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Juan Méndez: “Me he dado cuenta de que he sido un privilegiado en el baloncesto”

Leyenda del CB Canarias, uno de los jugadores más importantes nacidos en las Islas, vivió la etapa dorada del baloncesto español. Hoy es uno de los responsables de que el Lenovo Tenerife siga creciendo día a día
Juan Méndez, en la tienda del CB Canarias SERGIO MÉNDEZ

Cuando antes de la pandemia muchas familias decidían celebrar sus cumpleaños en el Santiago Martín, algunos no sabían que la persona que les acompañaba en el recorrido es historia viva del canarismo y del deporte canario. Orgulloso palmero, cuando Felipe Antón le dijo que no servía para el baloncesto se picó y el resto de la historia la conocemos. Seis ascensos a la máxima categoría, leyenda del CB Canarias e ídolo en Cáceres. Siempre con una sonrisa en los labios, uno se pregunta: ¿a quién le puede caer mal Juan Méndez? Quizás a Karl Malone.

– A usted, de adolescente en La Palma, le dicen que se olvide de jugar a baloncesto, que aquello no era lo suyo…
“Bueno, digamos que ese fue el final de la historia. Yo nazco en Mazo, pero me voy a Santa Cruz de La Palma, donde habían estudiado mis hermanos. Aquello suponía una gran oportunidad, porque yo vengo de familia humilde. Creo que fue la mejor decisión que tomaron mis padres, porque fue fundamental para mi desarrollo personal. Allí descubrí el baloncesto gracias a la OJE (Organización Juvenil Española), porque organizaban unos torneos de verano. Aquello era un punto de encuentro para niños y jóvenes. El Tinder de aquella época. Habían dos equipos, Buitres y Ajax, que protagonizaban una gran rivalidad, eran un espejo para todos. Cuando Felipe Antón a La Palma empieza a seleccionar jugadores y a mí, tras verme jugar, me dijo que quizás era mejor que me dedicara a jugar a fútbol. Aquello me marcó, me hirió en mi orgullo, mi ego personal. Le dije que tenía ilusión por el baloncesto, que quería jugar. En el primer partido de liga fui titular. Aquello me motivó”.

– Porque usted empezó a jugar muy tarde al baloncesto.
“Con 13 años. A los 17 estaba en el primer año júnior del CB Canarias. Con el Instituto La Palma vinimos a competir a Tenerife, a jugar con el Juventud Laguna. Imagine, nunca habíamos salido de La Palma, veníamos acojonados. Pues ganamos 4-144 y aquello marcó nuestra temporada, porque nos dimos cuenta del nivel que teníamos. Recuerdo que el entrenador del Juventud era Víctor Donato, era consciente del talento que teníamos en el equipo. Jugamos la fase final pero al Nacional accedió al Náutico. Solo perdieron contra nosotros en La Palma. Era un gran equipo, con Felipe Coello de entrenador. En el Campeonato de España cayeron ante el FC Barcelona. Es curioso, a excepción de Juan Carlos Recuenco y Bambaya Aguilar, ninguno llegó a la élite, que era algo que se auguraba. Nosotros siempre decíamos que solo habían perdido con el Barça y con nosotros”.

– Para la gente joven de ahora, que un niño cambie Mazo por Santa Cruz de La Palma y luego Tenerife le parecerá casi una tontería, pero en aquella época era un mundo…
“Totalmente. Era conocer a gente nueva. Ir a la OJE fue de mucha ayuda aunque aún hoy recuerdo mi primer tiro a canasta. Fue con un balón de caucho y, por aquella época, como solo había uno, lo que se hacía era que uno tiraba y todos los demás esperaban a coger el rebote para poder lanzar. Ese era nuestro entretenimiento. Como yo veía a chicos más pequeños que yo que tiraban y llegaban bien al aro, me animé: pues no llegué ni a mitad de distancia. Y no me puse muy lejos. Pasé un vergüenza tremenda”.

