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Santa Cruz se pone la peluca y se protege de la Covid

Numerosos ciudadanos, incluida la Orquesta Sinfónica de Tenerife en el Auditorio, se disfrazan en un gesto reivindicativo del Carnaval, mientras se refuerza el dispositivo policial para impedir fiestas privadas
Dos personas, sentadas ayer en la terraza de un bar en Santa Cruz, celebrando el Carnaval pandémico con sendas pelucas | FRAN PALLERO

Ni fiestas multitudinarias ni noches de fantasía. Esta fechas, que en condiciones normales coincidirían con la celebración del Carnaval, se están viviendo de manera más sobria que de costumbre; sin el colorido habitual en las calles y el retumbo de los tambores, pero con el espíritu de las antiguas bacanales, en honor al dios Baco, intacto. Ayer, la capital tinerfeña asumía con resignación las prohibiciones y normas que ha traído consigo la crisis sanitaria de la COVID-19, aunque no había quien le arrebatara el deseo a la sociedad santacrucera de no dejar pasar de largo una festividad que, año tras año, ocupa un lugar destacado -casi vital- en el calendario.

Desde el ejecutivo hasta el camarero, pasando por el repartidor o el carnicero, muchos chicharreros acudieron ayer a sus puestos de trabajo provistos de una peluca o algún elemento decorativo diferente a su vestimenta diaria para conmemorar, arrastrados por la propuesta #YoMeMandoLaPeluca del humorista Darío López y el columnista de DIARIO DE AVISOS Jaime Pérez Llombet, esas citas que extrañamos todos los canarios: el Carnaval de Día, la final de murgas, la Gala de la Reina, el lunes de Indianos, la Gala Drag Queen…

Y es que las instituciones han lanzado un mensaje claro: en estos tiempos, la salud debe primar por encima de cualquier cosa. De ahí que el Gobierno de Canarias, si bien rebajó el nivel de alerta epidemiológica en islas como Tenerife, ya en el escalón más bajo de alarma -semáforo verde-, decretara restricciones extraordinarias de aplicación en todo el Archipiélago con motivo del no-Carnaval de este año. En concreto, la comunidad autónoma comparte desde anoche un toque de queda entre las 22.00 y las 06.00 horas, aparte de una limitación de las reuniones de personas no convivientes a un máximo de seis para ínsulas en nivel 1; de cuatro en nivel 3, y de dos en nivel 4.
Además, en esta legislación de carácter regional se incluyen otras advertencias y vetos, tal como se reflejó en el Boletín Oficial de Canarias (BOC): “Quedan prohibidas las actividades que propicien aglomeraciones, no mantener la distancia de seguridad interpersonal o un uso incorrecto de mascarillas, tales como la celebración de fiestas, bailes, karaokes, concursos, conciertos o música ambiental que inviten a bailar o cantar”. Es por ello que en distintos lugares de las Islas, como los municipios palmeros de Breña Alta y Breña Baja, se cancelaron eventos que, pese a estar configurados de manera que se pudieran enmarcar en el respeto de las pautas para prevenir contagios, serían incompatibles con lo anunciado esta semana por el portavoz del Gobierno, Julio Pérez.

EL VIRUS SIGUE AHÍ

Es cierto que las cifras de incidencia acumulada (IA, casos por cada 100.000 habitantes detectados en los siete días anteriores) que se manejan en la actualidad (64,04) son mucho menores que en el resto del territorio nacional. Pero la delicada situación de islas como Lanzarote -en nivel 4 de alerta, creado específicamente por la alta afección del virus- han hecho que las autoridades opten por una estrategia conservadora. Ya existe un precedente, y es el de las Navidades, cuando Tenerife estuvo sometida a unas fuertes restricciones y, poco después del Día de Reyes, pudo levantarse el confinamiento perimetral al que fue sometida en el mes de diciembre; por contra, los grancanarios disfrutaron de unas fiestas mucho más holgadas, lamentando posteriormente un incremento de los positivos. La fórmula ya parece que está aprendida: fechas señaladas es sinónimo de contagios.

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