la palma

Isabel, la buena samaritana que ahora pide ayuda para operar a su hermano

Tras colaborar con ONG y trabajar para enviar dinero a su familia en Venezuela, Isabel se ve obligada a solicitar donativos para la intervención que necesita Juan Carlos, postrado en el suelo por el fuerte dolor
A la izquierda, Isabel González y su padre; a la derecha, Juan Carlos y la radiografía de su cadera, que se fracturó mientras iba en bicicleta | CEDIDAS

Lleva cerca de 40 años residiendo en La Palma, tras regresar a la tierra de su padre, que, como tantos otros isleños, emigró a Venezuela a mediados del siglo pasado en busca de un mejor porvenir. Ha trabajado en hostelería y restauración, rama en la que se formó en aquel país. Aunque muchos la recuerdan por su etapa en Cruz Roja, ONG con la que colaboró en las áreas de Intervención Social, Discapacidad o Teleasistencia. Y ahora, después de dar mucho por los demás, María Isabel González se ve obligada a pedir ayuda para pagarle una operación de cadera a su hermano, que, teniendo en cuenta la precaria situación de la nación norteamericana, se eleva a la friolera de 3.500 euros.

En el suelo -al ser una superficie lisa-, con una almohada en la cabeza, yace Juan Carlos en su casa de Maracay, en el estado de Aragua. Durante años se dedicó al turismo; fue botones en distintos hoteles. Pero con la irrupción de la COVID-19 y el parón de los desplazamientos aéreos, la vida lo empujó a una empresa de transporte, cuya propietaria, ante el agravamiento de la crisis sanitaria, meses más tarde tuvo que vender el camión con el que llevaba frutas y hortalizas a sus clientes. Se quedó sin empleo. No obstante, él seguía probando suerte. Y lo hacía pedaleando de un lado al otro con su bicicleta, ya que la pronunciada subida del precio del combustible en Venezuela ha condenado a los coches a estar arrinconados en el garaje.

¿Cuál fue la guinda de su desdicha? En uno de sus trayectos sobre dos ruedas, Juan Carlos tropezó y cayó, fracturándose la cadera. Según cuenta ahora su hermana Isabel, los dolores son insoportables y le imposibilitan moverse. Junto a ella, permanecen pendientes de lo que ocurre al otro lado del Charco los padres de ambos, que viajaron a la Isla Bonita poco antes de que estallara la pandemia y no han regresado. De hecho, sospechan que, como otros tantos compatriotas, en el supuesto de haber vuelto les hubiera deparado un terrible final, toda vez que las autoridades venezolanas se están viendo superadas por la incidencia del virus, teniendo lugar lamentables escenas en los hospitales.

Y en medio de ese contexto, Juan Carlos decidió acudir, con ayuda de su otra hermana -que también vive en el país-, a un médico privado; la única forma de sobrevivir en una nación sin recursos en la sanidad pública. Las noticias que le transmitiría el facultativo no serían muy alentadoras: necesita una prótesis si desea recuperar la movilidad, y para ello debe costear la intervención, que asciende a los 3.500 euros, sin contar con la ambulancia, que va aparte. Es por ello que Isabel, que tantas horas ha dedicado al prójimo, apela a la solidaridad de los palmeros para que su hermano vuelva a caminar. Quien desee colaborar puede hacer una donación al número de cuenta ES36 0182 3630 8602 0152 5612.

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