– Tenía que tener mucho de talento natural para que el Baskonia se fijara en usted siendo juvenil…
“Fue en La Gomera, en una Operación Altura que se realizó allí. Fui con otros compañeros del Instituto La Palma, Orlando y Luis Martí Sa. Allí estaba Iñaki Iriarte y Pepe Laso. Con Iñaki en 15 días aprendí muchísimo y, tras una semana allí, me dijo que tenía todo listo para llevarme a Vitoria. Me dijo que creía que en seis meses estaría jugando con el primer equipo, pero para aquel entonces Pepe Cabrera ya había hablado conmigo para firmar en el CB Canarias. Con 17 años me pareció que era demasiado. En esa época, Vitoria se asociaba al terrorismo, a la violencia… Si ya era mucho dejar La Palma por Tenerife, imagine Vitoria. Decir no al Baskonia y sí al Canarias es algo de lo que no me arrepiento en absoluto. Aquello me motivó mucho, porque algo me vería para querer llevarme”.

– Iñaki Iriarte entendió que dijera que no, porque partir de ese momento su relación fue inmejorable.
“Tanto que cuando llego al Canarias voy a una concentración con la selección española júnior y, antes de regresar, me fui una semana a Vitoria a entrenar con él. A día de hoy mantengo esa amistad. Él es muy dado a venir a Tenerife y siempre intentamos vernos. También es muy amigo de Aniano”.

– Antes les costaba irse jóvenes y ahora parece que desde que llega una propuesta de fuera, aunque no sea mejor objetivamente, quieren irse sea como sea. ¿A qué se debe?
“Eso lo viví cuando fui consejero del Tenerife Baloncesto. Recuerdo los casos de Álex López y Nacho Guigou. Varios consejeros nos citamos con sus padres, y les dijimos que lo que no podíamos hacer era ponerle puertas al campo, que si un jugador como Sergio Rodríguez aparece, no podemos retenerlo, pero que si hay una posibilidad de que un chico pueda entrenar con profesionales, si tiene el talento, el crecimiento será exponencial, mucho más rápido. Ahora, poco a poco, hemos logrado que eso cambie en cierta medida por el crecimiento del CB Canarias”.

– ¿Qué pasó para que se diera aquel boom del baloncesto en los años 80? Ahora no se da teniendo más herramientas de difusión, por ejemplo.
“Hay muchos factores. Quizás uno de ellos sea la saturación, hay mucha oferta de ocio. Otro puede ser que aquellas plantillas estaban llenas de jugadores nacionales, con los que el público se identificaba más. Entiendo que para un aficionado del Canarias ver a Sasu Salin meter un triple tiene que ser la bomba, pero si ese jugador fuera de aquí, si ese rol lo tuviera alguien de la Isla, para el aficionado ese jugador sería aún más importante. El hincha siente devoción por los colores del equipo, pero en aquella época la identificación con los jugadores era mayor. Y el fútbol. Da la impresión de que tenemos que hacer un esfuerzo mucho mayor para, como mínimo, tener la misma posición, algo que nunca vamos a tener. El ejemplo de ahora, en Tenerife, es bueno. El Canarias puede aportar mucho como escaparate publicitario de cara al exterior, es infinitamente superior si lo comparamos con el CD Tenerife. Hablo de ahora, no cuando jugaba la UEFA, que era una situación totalmente distinta. Es complejo. Es difícil, lo digo por la labor comercial que hago en el club, lograr que se apoye a fútbol y baloncesto de igual manera”.

– ¿Han logrado dejar de ser el equipo de La Laguna para ser el equipo de Tenerife?
“Sí, y me siento partícipe de ello. Una de mis labores fundamentales al entrar al Canarias es hacer ver que el equipo, que nace en La Laguna, es, al final, un club de toda la provincia. Hemos querido acercar al equipo y es algo que, poco a poco, lo percibo: hemos crecido. Cuando visitas los municipios ves que se logra ese arraigo”.

