Cultura

Isabel Bolívar: “El arte escénico, como todas las artes, requiere trabajo y formación”

La actriz y narradora oral participa en el Festival Verano de Cuento de El Sauzal

La actriz y narradora oral Isabel Bolívar. / DA

Isabel Bolívar es licenciada en Historia del Arte por la Universidad de La Laguna y cursó estudios de interpretación en la Escuela Cristina Rota, en Madrid. Cuenta con una trayectoria profesional a caballo entre la narración oral y el teatro. Desde 1999 trabaja como contadora de historias. Su interés por el cuento la ha llevado a dirigir varios festivales, como Un Vallehermoso de cuentos o el Festival de artes para bebés BeVe de El Paso. Desde su empresa, Contando ando artes escénicas, trabaja junto a Miguel Ángel Granados para todo tipo de públicos, especializándose en los últimos años en primera infancia (0-6 años). Entiende las artes escénicas como un medio apasionante para comunicar y transmitir emociones, ideas, imágenes, recuerdos y sueños. Es una de las protagonistas que le pone voz en El Sauzal a la primera jornada del Festival Verano de Cuento.

-¿Para contar bien un cuento es necesario tener un talento innato?

“El ser humano es una especie fabuladora. Todas las personas contamos sin ser conscientes de ello: una anécdota, un recuerdo, la crónica del día… Ahora bien, el arte escénico, como todas las artes, requiere trabajo y formación. Los recursos corporales, vocales e interpretativos bien aplicados en escena, con estilo propio, es lo que llamamos talento”.

-¿El arte del cuentacuentos también evoluciona o todas las grandes historias ya están escritas?

“La narración oral escénica es un arte joven. Nació en el siglo XX como tal y en el XXI no para de crecer y evolucionar. Contar historias siempre ha estado presente en el ser humano, desde el inicio de los tiempos, cuando se reunía la comunidad al caer la noche, en torno a la hoguera, y se relataba para contar la vida y explicar el mundo. De contar en el hogar se pasó a contar en calles, en plazas, en palacios, en teatros. Dando así el paso de lo cotidiano a lo artístico. Y en este ámbito no solo importa lo que contamos (lo innato), sino cómo lo contamos (el hecho artístico). Por otro lado, hablaría de historias escritas literarias o de historias escritas desde la tradición oral. Puede que las grandes historias literarias estén escritas, pero no creo que aún todas estén contadas. El trabajo de una persona que se dedica al cuento es minucioso. En la tarea de pasar a la voz un texto escrito, este muta, se transforma y se convierte en una historia personal. Las palabras escritas quedan filtradas por el estilo propio de la oralidad y, además, por nuestra manera de sentir y pensar como personas, como artistas. En cuanto al camino inverso, la tradición oral es un campo fértil para la literatura y en ese sentido aún hay grandes historias que no están escritas. En este caso la labor de los recopiladores es fundamental: buscar la fuente, escuchar, transcribir y crear un texto escrito… Los cuentos dan para mucho”.

-¿Cuáles son sus principales fuentes de inspiración?

“Observación, lectura y ensoñación. La observación de la vida, desde un viaje en tranvía a una discusión en la frutería o un día relajado en la playa. Las experiencias son fuente infinita de estímulos y de recursos que podemos aplicar en la narración de una historia. Leer, leer y leer, de todo, no solo cuentos: poesía, novela, álbum ilustrado, recopilaciones de cuentos clásicos, cuentos de autor, cómics, noticias en el periódico, algún post de redes sociales… Leer sin buscar qué contar y dejar que las historias te encuentren, te atrapen, te agarren por dentro y, cuando no te sueltan, sabes que las tienes que compartir. Y la ensoñación, cerrar los ojos e imaginar esa historia que quieres narrar como una película que pasa ante los ojos; imaginar cómo la cuento, cómo suena, cómo me muevo, cómo me siento, imaginar la cara del público escuchando y viviendo la historia”.

-¿Qué tiene de especial narrar para un público joven?

“Trabajar para la infancia es trabajar para el futuro. El arte para la infancia en ocasiones está denostado, considerado como un género menor. Para mí es todo lo contrario, es un género mayor y hay que tomárselo muy en serio, tanto desde las entidades públicas y privadas como desde los profesionales. La atención debería estar puesta en nutrir de cultura de calidad al público menudo, acompañarlo, enseñarle a disfrutar del placer estético de las artes para que cree su propio gusto. Para hacer cultura de calidad para la infancia lo primero es acercarse a sus intereses y necesidades, y desde ahí afrontar el hecho artístico. Y cuando esto sucede tenemos un público educado, comprometido, atento y entregado. Lo que tiene de especial narrar para el público joven es la alegría del encuentro y la sinceridad con la que valora tu trabajo”.

-¿Cómo valora usted un festival como Verano de Cuento?

“Verano de Cuento es un oasis en medio de la época estival al que acudir año tras año. Es volver a casa, a un lugar donde el respeto por los artistas y el público es sagrado, un espacio en el que parece que se detiene el tiempo y puedes entregarte al hecho escénico. Y para mí es más hogar si cabe, ya que fui la primera persona que contó en el festival hace 22 años (sí, de esto presumo mucho), y mi primera vez como narradora profesional. Así que estoy entusiasmada con la cita de este sábado. Tengo la fortuna de volver a abrir la contada infantil y he recibido esta invitación como un regalo. Mi admiración por el equipo de Verano de Cuento es infinita. Sé bien lo que es mantener a flote un evento de estas características temporada tras temporada, y quiero reconocer especialmente el trabajo de su director, Juan Reyes, que además fue uno de mis padrinos cuando empecé en esto de ser artista”.

-¿Sería capaz de relatarnos un cuento en cinco o seis líneas?

“Pues no, y me van a perdonar. Escribir no es lo mío. Me gusta contar a viva voz, así que van a tener que acercarse a Verano de Cuento, o a alguna de otras citas que tengo en la agenda, para poder escuchar esas cinco o seis líneas. Merecerá la pena”.