Fasnia

La lucha por la supervivencia de la única granja canaria de chuchangas

El tinerfeño Javier Parrilla batalla contra viento y marea por mantener a flote un negocio que abrió hace 10 años en Fasnia y que hoy cuenta con más de 100.000 caracoles  

La pandemia ha afectado negativamente al negocio; su propietario busca un socio inversor para producir caviar de caracol. | DA

La pandemia y las restricciones sanitarias han puesto en un brete a la Granja La Chuchanga, única empresa en activo dedicada a la crianza de caracoles en Canarias, que se ha visto obligada a suspender gran parte de su actividad temporalmente a la espera de que el vendaval vírico y económico escampe.

Su propietario, Javier Parrilla, un informático de 44 años, extrabajador de Museos de Tenerife y emprendedor de vocación, ha optado por cerrar provisionalmente el negocio, salvo para pedidos puntuales, después de mantenerlo a flote contra viento y marea desde hace 10 años. La otra gran crisis, la del 2008, le abrió los ojos cuando la construcción saltó por los aires a causa del estallido de la burbuja inmobiliaria y el negocio familiar de carpintería metálica en el que trabajaba comenzó a tambalearse.

Ahora se da de plazo hasta fin de año para alcanzar un volumen de ventas “aceptable”, con la esperanza de que la temporada de otoño e invierno devuelvan la normalidad a la hostelería y se abaraten los costes de mantenimiento en sus instalaciones, al requerirse menos agua y luz por el descenso de las temperaturas.

“Mucha gente me dice, ‘¡qué buena idea tuviste con la granja, no lo dejes, aguanta!’… y yo les respondo que de ideas no se come y que no se puede vivir del aire. ¡Qué más quisiera yo que vivir de esto!”.

A Parrilla no le ha quedado más remedio que bajar la persiana durante un tiempo. “Ahora mismo, solo atendemos algunos pedidos que nos llegan, pero el negocio está prácticamente parado porque se han cerrado las dos fuentes de ingresos principales: la venta a tascas y restaurantes, y las visitas con degustación, que iniciamos en verano de 2019 y tuvimos que suspender por el confinamiento. Con lo cual, en estas condiciones la continuidad es complicada”, manifestó a DIARIO DE AVISOS.

Mientras, los caracoles, más de 100.000, permanecen en proceso de hibernación. “Están en cámaras refrigeradas a una temperatura de unos seis grados, lo que les hace reaccionar de forma natural como si fuera invierno: se meten en sus caparazones hasta que mejore el tiempo”.

Pese a todo, Javier Parrilla no tira la toalla. Proyectó una granja para producir entre 10 y 12 toneladas al año dotada de todos los elementos para completar el proceso de la helicicultura, que se inicia en las cinco mesas de reproducción, donde los moluscos copulan y dejan los huevos en un recipiente. Una vez retirada la tierra, estos se depositan en platos y nacen los alevines, que pasan a los parques de engorde hasta su etapa adulta.

El emprendedor tinerfeño subraya que el caracol es un alimento “saludable” y de “alto valor nutritivo” que encaja en las características de un producto gourmet, y recuerda que sus huevos se comercializan como caviar de caracol por los que se llegan a pagar en la Península más de 1.000 euros el kilo. Parrilla no quiere dar la espalda a ese mercado y busca actualmente un socio inversor para comenzar a producir caviar. Tampoco descarta otras líneas de negocio como comercializar la baba de estos moluscos, que, asegura, se cotiza al alza entre los productos de cosmética natural por sus propiedades regeneradoras para la piel.

El propietario de la Granja La Chuchanga lamenta que con el paso de los años este producto haya ido perdiendo protagonismo en la gastronomía canaria, “cuando nuestros padres y, sobre todo, nuestros abuelos lo comían, y programas históricos de televisión como Tenderete comenzaban repartiendo tapas de chuchangas entre los invitados”.

Javier Parrilla resiste y confía en rentabilizar su inversión, aunque sabe que los próximos meses serán decisivos para aclarar el futuro de su granja  y el de más de 100.000 chuchangas, que aguardan bajo su caparazón en cámaras refrigeradas el paso de un invierno forzoso.