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Catalina Darias Delgado, enfermera: “Pedimos al nuevo Gobierno que se note que hay un cambio real en la forma de hacer las cosas”

Catalina Darias, Coordinadora de Intersindical Canaria, afirma que la Sanidad pública hay que defenderla como propia, sin desprestigiarla por una campaña electoral
Catalina Darias Delgado, enfermera y coordinadora de Intersindical Canaria. Sergio Méndez
Catalina Darias Delgado, enfermera y coordinadora de Intersindical Canaria. Sergio Méndez

Hace unas semanas que el Hospital Universitario de Canarias (HUC) está sufriendo una “campaña de desprestigio” según afirma Intersindical Canaria (IC), la organización con mayoría absoluta en el Comité de Empresa con 14 miembros, llevada a cabo por otra organización con una presencia escasa en el centro con la vista puesta en el próximo 9 de junio, jornada de elecciones sindicales. Catalina Darias, coordinadora de Intersindical Canaria, afirma que la Sanidad pública hay que defenderla como propia, sin desprestigiarla por una campaña electoral. Recuerda que la mayoría de los problemas del HUC se deben a la discriminación que ha sufrido en los últimos años en los presupuestos y que se han materializado en que no se haya firmado el Convenio Colectivo, lo que significa “un montón de derechos laborales secuestrados” que emanaban de cuando pertenecían al Cabildo.

-¿Cómo está soportando la Sanidad canaria esta pandemia?
“Los trabajadores estamos agotados, el personal que brega contra esta situación diariamente tiene una gran fatiga pandémica, llevamos más de un año y no ha habido un descanso, los picos epidémicos se han ido sucediendo sin parar, sin podernos dedicar a atender las otras patologías, en una Sanidad como la canaria donde tenemos la ciudadanía más enferma del conjunto del Estado, y con patologías prevenibles. Ahora están apareciendo complicaciones que hacía mucho tiempo que no se veían, porque la atención telefónica no es igual de eficaz que la visita al médico. Esa segunda gran onda epidémica no COVID que se está gestando será un gran escollo cuando el coronavirus afloje. No habrá capacidad de atender a esta ola asistencial, que provocará una gran morbilidad y una alta mortalidad, todo lo que es la lista de espera que si no aumenta más, con 100.000 canarios en demora, es porque hay una ralentización en los procesos y no se está incluyendo a todos”.

-¿Qué opina del Plan Aborda?
“Nos preocupa este Plan, ya que se ha perdido la oportunidad de poner al día la Sanidad Pública dotándola de recursos humanos y materiales suficientes para que pueda hacer frente a todos estos procesos. Aquellas promesas electorales de retornar lo público y concertar lo mínimo quedan en saco roto y volvemos a asistir a un incremento espectacular de las concertaciones, bajo la excusa que la pública no tiene capacidad, y no la tiene porque no se ha gestionado con una adecuada dotación de recursos. Nos preocupa que se siga planificando con la vista puesta en el sector privado y concertado que, por otro lado, han tenido una participación de pena en la pandemia”.

-¿Qué ha pasado para que el HUC llegue a esta situación?
“El HUC es un centro importante dentro de la Sanidad canaria, con unas características propias, que se integró hace 12 años en el Servicio Canario de la Salud (SCS) y ha estado sometido en estos años, por unas razones que desconocemos, a una discriminación presupuestaria por parte de los distintas gobiernos. En el momento de la integración ya tenía un déficit de unos 600 trabajadores en relación con las ratios de población asistida, en comparación con los otros tres hospitales de tercer nivel. En aquellos acuerdos de integración se hablaba de compensar en positivo al HUC en la creación de nueva plantilla. Doce años después, nos encontramos con la misma discriminación en la plantilla que conlleva una sobrecarga laboral inusitada en los profesionales que, además de estar maltratados por las condiciones laborales lo están por el abuso de temporalidad, opten por hacer su vida profesional en otros lugares. También tenemos una discriminación en cuanto a infraestructuras, el HUC tiene un edificio que va a cumplir 50 años, con graves déficits, sobre todo en las áreas de cocina, farmacia, laboratorios o almacenes. En nuestra reunión con el alcalde de La Laguna, Luis Yeray Gutiérrez, le transmitimos la necesidad de, por un lado, interceder para acometer las infraestructuras que hay pendientes, y, por otro, en la necesidad de que el consistorio cediera unos terrenos para la construcción de un nuevo hospital en virtud de los informes técnicos, que no le dan más de 15 años de vida a la actual estructura. Las infraestructuras dañadas y pendientes de revisión no pueden esperar, y hay que acometerlas al ser puntos neurálgicos del hospital. También hay un problema en la climatización y confort de las unidades de hospitalización, donde es imposible permanecer en unas condiciones dignas tanto en invierno como en verano. La COVID ha arrojado también la necesidad de incrementar las camas de hospitalización. Desde hace unos meses está operativo el cuerpo M, con camas destinadas para Urgencias, y hace unos días comenzó a funcionar una de las plantas del cuerpo D, en la que se trasladarán a los pacientes sociosanitarios. Creemos que a la actual dirección le hace falta un impulso de rebeldía en la defensa del HUC, porque existe una discriminación demostrada. Hemos visto leves mejoras, pero no vemos partidas presupuestarias para colocar al HUC a la par que el resto de hospitales”.