– Eso en una isla de Reinos de Taifa en lo que se refiere al baloncesto en particular y el deporte en general…
“Creo que eso ha ido cambiando. Yo en los ayuntamientos me encuentro con que ven que queremos colaborar, nunca imponer. Creo que nuestro proyecto cautiva por la forma, porque no exigimos y porque intentamos que todas las partes salgan beneficiadas. Queremos tener aficionados en Santiago del Teide, en Guía… en todos los municipios de la Isla. En Adeje, por ejemplo, nos sentimos como en casa. Gracias al programa Juego Limpio logramos crecer en el Sur, algo que se trasladó a todo Tenerife. Casi todos los municipios de la Isla colaboran con nosotros. Y no me refiero solo a cuestiones económicas, sino a estrechar lazos. Solemos encontrarlos muy receptivos”.

– Si al Juan Méndez de los 80 le dicen que CB Canarias y Náutico van a estar vinculados: ¿lo habría creído?
“Esa rivalidad hizo que los dos clubes creciéramos. Los dos equipos estaban llenos de canarios, por lo que las aficiones estaban aún más volcadas. Había que ver aquellos partidos en la Avenida de Anaga y en el Luther King. El ambiente era impresionante. Cuando Rubén Rodríguez, suegro de Nacho Yáñez, llega al Canarias, hubo una posibilidad de que yo fuera al Náutico, que no deja de ser paradójico. Me quedé y fuimos campeones de Primera B. Elegí bien. Pero sí, era impresionante. Una vez se lo dije a un jugador del Canarias que, con todas las redes sociales que manejaba él, a nosotros, por la calle en La Laguna, nos conocía todo el mundo, pero todo el mundo. Literal. Algo que con ellos no ocurría. Me acuerdo de ir a Málaga y venirme un hombre a pedirme un autógrafo, otro en Zaragoza… Aquello era tremendo para mí”.

– Fue siempre un jugador de mucho carácter, quizás por eso las llegó a tener nada más y nada menos que con Karl Malone. Eso son palabras mayores.
“Sí, en un torneo con el que fuimos a Taiwan con el CB Canarias. Estados Unidos llevó a Malone, Danny Manning, Brad Daugherty o Winston Bennett, que luego vino a jugar al Tenerife AB. Nosotros veíamos los partidos detrás de las canastas y él estaba con los pies en alto, sentado justo por donde teníamos que pasar, pero sin dejarnos. No los quitaba, ¡eh! Como no se movía le agarré las piernas y se las quité yo. La experiencia del torneo fue genial. Me acuerdo del Hotel Mandarín, que podríamos compararlo con el Mencey nuestro. Estaba lleno de niños y niñas en la puerta que querían sacarse fotos con nosotros y te pedía firmas. Además, fue muy gracioso, la dueña del hotel tenía una asistenta que se enamoró de Carmelo Cabrera. Todos nos reíamos mucho”.

– Siendo ídolo del Canarias resulta que se va al Gran Canaria. ¿Por qué?
“Fundamentalmente, por culpa de Germán González (risas). Yo tenía minutos con Germán, pero mi mujer había sacado las oposiciones y yo estaba, y estoy, muy enamorado de mi mujer, con la que hice 34 años de casado en enero, por lo que me voy con ella porque le dan destino en Las Palmas. Firmé por el Toshiba Claret por dos años con la suerte de que, solo dos meses después de haber llegado, amplié a tres años. Aquello me dio estabilidad, pero, tras firmar otro año más, hubo un cambio de directiva. Pepe Moriana era presidente, Lisandro vicepresidente y Berdi dejaba de jugar y, por una tontería, porque era una diferencia muy pequeña de dinero, tras haber renunciado a un contrato muy importante en Orense, me quedé colgado. Me fastidió mucho. Hubo una opción en Andorra, pero acabé en Cáceres”.

