlo todo a la cuneta y perder a la maravillosa familia que tengo. Porque la crisis me empitonó de una manera que no esperaba. Y la poesía me rescató”.

-¿Y en esos momentos puede alternar la poesía con la prosa?
“No. Mis rutinas son las siguientes: escribo una novela, la acabo y escribo una obra de teatro; la termino y me pongo con una novela. Pero de vez en cuando viene la sacudida, la tormenta, los truenos de la poesía, y lo tengo que dejar todo para escribir ese poemario que está de parto, con las contracciones que anuncian lo inminente”.

“La narración es la que manda y no yo; soy muy obediente con lo que cada novela me pide”

-Esta pandemia se ha instalado en la vida de todos, ¿pero le ha influido en lo que tiene que ver con el oficio de escritor?
“No me ha influido porque no afecta a mis hábitos diarios como escritor. Sí he notado que, lamentablemente, esta pandemia, más allá de mascaradas de marketing, no ha hecho que se lea más. No ha existido una pulsión, una hinchazón, un incremento en el número de libros que la gente está comprando”.

-Si uno observa su producción literaria, una de las conclusiones que puede sacar es que no ha perdido el tiempo. ¿Se halla ahora mismo en medio de un nuevo proyecto de libro?
“Mientras hablamos estoy en mitad de una novela, que protagoniza Milton Vértebra y se llama El Club de los Soñadores. Es una trama apasionante y apasionada, un cóctel que mezcla política, crímenes, extorsión y excesos”.

La pasión por el boxeo de José María Espinar se plasma en el Irene Adler Boxing Club. / DA

-Usted vive en Palo Blanco, en Los Realejos. Me gustaría saber qué le trajo a la Isla y también si ha encontrado en ella material para elaborar una ficción.
“La isla de Tenerife es un lugar privilegiadamente hermoso porque sus contrastes crean conmoción estética. Es un paraíso, profanado a veces por este modelo de sociedad. La isla me ha dado no solo amigos, me ha dado grandes amigos que se han convertido en personajes de mis novelas. Palo Blanco, sobre todo, me permite reflexionar, pasear en la intimidad que necesita todo escritor contemplando unos paisajes que no tienen nada que envidiar a Suiza, por ejemplo. Lo que veo desde mi pequeña casa en Palo Blanco es un espectáculo inenarrable de belleza”.

“El boxeo me ha enseñado a dejar de una vez las excusas y enfrentarme a los retos sin red”

-José María Espinar reúne muchas facetas. Una es el boxeo y el club que ha creado…
“El boxeo entró en mi vida, una vez más, por imposición de mi mujer. Yo era profesor en la Rey Juan Carlos, pero ya vivía aquí. Cogía aviones los domingos por la noche y regresaba los jueves por la mañana. Concentraba toda mi carga docente los tres primeros días de la semana y así estaba en los dos sitios. Mi mujer, para apartarme de los bares, me dijo que tenía que tomar clases de boxeo. Ahí descubrí el que para mí es un club épico del mundo del boxeo, Fightland, y tuve el privilegio de hacerme muy amigo de su dueño, José Luis Serrano, dos veces campeón de España. El boxeo me enseñó a dejar de una vez las excusas y enfrentarme a los retos sin red. La belleza del boxeo es que canaliza la violencia y la pone al servicio de la inteligencia. Una de las cosas que más sorprende a mis alumnos cuando nos subimos al ring es que acaban los tres minutos del round diciendo: “Yo creí que esto iba a ser algo mucho más salvaje y ha sido hasta cierto punto metódico y muy parecido a los movimientos del ajedrez. En mi club de boxeo, que es muy heterodoxo y se llama Irene Adler Boxing Club, en honor a la que para Sherlock Holmes siempre fue la mujer, intento inculcar primero eso: que la mujer está muy bienvenida y no hay atisbo de asimetría o desigualdad. Aquellos que sientan impulsos hormonados deben ir a otro lugar, no a mi club. ¿Y qué hacemos allí? Mucho ejercicio y mucha técnica; hablamos de filosofía, de arte y de política, y escuchamos siempre buen rock and roll”.

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