-¿Cómo ha pasado de ser la joya de la Sanidad bajo la tutela del Cabildo a estar casi a la cola de los hospitales de referencia?
“La discriminación presupuestaria ha llevado a perder un capital humano valiosísimo, formado y con gran carga intelectual. Otrora el HUC fue la referencia obligada del conjunto de Canarias para muchos procedimientos y, poco a poco, esa situación ha ido cambiando y ha pasado por un proceso silencioso de desmantelamiento que ha contado siempre con nuestra oposición. También tras la integración en el SCS el personal está discriminado al no ser reconocido plenamente, porque estamos aún pendientes de la firma de un convenio colectivo que lleva pendiente desde 2014, y llevamos desde 2019 de la jubilación parcial. Además, la reducción de personal es debida a que trabajan lo que les pertenezca y mucho más, con un clima laboral que no es el adecuado por las altas cargas u otras veces también es debida a la toma de decisiones de la dirección. El conjunto de la merma en la dotación de efectivos, la reducción de las aportaciones presupuestarias y el abandono de las infraestructuras ha llevado al HUC a lo que es ahora. Además, nos transfirieron a la población de la Isla Baja sin contrapartida económica. Cuando se construyó la UVI en el 2000, no se pensó en en un hospital para atender a más de 600.000 personas. Hay una serie de déficits que se han afrontado con las mismas infraestructuras obsoletas, con el mismo personal y sin dinero”.

-Los problemas en el HUC llevan años empantanados. ¿Quién gana desprestigiando al centro?
“Tenemos una Sanidad pública secuestrada que se gestionaba creando deficiencias, generando listas de espera, infradotando la pública deliberadamente, para después justificar que la privada era necesaria y había que concertar muchísimo. Así estuvimos 25 años, prorrogando los conciertos de manera tácita, en fraude de ley. Hay una manía de un continuo desprestigio al HUC, pero hay que recordar que sigue siendo un centro hospitalario público de tercer nivel integrado por grandísimos profesionales. Este ha sido un centro que, a diferencia de cualquier otro en Canarias y en el país, sigue manteniendo con mejores resultados y eficiencia unos servicios públicos de limpieza, una lavandería pública que lava tanto para el HUC como para la Candelaria, o una cocina pública que no depende de ningún catering. Los trabajadores del HUC desde siempre han sido unos defensores del carácter público de todas y cada una de sus instalaciones. Recuerde la guerra cuando se privatizó la parcela del parking que se ganó en sentencia judicial el aparcamiento gratis para los trabajadores, o el enfrentamiento al crear Imetisa para hurtar la resonancia y la cámara hiperbárica”.

-¿Qué conflictos se han generado en los últimos meses?
“El HUC siempre ha sido un centro combativo. Algunos sindicatos la dirigen a través de denuncias en inspección de trabajo, bien en la propia gerencia, o hacen acciones reivindicativas como encierros, manifestaciones, etc. Otros la canalizan de una manera equivocada a través de los conflictos internos de los propios trabajadores, que ha caldeado el clima laboral. En los conflictos publicados en prensa, aparece uno en el área de fontanería con un preaviso de huelga que, respetando su amparo legal, está mal enfocado y los motivos que se describen en prensa no tienen nada que ver con los que realmente plantea el preaviso”.

-Urgencias no termina de cerrar sus heridas.
“No valoramos a quién nombra la gerencia para llevar el Servicio, lo que sí nos preocupa es que los puestos funcionales, de coordinación o de mando sigan siendo nombrados a dedo, cuando deben pasar por un concurso de igualdad, mérito y capacidad. Los problemas en Urgencias se redujeron con el estado de alarma, pero ahora no solo llegan casos de COVID, es que las personas que no han sido correctamente atendidas a lo largo de este año están viniendo con patologías complicadas, con necesidades asistenciales muy graves, con lo cual volvemos a la dinámica del colapso en Urgencias. A esto se suma la atención a los pacientes respiratorios, que van por una vía distinta, y a los migrantes del Centro de las Raíces, por otra”.

-¿Qué opinión tiene del nuevo equipo de la Consejería?
“Hemos entrado en otra dinámica, lo que sucede es que veníamos tan hartos durante 25 años, de ese crear deliberadamente las deficiencias para luego justificar la derivación, que cuando hubo el cambio en el gobierno las expectativas se elevaron demasiado y pensamos ver un cambio rápido, retornar a lo público todo lo que se había privatizado, el incremento en el personal que nos colocara en la media del Estado, en unas dotaciones en infraestructuras…, y tras dos años, con una pandemia por medio, la situación de cambio se ha ralentizado. No queremos pensar en la catástrofe en que se hubiera convertido esta pandemia bajo el gobierno neoliberal anterior, pero si pedimos al nuevo Ejecutivo que se note que hay un cambio real en la forma de hacer las cosas”.

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