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Biden frente al asedio de los trumpistas

Seis meses después de la insurrección en el Capitolio, persiste la amenaza
Asalto al Capitolio. | EUROPA PRESS

Seis meses después del asalto al Capitolio, el presidente de Estados Unidos emitió un comunicado declarando que incluso después del ataque más letal al Congreso en siglos, los principios de la sociedad democrática permanecieron seguros, aunque dijo que el motín había “planteado una crisis existencial y una prueba de si nuestra democracia podría sobrevivir”, añadiendo que “todos debemos continuar el trabajo de protegerla y preservarla”.


“La democracia es frágil”, había dicho el presidente Biden desde el momento de su investidura, y medio año después, las amenazas continúan.

Los radicales


El Departamento de Seguridad Nacional ha alertado sobre el potencial de violencia vinculada a la teoría de la conspiración de agosto. El Departamento advirtió de que el mismo tipo de retórica y narrativas falsas que alimentaron el ataque del 6 de enero contra el Capitolio de los EE.UU. podrían generar más incidentes este verano por parte de la derecha extremistas. 


Una teoría creciente entre algunos partidarios de Donald Trump de que el expresidente volverá a la Casa Blanca en agosto, creencia que él mismo ha alimentado en los recientes mítines en los que ha participado, está causando preocupación. La teoría es esencialmente una versión reciclada de otras narrativas falsas impulsadas por Trump y sus aliados antes y después del 6 de enero, alentando a aquellos que siguen negando su derrota en las elecciones de 2020. Pero la preocupación es lo suficientemente significativa como para que el DHS emitiera dos advertencias la semana pasada sobre el potencial de violencia este verano. Algunos partidarios de Trump aludieron a esa posibilidad durante un mitin en Ohio, donde fueron francos en su evaluación de lo que sucedería si el expresidente no fuera reinstalado a finales de este verano, llegando a decir, en su delirio, que habrá una guerra civil.


Esas preocupaciones han llevado al departamento a intensificar sus esfuerzos de trabajo con entidades estatales y locales policiales y no gubernamentales para detectar amenazas potenciales y mitigarlas.

Qué falló el 6 de enero


El ataque del 6 de enero expuso problemas de seguridad que incluyeron fallos de inteligencia, de comunicación, y advertencias desatendidas que finalmente llevaron a la respuesta caótica ese día.  Sin embargo, no ha habido una explicación completa del papel del Departamento de Seguridad Nacional en los errores de seguridad a pesar de los esfuerzos de investigación del Congreso y expertos externos hasta la fecha.


En los últimos meses, el Departamento ha intentado prestar más atención a las amenazas extremistas nacionales, realizando una revisión operativa, priorizando el intercambio de información y llegando al sector tecnológico, entre otras iniciativas. El Congreso está constituyendo un nuevo comité de investigación, después de que el primer intento sufriera un descalabro a manos de los legisladores republicanos.

Agosto en la mira


Además de la teoría de la conspiración sobre el restablecimiento de Trump, también es el aniversario de dos incidentes devastadores de terrorismo nacional: el tiroteo de 2019 en El Paso, Texas, el 3 de agosto, que mató a 23 personas, y el ataque de automóvil en Charlottesville, Virginia de 2017. No hay que olvidar que el verano ha empezado con mal pie, con más de 500 tiroteos durante el fin de semana del 4 de julio, que dejaron 233 muertos y unos 700 heridos en la nación norteamericana.


El gobierno está revisando las redes sociales en busca de amenazas explícitas de violencia en el período previo a los aniversarios de estos eventos. El FBI ha detallado cómo los partidarios de las teorías de la conspiración, en particular las que giran en torno a las elecciones de 2020, se animan más a tomar medidas en el mundo real tras el ataque del 6 de enero.  Existen, además, preocupaciones sobre el nivel de infiltración de extremistas en los cuerpos de seguridad. La amenaza de estas milicias seguirá siendo elevada a lo largo de 2021 debido a factores sociopolíticos, según la Administración.


Según CNN, en el reciente mitin de Trump en Ohio había personas que afirmaron ser miembros de los mismos grupos de milicias que enfrentan cargos federales relacionados con sus acciones el 6 de enero, personal con formación especializada, acceso a las armas, y una rabia abrumadora aún convencidos erróneamente de que les robaron las elecciones.

