tribuna

Vivas

Anoche vi en 13 Tv al presidente de Ceuta. ¿Ah, pero usted ve esa cadena de los curas? Pues sí, y también La Sexta Noche, cada sábado, y MVT, por las tardes, porque creo que hay que saber lo que se cuece en cada medio de comunicación, y, además, porque no le debo pleitesía a ningún órgano que esté al servicio de una ideología, a pesar de que todos, a su manera, lo estén. Me interesó mucho ese personaje que en los últimos días ha estado en medio del debate político, en el eje del radicalismo que a muchos interesa presentar como el retorno de Pelayo desde Covadonga. Comprobé cómo Antonio Naranjo intentaba acosarlo, igual que hacen en la Sexta con los entrevistados que no son de la cuerda. Sin embargo, el señor Vivas no se lo permitió y continuó con su discurso de sensatez hasta dejar callados a todos los que estaban en el plató intentando ponerlo a los pies de los caballos, solo por decir que había mantenido una reunión positiva con el presidente del Gobierno. Pensé entonces que había nacido una estrella en este panorama de oscuridad y que un ramalazo de esperanza se estaba desplegando sobre un país que parece haberse acostumbrado al desasosiego. Pero creo sinceramente que no, que este personaje pasará sin pena ni gloria porque a nadie interesa su moderación, porque la gente prefiere el griterío montado en torno a Rociíto, Jorge Javier y Carlota, o las paridas de Baldoví, que dice buscarle las cuatro patas al gato sin darse cuenta de que esas son exactamente las que tiene, o las tonterías populistas de Revilla, que va de cántabro sin reparar en que tantas veces va el cántabro a la fuente que acaba rompiéndose. Ceuta se ha convertido por unos días en el centro de una crisis y un hombre ha respondido como estaban deseando que lo hiciera millones de españoles decepcionados por la inoportunidad habitual de sus representantes. La grada de la ultraderecha se ha calentado marcando distancia con una política de Estado, y un soplo de entendimiento refresca este tiempo de bochorno cuando se comprueba que en Ceuta y en Murcia es mejor acordar que enseñar los dientes, que, en el fondo, hay que reconocer que esa es la actitud que le conviene a los que están en los extremos y que no es recomendable hacerles el caldo gordo permanentemente. Al final todo ocurre como en Afganistán. Tiempo y dinero perdidos para nada, para regresar al aparcamiento de lo imposible, y reconocer que, con ciertas compañías, no se puede llegar demasiado lejos. Al fin Argelia y Marruecos han roto sus relaciones diplomáticas. Todo por culpa del Sáhara. Ante esta situación cuál va a ser la postura del Gobierno español. ¿Va a seguir haciéndole el juego a Podemos situándose en el lado contrario a la política con el Magreb que marcan los Estados Unidos de Biden? Ahora se van aclarando las causas de la crisis del pasado mayo, cuando nadie trajo al jefe de los polisarios a Pamplona, pero allí estuvo, entrando por la puerta de atrás para salir con el mismo sigilo con que lo hacen las visitas incómodas, a las que se les pone una escoba detrás de la puerta para que lo hagan cuánto antes. La señora Laya ya es historia. Ahora lo que manda es el presidente Vivas, por eso se calientan las almohadillas en el tendido donde se ubican los ultras de los dos frentes. Ya no es el tiempo de irse a Tinduf a hacerse la foto con Willy Toledo. Ahora es el momento de Torrejón, buscando la compañía de la señora Von der Layen. Pues sí, anoche estuve viendo 13 Tv y descubrí a un personaje insólito, uno de esos que se parece a millones de españoles que solo desean tener la fiesta en paz, que no les gustan las cargas de caballería ni el incendio del mobiliario urbano, que están tranquilos en sus casas y en sus trabajos sin que nadie los observe con el rabillo del ojo para ver qué cadena sintonizan. No confío en que esto dure mucho. Se acabará pronto y volveremos a Revilla, que da más juego para el griterío. Siempre viviremos más cómodos en la tensión.

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