Santa Úrsula

“Lo único que me pasa por la cabeza es que sigo vivo”

Un año después del devastador incendio que asoló al municipio, hay vecinos que no han cobrado las ayudas de las distintas administraciones, ralentizadas por la Covid-19

El 23 de febrero de 2020 es una fecha que los vecinos del Norte de la Isla y de Santa Úrsula en particular prefieren olvidar.

Fue ese día cuando acaeció un fuerte temporal de viento y calima e incendios en Puerto de la Cruz, Los Realejos, La Orotava y La Guancha pero fue Santa Úrsula el municipio más perjudicado debido a que las llamas se extendieron hasta dos días después y afectaron a más de 30 coches, 40 hectáreas y 89 viviendas de las cuales cinco de ellas localizadas en la calle Monroy y en el número 8 de Paseo de Cala, 13-A y 20-30, quedaron completamente calcinadas.

El número 39 de la primera vía, una casa de madera de estilo americano era la de Valentín Sánchez Acosta, donde vivía desde el año 2002. Un año después de lo ocurrido, “lo único que se me pasa por la cabeza es que sigo vivo”, confiesa.

Ese domingo estaba solo cuando empezó a sentir un fuerte olor a humo. Su casa desapareció pese a que tenía a los bomberos en la puerta de su casa. “Estaba preparada para arder por fuera pero ardió por dentro porque el fuerte viento hizo volar las chispas”, apunta.

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Foto del sótano de la vivienda tras el incendio

Ropa, muebles, Valentín perdió todo, se quedó solo con lo puesto y lo único que alcanzó a llevarse es la riñonera con el documento de identidad y el carné de conducir. “Mis amigos tuvieron que prestarme ropa porque no tenía nada”, recuerda. Tuvo que sacar muchos papeles nuevamente y pagar para poder limpiar el que hasta hace un año fue su hogar. El Ayuntamiento lo ayudó con bandejas para los escombros. “Llené 13”, certifica.

Foto del sótano de la vivienda tras el incendio

Su madre vive enfrente. Por fortuna el fuego se paró en el barranco y su casa se salvó, “pero se gozó todo el espectáculo”. Después de 35 años viviendo solo “y a su manera” tuvo que regresar a vivir con su progenitora.

A día de hoy, la única ayuda que recibió es la del Ministerio de Medio Ambiente, 7.500 euros que cobró el mes pasado, una cantidad que “no le da ni para una caseta de obra y una cocinilla” y que tiene guardados “por si Hacienda se los reclama”.

“El año pasado aquí vino todo el mundo y no han ayudado nada. El único que lo hizo fue el Ayuntamiento”, subraya este santaursulero, que le buscó alojamiento pero a partir de una fecha, y al ganar más de 15.000 euros anuales, ya no tiene derecho puesto que hay más daminificados en peor situación.

El alcalde, Juan Manuel Acosta, envió ayer una carta a los vecinos afectados para comunicarles que el Consistorio sigue luchando para que, tanto el Cabildo como el Gobierno de Canarias y el estatal ofrezcan líneas de subvención a aquellas personas que sufrieron daños en terrenos, enseres agrícolas y en la producción, adaptadas al municipio, en el que la mayoría de los casos son minifundios y se corresponden con una actividad complementaria. “Si bien es cierto que todos los procesos se han visto ralentizados por la crisis sanitaria relacionada con la Covid-19, seguiremos poniendo todo nuestro esfuerzo para que esta situación se resuelva a la mayor brevedad posible”, expone en la misiva.

Valentín tiene 57 años con lo cual empezar de nuevo se le hace complicado. A su edad, dice, no le dan un crédito fácilmente “como si tuviera 30 años. Pero hay que seguir adelante, aunque a veces te vengas abajo, te levantas y sigues porque la vida es así”, declara.

Así veían los vecinos cómo ardía la vivienda.

Así quedó la vivienda después del incendio.