– ¿Qué sabía de Cáceres?
“¿Sinceramente? Nada. Sabía por dónde podía estar, pero, si me preguntan, lo habría situado junto a la frontera con Portugal. Pues pasé allí dos años bonitos a más no poder, porque tuve la suerte de coincidir con un grupo de personas maravillosas. Roberto Gómez, el cuñado de Salva Díez, con Gabi Abrines, el padre de Álex, el jugador del Barça, con el checo Jiri Okac… Fíjese como son las cosas que aún hoy tenemos un grupo de WhatsApp con el que mantenemos el cotacto”.

– Allí logró uno de sus seis ascensos a la máxima categoría.
“Fue casi mágico, porque, poco a poco, comenzamos a ganar partidos, a creérnoslo. Eliminamos en play-off al Canarias y luego, la final, fue con el Prohaci Mallorca. Llegamos al quinto partido y, quedando segundos, le llegó el balón a Jordi Freixanet, mete la canasta y, con un segundo por jugarse, la gente invadió la pista y se dio por terminado el partido. Recuerdo el recibimiento en la Plaza Mayor, con 10.000 personas allí, me acuerdo que la gente dormía por fuera de las taquillas para comprar las entradas. Era algo impresionante. Si jugábamos las 18.30, llegabas tres horas antes y ya estaba lleno el pabellón, algo que me gustaba, porque yo siempre me identificaba mucho con el público”.

– Y allí lo llamaban el Rana, que no es porque usted saltara mucho…
“Allí y en Tenerife, en Gran Canaria no. Esto es un apodo que llega de La Palma, aunque la gente pensaba que era por eso, porque saltaba mucho y nada más lejos de la realidad. En La Palma se usa mucho eso de los motes por familias. Yo conozco Pulgas, Ratones, incluso Sergio el Loro, un personaje muy conocido y popular en la Isla. Pues en mi familia, por parte de padre, éramos los Rana. De ahí mi sobrenombre. Por parte de madre, los Turumbos”.

– De Cáceres regresa al Canarias…
“El segundo año me quedo en ACB en Cáceres porque me prometen que pueden llevar a Isabel, mi mujer, en comisión de servicio a Extremadura, pero eso no sale. Lisandro, ya presidente del Gran Canaria, me insiste a su vez para que regresara, pero yo necesitaba una respuesta rápida y opté por seguir en Cáceres. Jugué poco en ese segundo año, porque había jugadores de allí con contratos muy importantes en lo económico”.

– Volvió un curso después al Canarias.
“Mi mujer tenía destino en La Laguna y me dije que o jugaba en el Canarias, o me retiraba. Durante dos años, ella iba cada 15 días a Cáceres, era un pastizal. Recuerdo que yo no tenía teléfono y me iba a la cabina y me volvía loco metiendo monedas de veinte duros. Me reuní con Benigno Afonso, que es como si lo estuviera viendo ahora mismo, al pobre, que en paz descanse, y firmé por tres años. Tuve la mala suerte de que se llevó a cabo la fusión que dio como resultado el Tenerife Canarias y, con 33 años, era demasiado viejo para ese proyecto. Lo he hablado con algún jugador: yo he sido un privilegiado en esto del baloncesto. Jugué en una época como aquella, en la que pude ganar dinero y disfrutar muchísimo de este deporte”.

-El entrenador de aquel equipo era José Carlos Hernández Rizo, que es muy amigo suyo.
“Y lo entendí perfectamente. José, para mí, más que amigo, es un hermano mayor o un padre joven. Es de las personas a las que más cariño le tengo. Primero, por su talante. Yo tuve momentos con él en los que jugaba más y otros en los que jugaba menos. José Carlos se ha ganado el cariño de todos los jugadores de sus plantillas siempre. Ha sabido tener contento al que jugaba y al que no, al menos conmigo lo consiguió. Creo que se le ha reconocido hasta poco la labor que ha desarrollado en el baloncesto de Canarias”.

