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“La sensación de ganar el rosco de Pasapalabra no la repetiré ni con un Oscar a la mejor banda sonora”

Su nombre y su imagen han dado la vuelta a España durante meses y hoy es uno de los rostros más populares del país tras llevarse el bote de 1.828.000 euros del concurso Pasapalabra con Antena 3
Pablo Díaz en Tenerife / Foto: Sergio Méndez

Su nombre y su imagen han dado la vuelta a España durante meses y hoy es uno de los rostros más populares del país tras llevarse el bote de 1.828.000 euros del concurso Pasapalabra con Antena 3. Acaba de regresar a Tenerife y atiende a DIARIO DE AVISOS en Las Galletas, el pueblo en el que veranea desde hace años y donde, siendo niño, se sentaba delante del televisor a jugar con su abuela Conchita a adivinar las palabras del rosco. “Siempre me ganaba él”, recuerda ella. Pablo Díaz, de 24 años, responde a cada pregunta con una sonrisa, y en la distancia corta derrocha el mismo carisma y sensatez que transmitía día tras día ante millones de espectadores. “Sé que lo mío no es una fama permanente, cuando pase el boom volveré a mi vida normal”, asegura.

-Acabas de llegar a tu patria chica, Las Galletas, donde reside tu abuela Conchita. Una localidad que te trae muchos recuerdos de tu infancia. ¿Cuáles son tus primeras sensaciones?

“Estoy contentísimo de poder volver después de tanto tiempo. Es cierto que hice una visita relámpago de un día después de ganar el bote para ver a mis abuelas, pero hacía dos años que no venía para pasar unas semanas. Así que muy feliz de poder ver a mi familia y de estar en un lugar tan privilegiado como Las Galletas y Canarias, en general”.

-¿Qué recuerdos guardas de este pueblo marinero?

“Pues, sobre todo, recuerdos muy bonitos de estar con mi familia, con mi abuela Conchita. Ella me ha criado en gran medida y hemos pasado aquí muchísimos días juntos. Con ella veía Pasapalabra, caminaba por la zona del puerto, iba a la playa…” 

-Tu éxito se celebró aquí con lágrimas, gritos y voladores en los balcones, como un gol decisivo en una final. Eso debe emocionar…

“Por supuesto. De hecho, todo el apoyo que he recibido de Las Galletas, de Canarias y de toda España a través de los espectadores del programa, de las redes, de mi familia y mis amigos es algo que agradeceré siempre y ha sido decisivo para poder llevarme el bote, porque hace que estés ahí dando el callo todos los días, y también por la gente a la que haces feliz con el programa”.

Pablo Díaz en Tenerife / Foto: Sergio Méndez

-Tu triunfo en Pasapalabra fue como un bálsamo en medio de tanta mala noticia. Llegó en pleno pico de la pandemia y cuando Canarias seguía en estado de shock por el terrible suceso de las niñas Anna y Olivia. No sé si fuiste consciente de lo urgente que resultaba una alegría como la tuya…

“Sí. El programa es una de las mejores propuestas que puede haber en televisión, porque es muy blanco, muy cultural y, sobre todo, porque da muchas alegrías a la gente. Soy consciente de que hay muchas personas que no lo pasan lo mejor que pueden en su día a día y que hay también personas mayores para las que el programa es un momento de luz. Eso me parece importantísimo”.

-Te has convertido en uno de los rostros más mediáticos del país desde hace meses. ¿Qué es lo que más te ha sorprendido de lo que se ha comentado o de lo que has visto o se ha publicado sobre ti?

“El hecho de saber que un programa con tantísima audiencia sea tan intergeneracional. Me han escrito muchas personas diciendo que a su abuela de 90 años le encanta ver el programa, pero también me escriben abuelas para decirme que a sus nietos de cinco años les encanta, lo que demuestra que gusta a todas las edades. Que eso ocurra con un programa cultural, de conocimiento, me parece una muy buena noticia”.

-¿Por qué caes tan bien a todo el mundo? ¿Cuál es el secreto de ese don?

(Sonríe) “Yo en el programa me mostraba como en la vida real. No traté de caer ni bien ni mal. Hice el concurso lo mejor que podía, me preparé mucho y traté de ser como soy en mi vida normal. Y, si caigo bien, estoy encantadísimo y muy agradecido de que la gente me dé ese apoyo”.

