la palma

El volcán de San Borondón, que aparece y desaparece

La chimenea principal dejó de emanar lava y humo por momentos, pero luego se reactivó; la colada Sur, que fluía más rápida, estaba anoche a 1.200 metros del mar

Parecía haber puesto punto y final a la pesadilla que los palmeros viven desde el domingo 19. La tranquilidad, el silencio, eran tensos. Sin embargo, al tiempo volvió a rugir y la Isla entera asumió que tan solo se trataba de una pausa para coger fuerza. Y es que ayer, alrededor de las ocho de la mañana, el volcán de Cumbre Vieja cesó su actividad. No emanaba lava ni humo y se barajaban diferentes escenarios: desde los más optimistas, que apuntaban a un parón definitivo, hasta los más caóticos, como que pudiera surgir de un momento para otro una boca más explosiva. Pero reanudó su devenir habitual, con alguna intermitencia de cero emisiones, y se acercó a la costa. La colada Sur, la que discurría a mayor velocidad al contar con aportaciones de materia caliente de una de las estancias más profundas de la caldera, estaba anoche a unos 1.200 metros de llegar al mar, toda vez que logró rodear la Montaña de Todoque.

El anómalo -para los profanos- comportamiento de la erupción, que aproximó las rocas a alta temperatura al litoral de Tazacorte, hizo que se confinaran cuatro barrios de Tazacorte por los riesgos que implicaba la reacción química que se podía producir, con emisión de gases: Marina Alta, Marina Baja, La Condesa y San Borondón. Este último debe su nombre a la leyenda de la isla que aparecía y desaparecía en el horizonte, como curiosamente hizo ayer el Cumbre Vieja. No obstante, como aseguró María José Blanco, directora del Instituto Geográfico Nacional (IGN) en Canarias, se trata de una evolución “normal” de un evento “fisural y estromboliano”, que, como fenómeno dinámico, puede tener momentos de subida en los indicadores de tremor y sismicidad, o bajada, sin que ello necesariamente implique que nos encontramos al final de la cronología eruptiva.

En este sentido, el Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan) indicó que “es demasiado pronto” para poder afirmar que estamos encarando la recta final del suceso. Es más, recordaron que “se conocen varias erupciones históricas en Canarias que, después de una pausa de algunos días, retomaron nuevamente vigor”. Un ejemplo sería la del San Juan en el año 1949, del que se tiene constancia que existió ese impás de varias jornadas sin aparente actividad y que, más tarde, volvería con energía y abriendo, de hecho, nuevos centros de emisión de lava. Es por ello que el organismo que dirige Nemesio Pérez especificó que para determinar que todo ha acabado, “además de ausencia de actividad eruptiva por un número suficiente de días, también tendrán que registrarse valores nulos en la emisión de dióxido de azufre, que después del vapor de agua y el dióxido de carbono, es el gas más abundante entre los que se liberan del magma”. Por último, quisieron aclarar que incluso varios años después de que se de por apagado todavía se pueden detectar “terremotos de pequeña magnitud”, sin que posean relevancia alguna.

A primeras horas de ayer, la estampa de hasta cuatro localidades del este de la Isla (Santa Cruz de La Palma, Mazo, Breña Alta, Breña Baja), con la ceniza como símbolo de la presencia del volcán, contrastaba con el silencio de la chimenea principal. Dejó a los palmeros descolocados; no se sabía qué podía significar. Ni siquiera los expertos lo tenían claro nada más verlo, necesitaban contar con datos. En la reunión del Comité Científico previsto en el Pevolca (Plan de Protección Civil y Atención de Emergencias de Canarias por Riesgo Volcánico), convocada para las 10.00 horas, se pusieron sobre la mesa cuatro posibilidades. La primera es que se hubiera detenido con carácter definitivo -la menos probable-; la segunda, que fuera un alto en el camino para coger fuerza, como resultó ser; la tercera, que el cono estuviera taponado. Y en cuarto lugar, también se dirigió la mirada a un enjambre sísmico registrado de madrugada al norte de Fuencaliente, lo que podía indicar que el magma estaba buscando nuevas zonas por las que emerger. Respecto a esta última hipótesis, Blanco matizó que los seísmos se situaban a unos 10 kilómetros de profundidad; muy lejos aún de la superficie.

“ESTABILIDAD”

Reactivación del volcán de Cumbre Vieja, ayer al mediodía, tras una pausa | INVOLCAN

Con respecto a los valores que el Cumbre Vieja ha marcado en parámetros como la deformación del terreno, la directora regional del IGN señaló que hay una “clara estabilización de los componentes horizontales y una disminución en la componente vertical”. Asimismo, destacó el hecho de que la calidad del aire continúa siendo “buena”, de acuerdo con los estudios realizados por organismos especializados, y descartó que “en las próximas 24 horas” vaya a haber lluvia ácida, si bien la ciudadanía se ha de equipar con mascarillas FFP2, guantes y gafas en lo posible, para prevenir la aparición de patologías respiratorias, cutáneas u oculares por la ceniza que flota en el ambiente, y que inundó de madrugada las calles de la capital, en la vertiente opuesta de la Isla Bonita.

DISPOSITIVO

Por su parte, el consejero de Seguridad y Emergencia del Gobierno de Canarias, Julio Pérez, que hasta la fecha se ha mantenido en un segundo plano pese a ser sobre quien recae la dirección del Pevolca, dejando el protagonismo a los técnicos, quiso poner el acento ayer en que el Ejecutivo autonómico mantendrá el despliegue de medios que en la actualidad están sobre el terreno “con la misma intensidad” mientras dure la erupción. De igual manera, calificó de “magníficos” los trabajos de monitorización y análisis del volcán y su actividad llevados a cabo por todos los cuerpos y entes científicos intervinientes.

¿QUÉ OCURRE AL ENTRAR LA LAVA EN EL MAR?

Desde lluvia ácida hasta expulsión de gases. La posible llegada de la lava al mar ha generado dudas entre la población, sobre todo entre quienes se han tenido que confinar como medida de seguridad: residentes en los barrios bagañetes de San Borondón, Marina Alta, Marina Baja y La Condesa.

El Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan) publicaba ayer en sus perfiles de redes sociales una explicación de cómo es el proceso químico que tiene lugar entonces. La materia caliente del volcán tiene 1.000 grados centígrados de temperatura, mientras que el agua estaría aproximadamente a unos 20, por lo que “se produce un choque térmico que genera columnas (penachos) de vapor de agua cargados con ácido clorhídrico”.

Dicha estela vertical, aseguran, tiene un “color blanquecino” y contiene “diminutas partículas de vidrio volcánico”. “Representa un peligro local -bien delimitado- para las personas que visitan o se encuentran en la zona costera” donde tiene lugar el fenómeno, puesto que “el régimen de vientos” contribuye “a la dispersión de estas columnas”. Eso sí, “el peligro que representan es muy local”.

“La inhalación o el contacto de gases y líquidos ácidos puede irritar la piel, los ojos y el tracto respiratorio, y puede provocar dificultades respiratorias, especialmente en personas con enfermedades respiratorias preexistentes”, advirtieron.

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