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Montse, una ‘madre’ para los chicos de Las Raíces

Esta profesora, conocida en El Sobradillo por su activismo social, ha llevado comida y material escolar al campamento de acogida a migrantes, donde asegura que es respetada
Para Monserrat Conde, de 86 años, cualquier persona puede ser “solidaria” y asegura que sus acciones son noticia debido al mal concepto que en España se tiene de los mayores. FRAN PALLERO
Para Monserrat Conde, de 86 años, cualquier persona puede ser “solidaria” y asegura que sus acciones son noticia debido al mal concepto que en España se tiene de los mayores. FRAN PALLERO

“Mamá”, así llaman a Monserrat Conde, vecina de El Sobradillo, los jóvenes que permanecen en el campamento de acogida de Las Raíces. “Aunque yo les digo que más que su madre, podría ser su abuela”, comenta esta tinerfeña de 86 años, conocida por participar en numerosas iniciativas solidarias -hace una semana llevó un caldero de rancho a los migrantes- así como por su activismo social.

Montse cree que su acto de generosidad con los jóvenes que se encuentran en el recurso de emergencia que Accem dirige en La Laguna no tiene nada de “extraordinario” y afirma que si se ha visto “como una novedad” es porque la sociedad no está acostumbrada a que “las personas mayores hagan cosas”.

“Si soy noticia es porque la gente no está acostumbrada a que, por edad, no por mente, los mayores seamos activos. Muchos consideran que los viejos no servimos para nada y las residencias se han convertido en morideros”, critica algo indignada.

Ahora quiere que su ejemplo sirva para demostrar que “todo el mundo tiene algo que aportar a los demás”, lo que en su opinión, empieza por el propio empoderamiento: “No me parece bien que haya quien ponga como excusa que yo ayudo porque soy profesora o porque he estudiado. Cada uno tiene que valorarse y saber que tiene cosas por ofrecer”, apunta.

“ELLOS ME ESCUCHAN”
En el tiempo que Montse lleva acudiendo al campamento, asegura haber detectado que el papel que tienen las personas longevas en otras culturas, como la marroquí o la senegalesa, es muy diferente al que se les da en España: “Los chicos de Las Raíces tienen la costumbre en sus comunidades de respetar a las personas mayores. Así que yo lo que les pido es que, como ellos me respetan a mí, tienen que llevarse bien entre ellos”.

Además, esta canaria a la que los migrantes han adoptado como ‘madre’ cuenta que en los últimos días se han producido algunos conflictos entre los jóvenes y anticipa que les reñirá cuando les vea: “Ellos siempre me escuchan”, afirma muy seria.

Esta semana ha acudido a Las Raíces en varias ocasiones, una de ellas para llevar material escolar que pueda ser útil en la escuela improvisada que se ha creado para enseñar español a los usuarios del recurso de emergencia.

“Me emociona ver cómo todo surge de forma improvisada y la gran imaginación que tienen las personas solidarias. Con una pizarra vieja hay quienes están dibujando objetos y enseñándoles el nombre en español de cada cosa”, cuenta.

El pasado martes Montse donó material escolar para que los migrantes puedan usarlo en sus clases de español. F. P.
El pasado martes Montse donó material escolar para que los migrantes puedan usarlo en sus clases de español. F. P.

Un material escolar que también sirve para hacer activismo. Barcos y aviones de papel y carteles con mensajes como “queremos salir” son para Montse, versada en formas de protesta, “fundamentales” para que el mensaje de unos chicos que sólo quieren viajar desde Canarias hasta la Península o Europa llame la atención.

Hasta el recurso de acogida se han acercado también, relata, distintos abogados para asesorar a los migrantes e “incluso se han ofrecido a acompañarles hasta el aeropuerto” para velar en todo momento por el cumplimiento de sus derechos.

Y el último de los ejemplos de solidaridad ha sido el de la peluquería y barbería de Patri. “Yo estoy muy contenta con toda la gente que se ha apuntado para ayudar, son un ejemplo de que, por mucho que estos días se diga de racismo, hay gente buena, y es mucha”, celebra Montse.

UNA VIDA DE LUCHA
Antes de mudarse a El Sobradillo, esta tinerfeña no podía estarse quieta en un lugar durante más de cinco años. Ya de pequeña era muy independiente, a los seis años un camión le pasó por encima y su madre llegó incluso a amarrarle a una pata de la cama para que no se escapara.

En los últimos años se ha instalado en el municipio santacrucero, que es el lugar en el que más tiempo ha pasado y que le “encanta” porque con sus vecinos se siente “en familia”: “Son personas muy luchadoras y que han estado batallando para que aquí mejoren las cosas, como María Medina, presidenta de la Asociación de Vecinos”.

De ese activismo es fruto la plaza de La Papa, que después de años pidiendo al Ayuntamiento que la arreglara, los vecinos tomaron para plantar y celebrar una fiesta en honor al tubérculo.

Montse y María también recuerdan cómo en 1984 llegaron a cortar la calle Méndez Núñez como forma de protesta, o cómo más tarde hicieron una sentada para que pusieran semáforos en Barranco Grande. Y los vecinos también llegaron a plantar árboles para embellecer el barrio y fabricaron su propia cancha de bochas.

Para Montse, acciones como aquellas cada vez son menos frecuentes y señala que ahora el “individualismo” se ha apoderado de gran parte de la población de El Sobradillo, su “barrio-pueblo”.

Además, esta falta de vida en sociedad se habría agravado a causa del coronavirus. Cada vez son menos las personas que acuden a las actividades de la Asociación de Vecinos y tanto a Montse como a María les preocupa que la escasez de relaciones sociales permanezca una vez acabe la pandemia.

Por todo esto, animan a cada ciudadano a “empoderarse” y “actuar” a favor de la comunidad. “Somos seres sociales, con el primero yo y después yo no se llega a ningún sitio. En los lugares en los que se lucha se consiguen las cosas, mientras que si te quedas sentado todo seguirá igual”, sentencia la octogenaria.

Una calle de El Sobradillo lleva su nombre desde el pasado 8 de marzo

Como homenaje a su compromiso social, una calle de El Sobradillo, el ‘barrio-pueblo’ de Montse, lleva desde el pasado 8 de marzo su nombre. Esta vecina ejemplar fue docente en Tenerife y La Palma y ha llevado su solidaridad a distintos países del mundo.

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