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Michael Collins, el famoso desconocido que rechazó la Luna

El 28 de abril emprendía su viaje hacia la eternidad uno de los grandes pioneros del espacio. Durante más de cinco décadas se ha insistido en definirlo como “el hombre que no pisó la Luna”, pero su historia fue mucho más que eso...
Collins posa con el traje de vuelo de la Gemini 10, su primera misión en la NASA, en julio de 1966, durante la cual realizó dos paseos espaciales. NASA

“Lamentamos comunicar que nuestro amado padre y abuelo ha fallecido hoy después de una valiente lucha contra el cáncer. Pasó sus últimos días en paz, acompañado por su familia.” Con estas palabras comenzaba el comunicado de la familia de Michael Collins que daba a conocer al mundo su muerte el 28 de abril a los 90 años de edad.

Collins fue uno de los catorce candidatos del tercer grupo de astronautas seleccionados por la NASA en 1963. Su primera misión fue la Gemini 10, en julio de 1966, junto a John Young. Durante los tres días que su nave permaneció en órbita, llevó a cabo dos paseos espaciales, siendo el primer astronauta en realizar más de uno y, además, en trasladarse de un vehículo a otro en el espacio.

Más tarde, Collins fue asignado a la misión Apolo 8, pero una hernia de disco cervical que requirió cirugía le apartó de la tripulación hasta su recuperación, siendo reasignado al Apolo 11 junto a Armstrong y Aldrin. Por entonces aún no se sabía con certeza qué misión sería la primera en alunizar, pero todo indicaba que si los Apolo 9 y 10 iban según lo previsto, el 11 sería el que se llevaría el gato al agua.

John Young y Michael Collins a la vuelta de la misión Gemini 10. NASA

Así sucedería finalmente y el 16 de julio de 1969 la misión Apolo 11 despegaba con rumbo a la Luna y destino a la Historia. Cuatro días después, el 20 de julio, Armstrong y Aldrin descendían a la Luna para plasmar en su polvorienta superficie las primeras huellas humanas. Mientras, Collins permanecía en órbita a bordo del Columbia, el módulo de mando, esperando su regreso. Durante las cerca de 24 horas que pasó solo en la nave, Collins orbitaría el satélite una treintena de veces en soledad y a casi 400.000 kilómetros de casa. En cada órbita, al pasar al otro lado de la cara oculta de la Luna, se sumergía en 48 minutos de completo aislamiento al verse interrumpidas las comunicaciones por radio. Irónicamente, esta situación haría que, aún siendo la persona que más cerca estaba de sus compañeros, fuera la única que no pudo escuchar el momento del alunizaje y las célebres palabras de Armstrong (“Este es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad”) al poner el pie en la Luna. “Cuando Neil pronunció sus famosas palabras yo fui el único que no pudo escucharlo; en ese momento estaba recorriendo la órbita por el lado oscuro de la Luna y mi radio no podía recibirlos ni a ellos ni a la Tierra. Creo que desde los tiempos de Adán nadie se había quedado tan solo”, aseguró en una entrevista posterior.

A pesar de su soledad y la presumible frustración por estar tan cerca de la Luna y no poder tocarla, Collins asumió su papel con satisfacción y disfrutó de la experiencia que le había tocado vivir: “El Columbia era un lugar agradable, seguro y cómodo. Tomé café caliente, tenía música y buenas vistas desde la ventana”, declararía convencido.

Sin embargo, un temor atenazaba su corazón desde mucho antes incluso de orbitar la Luna sin más compañía que sus propios pensamientos. Siendo el piloto del módulo de mando, su mayor responsabilidad consistiría en llevar a cabo las complejas maniobras para lograr capturar al módulo de alunizaje a su vuelta de la superficie, de modo que sus compañeros pudieran regresar sanos y salvos con él a la Tierra. Su excelente preparación fue lo que le valió que se le encargara tan delicado cometido, un trabajo a todas luces vital pese a su discreción. Cuando la maniobra concluyó con éxito y el túnel que unía ambas naves se abrió, Collins recibió a sus compañeros con una inmensa alegría y un cálido apretón de manos.