-Trasmites la imagen de una persona serena, comedida, más bien tímida y con los pies en el suelo. ¿Cómo te definirías?

“Esa definición se aproxima bastante. En el programa trataba de estar sereno y tranquilo, porque siempre he disfrutado estudiando para Pasapalabra y grabando el programa. Me he sentido bien en todo momento. Me defino como una persona muy curiosa que le gusta mucho aprender todo. Soy músico y trato de reciclarme en temas de conocimientos de música, pero también me gustan otras muchísimas cosas. Yo diría que la pasión por aprender es uno de los rasgos más importantes que me definen”.

-Y una persona con ese perfil, ¿cómo lleva lo de la fama, lo de aparecer en los grandes programas de televisión como una estrella?

“Es cierto que la siguiente semana a ganar el rosco fue un poco agobiante, porque no estaba acostumbrado a ir a tanto programa ni atender tantas entrevistas de medios nacionales. La gente, en general, y también en la televisión, ha sido muy amable y en ese sentido lo he llevado bastante bien. Lo bueno de esto, entre comillas, es que no es una fama permanente. Yo sé que es un gran boom justo después del bote, pero luego poco a poco va cayendo y sé que volveré a mi vida normal”.

-¿Cómo reacciona la gente en la calle cuando te identifica?

“Me felicitan mucho, me paran para hacerse fotos. La mayoría me dice que le encanta el programa y que lo ve con su madre, con sus hijos, con su abuela, con su marido, con su suegra…  Es muy gratificante ver que le puedes gustar a mucha clase de personas. Eso es lo mejor”.

-En Las Galletas llegó a tocar el violín siendo un niño a un grupo de inmigrantes acogidos por Cruz Roja y a los turistas que se hospedaban en el hotel Alborada…

“A mí me encanta tocar el violín sea donde sea. Aquí, en Las Galletas, he pasado mucho tiempo de mi vida y soy colaborador de Cruz Roja. Disfruté mucho de esa experiencia. Todo lo que sea tocar el violín, sea donde sea y para quien sea, me pone contentísimo”.   

-¿Cómo recuerdas aquellas noches, siendo un niño, junto a tu abuela Conchita delante del televisor viendo Pasapalabra, apuntando ya muy buenas maneras?

“Las recuerdo muy bien. Tratábamos de acertar el máximo número de palabras y cuando tenía 16 años mi abuela me dijo que tenía que ir al programa porque se me daría bien. Menos mal que le hice caso”. 

-¿Qué planes tienes para estos días? ¿Cómo ocuparás tu tiempo?

“Pues descansaré y estaré con mi familia. Aprovecharé el tiempo con ella, quiero recuperar muchos momentos perdidos”.

-Tus padres, Belinda y Gustavo, son pianistas, pero tu optaste por el violín. ¿Por qué?

“Buena pregunta. En realidad yo empecé los dos instrumentos a la vez. La música clásica sonaba todo el día en casa por la profesión de mis padres y un día escuché en la cocina el concierto para violín de Beethoven y fui corriendo. Ese fue el momento en que empecé a querer tocar el violín. Estuve con los dos instrumentos a la vez y con 13 años tuve que elegir porque ya era demasiado. Me decanté por el violín, pero quiero terminar los estudios de piano”. 

-¿Qué dirías que has aprendido de tus padres? ¿Qué lección destacarías?

“Me han enseñado la pasión por el aprendizaje y la cultura. Y eso lo adquirí desde pequeño gracias a ellos. Es lo que más tengo que agradecerles, aparte de que me han querido muchísimo y he crecido en un entorno emocional muy rico. Ellos están detrás de que haya podido ganar el bote y la razón por la que hoy estoy aquí”.

-¿Por dónde pasa tu futuro profesional?

“Me gustaría seguir estudiando temas de música. Soy compositor y quiero profundizar en creaciones para medios audiovisuales. Me gustaría ser profesor de música, por supuesto. Y también me atrae el mundo de las redes. Tengo un canal donde también toco el violín y practico videojuegos. Si pudiera continuar la labor del canal y ser streamer, me encantaría”.

-Tu primera inversión, tras ganar el bote, fue comprar una Nintendo 64 y una Nintendo Switch. ¿Cuál será la segunda?