No se da por vencido


Esta semana, el expresidente Donald Trump anunció que presentaría demandas contra el presidente ejecutivo de Facebook, Mark Zuckerberg, y el presidente ejecutivo de Twitter, Jack Dorsey, por restringirle el uso de sus plataformas, a las que ha acusado de sesgo anticonservador, también presentó una demanda contra YouTube.


Las demandas sin mérito representan un intento desesperado de un expolítico asediado por acaparar los titulares después de ser expulsado de su cargo por los votantes en las elecciones presidenciales de 2020 y vetado de las plataformas que usó durante mucho tiempo como su megáfono después de la insurrección del 6 de enero. Pero Trump no tiene un caso legítimo que presentar. Por una parte, las empresas privadas no están obligadas a darle una plataforma. Por otra parte, hay una larga lista de precedentes que permiten al gobierno restringir el habla cuando se demuestra dañino. Algunas de las razones por las que la libertad de expresión puede estar legalmente restringida incluyen casos de difamación, amenazas inminentes y reales y un discurso que facilita los delitos y las invasiones de la privacidad, tratándose de empresas privadas, con más razón. Y por último, su insistencia en que las redes tienden a favorecer a los liberales, los estudios demuestran lo contrario. En el pasado, los tribunales estadounidenses han desestimado demandas similares por lo que no hay razón para no esperar un resultado diferente esta vez. O bien es una maniobra para tratar de conseguir simpatizantes y atención, o es una estrategia para crear una distracción sobre sus crecientes, y reales, problemas legales.

Un negocio redondo


El “tipo anterior” como apodó el presidente Biden a su antecesor, lleva seis meses fuera de la Casa Blanca, pero continúa haciendo de las suyas y utilizando su cargo para seguir metiéndose dinero de los contribuyentes en los bolsillos. El club de golf de Donald Trump en Bedminster, Nueva Jersey, le pasó una factura al Servicio Secreto de casi 10.200 dólares por las habitaciones utilizadas durante el primer mes de Trump en el club este verano, según muestran los registros de gastos recientemente publicados, a los que hay que sumar otras facturas que mostraban 3.400 dólares en cargos de Trump Bedminster antes de que llegara el propio exmandatario.  Desde que Trump tuviera que dejar su cargo en enero, los contribuyentes estadounidenses han pagado a las empresas del magnate más de 50.000 dólares por las habitaciones utilizadas por los agentes del Servicio Secreto, una tendencia que continúa sin visos de terminar. Si bien las leyes no prohíben a Trump cobrar los gastos del Servicio Secreto en sus propiedades, ya sea durante o después de su presidencia y la tarifa depende de él: es un negocio redondo.  En total, la compañía de Trump le cobró al gobierno más de 2.5 millones de dólares durante su presidencia, según un análisis de The Washington Post. Como expresidente, Trump tiene derecho a una pensión del gobierno de 219.000 dólares al año; la Administración de Servicios Generales dijo que había recibido unos 100.000 esta semana. Dinero que percibe pese a continuar su campaña de desinformación.

Rebeldía hacia la vacuna

Mientras la pandemia continúa muy presente en Estados Unidos, el tema de las vacunas sigue politizado, con muchos seguidores del anterior presidente negándose a recibir la inmunización. Esta misma semana, el presidente Joe Biden insistió en la necesidad de terminar de vacunar a la población con las nuevas variantes del virus contribuyendo al aumento de casos en algunas partes del país.


Las áreas con bajas tasas de vacunación han visto un aumento reciente de casos. La variante delta, que es más transmisible y se ha relacionado con enfermedades más graves en adultos más jóvenes, representó una cuarta parte de todos los casos nuevos la semana pasada y se prevé que sea la cepa dominante en las próximas semanas en los Estados Unidos, como ya ocurre en numerosos países. Mientras el 67 por ciento de los adultos estadounidenses están al menos parcialmente vacunados, el 47 por ciento de la población total está completamente vacunada.


En contraste, en algunos estados rojos, incluidos los de Alabama y Mississippi, solo alrededor de un tercio de la población está completamente vacunada. En Missouri, donde el 39 por ciento de la población está completamente vacunada, los casos se han más que duplicado en la última semana.

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