Desde la izquierda Collins, Armstrong y Aldrin, en un entrenamiento. NASA

“Mi mayor miedo durante los últimos seis meses ha sido dejarlos en la Luna y regresar solo a la Tierra. Si no logran salir de la superficie o se estrellan contra ella, no voy a suicidarme; volveré a casa de inmediato, pero seré un hombre marcado de por vida y lo sé”, llegaría a afirmar Collins. Siendo el miembro de la tripulación con mayor presencia de ánimo y sentido del humor, frente al reservado Armstrong y el pragmático Aldrin, no es sencillo imaginar que pensamientos de ese calibre llegaran a anidar en su mente, pero ahí estuvieron y solo él supo cómo logró lidiar con ellos en esos momentos.

Mientras el módulo de alunizaje se acercaba para acoplarse al Columbia, Collins tomó una fotografía a través de su ventanilla. En ella se puede ver al Eagle, con Armstrong y Aldrin a bordo y, al fondo, la Tierra. Sin saberlo, acababa de hacer un retrato de la Humanidad al completo… o casi. Él fue el único ser humano que no aparecía en la instantánea. ¿Se puede estar más solo?

EL HOMBRE QUE RECHAZÓ LA LUNA

“Adiós a Michael Collins, el hombre que no pisó la Luna”. Así titulaba la prensa prácticamente todos y cada uno de los artículos que informaron el miércoles de su fallecimiento, como si se tratara de un eco que repetía sistemáticamente cada sílaba de la poco original sentencia. Una frase que parecía casi diseñada para ser grabada sobre la propia lápida del astronauta. Sin embargo, pocos saben que Collins tuvo la oportunidad de pisar la Luna y la rechazó sin pestañear.

A lo largo de su vida tuvo que enfrentarse infinidad de veces a la misma pregunta: ¿No te molestó estar tan cerca de la Luna y no poder aterrizar? “Me sentí un privilegiado por estar en el Apolo 11 y tener uno de esos tres asientos. ¿Tenía el mejor de los tres? No. Pero me agradó el que tuve y estoy muy feliz por ello”, solía ser su respuesta casi invariablemente.

Puede que Collins tuviera que conformarse con ver pasar la Luna, muy cerca, desde su ventanilla, pero ¿cuántas personas pueden decir lo mismo? Muchos pensaban que lo decía siguiendo un guion y que en su fuero interno albergaba pensamientos diametralmente opuestos a sus palabras, pero la NASA le ofreció ser el comandante del Apolo 17, lo que le hubiera permitido caminar sobre la Luna, y él la rechazó de plano, retirándose de la agencia en 1970 y despejando de un plumazo cualquier duda sobre su humilde sinceridad.

Finalizada la misión y antes de comenzar una gira que llevaría a los tres astronautas a recorrer 21 países en un incesante baño de multitudes, ruedas de prensa y recepciones de mandatarios y personalidades, el trío tuvo la oportunidad de disfrutar de unos días de descanso en Maspalomas, Gran Canaria.

La espontaneidad, agudo sentido del humor y amplia cultura de Collins hicieron las delicias de periodistas y contertulios durante esas presentaciones y, a pesar de ser considerado por la prensa el miembro de la tripulación de menor interés por no haber pisado la Luna, supo brillar con luz propia sin otro recurso que su personalidad y encanto, eclipsando incluso a sus compañeros.

“Mike siempre enfrentó los desafíos de la vida con gracia y humildad y enfrentó este, su último desafío, de la misma manera. Lo extrañaremos terriblemente. Sin embargo, también sabemos lo afortunado que se sentía Mike de vivir la vida que vivió”, concluía el comunicado de la familia de Collins.

Collins repasa los procedimientos en el simulador del módulo de mando. NASA

El menos célebre del célebre trío de astronautas de la misión Apolo 11

Neil Armstrong, ‘Buzz’ Aldrin y… espera, ¿cómo se llamaba el otro? Así es como una gran parte de personas recuerda a la tripulación del Apolo 11. Michael Collins siempre ocupó un segundo plano en el trío de astronautas, pero no por ello dejó de sentirse ni por un segundo orgulloso de su vital cometido en la misión y satisfecho por el excelente trabajo que llevó a cabo. Sin embargo, incluso ahora, en el momento de su despedida, se sigue insistiendo en definirlo como “el hombre que no pisó la Luna”. Mientras Armstrong y Aldrin entraron en la Historia por la puerta grande, parece como si a Collins se le siguiera negando injustamente la misma gloria que a sus compañeros en una hazaña que no habría sido posible sin él.

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