“Comprarme una casa para independizarme y otra para mis padres. El resto del dinero ya se verá, pero quedará un colchón que me dé una cierta tranquilidad para los próximos años”.  

-¿Has pensado en tatuarte la palabra ‘Dux’, el vocablo decisivo con el que ganaste el bote, o quizá componer un tema musical con ese título?

(Risas) “Uy, pues la verdad es que no lo había pensado. Lo de la composición podría estar bastante bien. De hecho, voy a estrenar una obra para flauta en Nueva York en enero de 2022 y el título ya está puesto desde este año: Nix. Es una casualidad tremenda porque se parece mucho a Dux. Pero es verdad que una obra que se titule Dux podría estar bastante bien”. 

-Rozaste el premio hasta en una docena de ocasiones. ¿Tuviste algún pálpito en las horas previas de que esta vez no se te escaparía?

“Para nada. Los roscos siempre los grababa sin ninguna expectativa. Me gustaba mucho el proceso de grabación del programa y nunca pensaba si lo ganaría o perdería. Simplemente iba y disfrutaba. Lo había tenido cerca y después de 260 programas se pudo conseguir”. 

-¿Cuántas veces has visto ese slalom final de 12 aciertos seguidos sin respiro en unos cuantos segundos que te dio el bote?

“No muchas. Me he caracterizado por ser un jugador bastante más comedido. Solía acertar como mucho tres palabras seguidas y es cierto que en el rosco del bote tiré millas y no paré hasta el final. Fue un momento increíble. No sabía si iba a ser correcta o no la última respuesta. Y después vinieron las lágrimas, el abrazo con Roberto y la conversación con mi abuela Conchita y con mis padres a través de videollamada. Sé que no repetiré esa sensación en mi vida ni aunque ganara un Oscar a la mejor banda sonora”. 

-¿Qué mensaje te gustaría lanzar a esos miles de seguidores en Canarias y en todo el país que cada día a la hora de la cena no se perdían ninguna de tus apariciones en Pasapalabra y que lloraron como tú cuando diste en la diana con ‘Dux’?

“Yo les recomendaría que sigan viendo el programa. Ahora hay unos concursantes magníficos. Y a la gente joven le diría que tenga curiosidad por aprender. Que encuentren el disfrute en descubrir cosas nuevas y que no pierdan nunca la curiosidad que el ser humano adquiere de forma innata”.  

-¿Entre las cosas que más echabas de menos de Tenerife estaban las tortillas de tu abuela Conchita?

(Risas) “Por supuesto, y los huevos fritos con papas. Pero es a ella a la que echaba más de menos, igual que a mi abuela Cristina, a mi abuelo José Ignacio, a mis tíos, mis primos… A todos les tengo mucho cariño y tenía muchas ganas de volver”.

Conchita, su abuela: “Pensé que me llamaban del hospital”

Conchita se llevó la sorpresa de su vida cuando sonó su móvil un día de junio. “Me acababa de levantar. Vi un número muy largo de teléfono y pensé: ya me están llamando del hospital. De repente, oí la voz de Pablo (se emociona) diciéndome que había ganado el rosco. Y lo primero que me salió fue: “vente para acá, deja Madrid”. La abuela del concursante de televisión más famoso de España elogia la “sensatez” y la “escala de valores” de su nieto, “siempre con los pies en el suelo” y él le devuelve los piropos agradeciendo su forma de ser, el cariño que le da y “sus tortillas y huevos fritos con papas”. Pablo llegó esta semana a Las Galletas con su aspecto de chico noble, con su media sonrisa y mirada limpia y con su violín bajo el brazo, que horas después desenfundaría en la peluquería de Antonio, a quien le prometió tocar una pieza en su local. Fue recibido por Conchita, Belinda, su madre, y José Julián Mena, alcalde de Arona, municipio en el que se puede decir que entrena el nuevo rey de la velocidad (el italiano Lamont Marcell Jacobs), y veranea el rey del rosco. “Pablo se ha convertido en un icono, un promotor de ilusiones y un faro a seguir para muchos jóvenes por su tenacidad y trabajo”, apuntó el regidor. El Ayuntamiento ya trabaja en un homenaje al joven violinista, el “yerno que quisieran todas las suegras”, como lo definen numerosos seguidores.

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