Jaque mate

Jaque mate: La Palma, cariño y solidaridad

Desde el minuto uno debemos reclamar al Gobierno el mayor esfuerzo en medios de socorro y asistencia a las personas afectadas

La primera erupción del siglo en Canarias no solo acapara toda la atención, arrumbado incluso a la la pandemia, sino que despierta, como primera reacción, un sentimiento candente de solidaridad y afecto hacia la isla de La Palma y los palmeros. Han sido dos años duros de combate contra una enfermedad desconocida y hemos aprendido a librar batallas juntos, arrimando el hombro y poniendo lo mejor de cada uno de nosotros.

Desde DIARIO DE AVISOS, el periódico nacido en La Palma hace 131 años, no solo llevamos todos los días a los palmeros en el alma del periódico, sino que en estas horas de impacto e indefensión ante una manifestación destructiva de la naturaleza como es una erupción volcánica, nos invoca el espíritu de canarios de todas las Islas dispuestos a ayudar y elevar el ánimo a nuestros paisanos de la Isla Bonita.

Desconocemos otra vez el alcance de esta nueva adversidad a la que nos enfrentamos, tras llevar desde 2020 el desasosiego a cuestas a causa de la epidemia del coronavirus. Se impone de nuevo el trabajo coordinado y la mayor capacidad de medios de seguridad para garantizar la integridad física de las personas y las viviendas de la población damnificada. Con las enseñanzas del volcán submarino de El Hierro, de 2011, podemos afrontar la situación en la esperanza de que no se prolongue demasiado en el tiempo. Lo que hoy nos sobrecoge y estremece puede convertirse mañana en una imagen histórica y quién sabe si provechosa para la economía de la isla.

Pero qué duda cabe que este no es un fenómeno que agrade en absoluto, por más que hemos visto imágenes retrospectivas de agricultores en plenas labores del campo mientras a cierta distancia se producía, hace 50 años, la erupción del Teneguía. Pero el volcán, que en 500 años ha sido en Canarias un factor aliado de los vecinos, con escasas víctimas, no dejó de ocasionar, en islas como Lanzarote, periodos de crisis y de emigración. Si en La Palma la naturaleza es razonablemente benigna en esta oportunidad, podremos contarlos con una sonrisa, pese a los inevitables daños materiales que se prevén, en particular en las viviendas próximas a la zona cero y al curso de las coladas de lava.

Desde el minuto uno debemos reclamar al Gobierno el mayor esfuerzo en medios de socorro y asistencia a las personas afectadas. A La Palma no le debe faltar nada en estas horas críticas. Canarias en su conjunto se ve reflejada en la isla que ahora vive esta erupción, de la que a buen seguro extraeremos lecciones todos. La memoria, frágil a este respecto, no mantenía vivo el recuerdo de la erupción del Teneguía hace medio siglo. De ahí la importancia para nuestra tierra de cobrar conciencia en esta erupción de Cumbre Vieja.
Tampoco ignoramos la necesidad de ayudas a los agricultores afectados por los daños previsibles en sus fincas y casas.

No sabemos qué afección económica tendrá esta crisis volcánica palmera. Confiamos en las garantías de seguridad de las personas. Y hacemos votos por un rápido y feliz desenlace. Ahora toca mostrar todo el cariño y toda la complicidad de canarios hijos del volcán a nuestros vecinos los palmeros, en quienes nos identificamos desde cualquier esquina del Archipiélago. ¡Jaque mate!