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Roque Rodríguez, capellán del Hospital Universitario de Canarias: “El servicio religioso no tiene lista de espera”

Desde que empezó la pandemia, su trabajo en el centro hospitalario lo hace con una “actitud constante de servicio, y con la protección debida”, además lamenta con tristeza a los pacientes que se encuentran y se sienten solos
Roque Rodríguez de La Guardia, capellán del Hospital Universitario de Canarias

Roque Rodríguez de La Guardia cumple 30 años de sacerdocio –se ordenó en el año 1991-. Nació en Las Palmas de Gran Canaria, pero a los 16 años se trasladó a cursar sus estudios religiosos en el Seminario Diocesano de Tenerife.

Actualmente, es cura-párroco de San Pío X y de San Juan de la Cruz, en Ofra, y capellán del Hospital Universitario de Canarias (HUC).

La decisión de estar como capellán fue una propuesta “que el obispo me hizo y por obediencia lo aceptas”.

Comenzó en el conocido Hospital del Tórax, y al cabo del tiempo, “pasé al HUC, y llevo más de 16 años”. El servicio religioso que brinda lo compagina con otros dos compañeros: “Trabajo unos 11 días al mes compaginándolo con mis parroquianos”.

En la actualidad, y desde que empezó la pandemia, su trabajo en el centro hospitalario lo hace teniendo una “actitud constante de servicio, y con la protección debida”. Para Roque, “el servicio religioso no tiene listas de espera”, y lamenta con tristeza a los pacientes que se encuentran y se sienten solos.

El papel de los capellanes no solo es “atender, escuchar y asistir” a los enfermos agonizantes para darles la unción de enfermos, también “estamos junto a las familias, y del personal sanitario, siempre que lo necesiten, las 24 horas del día”; y “no siempre para hablar de lo espiritual, sino también de deporte, política, música…”

Ni ahora, ni nunca “ha sido fácil llevar unas palabras de esperanza y de ánimo a los enfermos y familiares”, destaca. Lo que tiene claro es que siempre camina por los pasillos con “una sonrisa en la boca”.

A los enfermos de coronavirus que “están entre la vida y la muerte” les perturba el alejarse de sus familiares, y “le temen a lo que es parte de estar vivos”. Son situaciones muy complicadas “que trato muchas veces con una mirada, un toque en el hombro, un silencio; no siempre es hablar, sino estar ahí, con todos, acompañando, estando visible”.

Ahora, con las restricciones en los hospitales “las familias no pueden ver como quisieran a sus seres queridos, pero ahí estamos nosotros”. El carisma de La Guardia lo hace ser cercano, y como él mismo destaca “sin miedo”, ni antes, ni después de la pandemia: “No he replegado las alas”.

“Siempre estoy al lado de los trabajadores”. Se siente querido y aceptado. “Formo parte del equipo”, y colaboro, “por sentido de solidaridad religiosa con otros credos religiosos – musulmanes o evangélico- “que los pongo en contacto con las personas de su religión”. “Respeto, no condeno a nadie, y siempre llamo a sus responsables, para su auxilio”.

Siguiendo las estrictas normas del hospital, cada “vez que visito a un enfermo con Covid, me coloco el EPI, bueno, más bien me lo ponen, porque no sé”, dice entre risas.

Entre estar y no estar en la Tierra hay una delgada línea, son muchos los sucesos que nos acompañan cada día, y Roque hay algo a lo que nunca se acostumbrará: “A bautizar a un recién nacido que sabes que solo le quedan pocos días u horas de vida”. Ahí “que quedó sin palabras, al ver, también a sus padres”.

Viviendo esta difícil época, en el interior de los hospitales, “felicito a todo el personal, desde el cocinero, pasando por los médicos, limpiadores, celadores… A todos. Son personas maravillosas”.

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