Juan Méndez, en las gradas del Santiago Martín SERGIO MÉNDEZ

– Ya retirado le da por la ropa.
“En Cáceres conocí a un empresario que tenía ropa de hombre y yo quería montar aquí esa franquicia, pero es verdad que en la Península creo que la gente, con la costumbre, por ejemplo, de tomar el aperitivo, el hombre se viste mucho más, algo que aquí no lo hacemos, aquí lo hacemos un poco por impulso, rápido. Entonces lo descarto. Bueno, por eso y porque uno de los implicados había pegado un pufo fugándose con las cuotas de franquiciados de muchos, eran casi 100 millones de pesetas, así que lo dejé. Mi concuño en aquel momento tenía tiendas de ropa de mujer y me decido por ello. Si lo llego a saber lo hubiera hecho mucho antes porque en aquella época se ganaba bastante dinero. Luego decae la industria textil y tuve que cerrar”.

– Luego colaboró en un proyecto en La Laguna antes de regresar a su CB Canarias
“Era en colaboración con el Consejo Superior de Deportes y era precioso. Junto a José Correa, jugador de balonmano, Yazmina Hernández, jugador de voleibol, apoyábamos un poco en cada una de nuestras disciplinas a profesores de Educación Física de diferentes colegios. Hacíamos un gran equipo los tres, eran dos personas espectaculares. Estando en ese proyecto inicio un tema comercial de seguros y colaboro con el Canarias en su 75 aniversario. Estaba en tres cosas a la vez. Al principio estaba más perdido que el barco del arroz. Imagino que Federico García Soto y Belén Cabrera pensaría ‘menuda losa nos cayó encima’ (risas), pero, al final, es como el agua, que vas buscando tu camino. Poco a poco vas asumiendo más responsabilidades en un club como este, en el que se trabaja codo con codo. De fuera se ve la labor deportiva, del equipo de jugadores, y dentro, la de los trabajadores, creo que cada vez tenemos más reconocimiento a todos los niveles. Eso es muy importante”.

– Para desconectar, juega mucho al pádel.
“Empecé jugando a baloncesto en la Liga de Veteranos, pero te encuentras con chicos que tienen 20 años y que creen que estás al nivel de cuando eras profesional, pero tú no puedes competir con un chico que tiene esos 20 años menos, es normal. La Liga de Veteranos se convierte un poco en el desfogue de la gente, de las frustraciones en el trabajo y demás y llega un momento que te cansas. Yo recuerdo de jugar un partido con José Carlos Cabrera, al que convencí, y, como si lo estuviera viendo, nada más acabar, me dice ‘yo no vengo más’. Tuve la oportunidad y la suerte de ir a jugar a fútbol sala con gente como Luis Delgado, Lolín o Francis, el tejinero, que verían que yo era un paquete, pero me divertía. Francis, por su manera de comportarse jugando, me dio grandes momentos. Él era defensa, pero luego nos vacilaba a todos allí. Era divertidísimo. Justo compramos un apartamento en Las Caletillas, al lado del Punta del Rey y yo veía que varios de mis vecinos iban a jugar a pádel, que al principio no me convencía”.

– Y no conocía mucho, porque jugó la primera vez…
“¡En cholas! Porque yo pensaba que era fácil. Además, tiendes a dar pelotazos todo el rato, cuando no es así. Es un deporte que te permite jugar todos los días y que practica gente de baloncesto como Fernando Esquivel o Fernando Llombet. Si vienes del deporte en equipo, como yo, eres solidario, aceptas tu error como el error del equipo, no tienes mentalidad egoísta. Los partidos mixtos son una gozada, porque la pelota está siempre en juego, ellas son muy técnicas jugando. Intento jugar casi todos los días. Te dejas una pasta, pero la satisfacción es enorme”.

– Ojalá todo esto pase pronto, que vuelva aquella normalidad en la que el público regrese a los pabellones.
“Creo que esta temporada tenemos la mejor plantilla en la historia del club. Nos queda muchísima pena que el público no pueda disfrutar de este equipo en la cancha. Ojalá los veamos de nuevo más pronto que tarde”.

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