la casa blanca

La política exterior de Biden es comparada con la de Trump

El presidente estadounidense no convenció a sus aliados en Naciones Unidas

El discurso del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ante la Asamblea General de las Naciones Unidas esta semana recordaba tiempos más felices en los que el país norteamericano y sus aliados marchaban al unísono. Su renovado compromiso con la cooperación internacional contra los males que aquejan al mundo en la actualidad como la COVID-19, el cambio climático y el autoritarismo progresivo fue una ruptura radical con el brutal aislacionismo de Donald Trump, al menos en teoría. Según Biden, Estados Unidos ha regresado a la ‘mesa’ y el país no actuará en solitario.

Pero habiendo transcurrido ocho meses de su presidencia, el mandatario aún tiene que demostrar que puede poner en práctica su retórica de buenas intenciones en el plano internacional. Biden criticó el enfoque de Trump de “Estados Unidos primero”, pero al menos en apariencia, poco ha cambiado el legado de su antecesor desde política exterior hasta comercio o inmigración.

¿FALSA PROMESA?

La promesa de Biden de no actuar por su cuenta ha sonado falsa a los franceses, todavía furiosos por el acuerdo de Washington con el Reino Unido para proporcionar a Australia submarinos de propulsión nuclear. Ese acuerdo secreto anuló un contrato francés para construir nuevos submarinos para Australia, firmado hace cinco años. Después de hacer esfuerzos para cortejar a los aliados europeos que habían sido golpeados por cuatro años de la caótica Administración Trump, el manejo del asunto por parte de Biden fue, en el mejor de los casos, torpe y, en el peor, digno de su predecesor según el Gobierno francés. “El método Biden es como el de Trump”, dijo el ministro de Relaciones Exteriores francés, Jean-Yves Le Drian. “Sin los tuits”.

Y no son los únicos. Ucrania, que fue famosa por ser sacudida por el Gobierno trumpista, esperaba que Biden restaurara su lugar en Washington. En cambio, la Casa Blanca permitió que los rusos terminen de construir un gasoducto a Alemania que pasa por alto Ucrania, enfureciendo también a Polonia, un aliado de la OTAN.

La precipitada retirada de Biden de Afganistán ha provocado preguntas más profundas sobre la confiabilidad futura de Estados Unidos como socio de seguridad. Los aliados de la OTAN se sintieron marginados por el abrupto anuncio de Biden de que todas las fuerzas estadounidenses abandonarían Afganistán antes del 31 de agosto, y dijeron que no pudieron evacuar a todo su personal antes de la fecha límite.

LA ‘AMÉRICA FIRST’

El presidente de los Estados Unidos se preocupa por el bienestar del mundo, pero da prioridad al bienestar de los estadounidenses, por lo que se le acusa de seguir la política de America First. Una crítica un tanto rídicula porque lo contrario sería absurdo en el caso de cualquier líder. En cuanto al comercio, la agenda de Biden Buy America ha demostrado que es tan proteccionista como la de Trump, si no más. Biden ha mantenido la mayoría de los aranceles de la era anterior e incluso ha ampliado algunos. El presidente todavía tiene que considerar intentar unirse al Acuerdo Integral y Progresista para la Asociación Transpacífica, la evolución de un pacto creado durante la presidencia de Barack Obama y que Trump echó a pique el primer día, a pesar de que los aliados asiáticos rogaron a la economía más grande del mundo que regresara al bloque. O el acuerdo nuclear de Irán, otro pacto de la era de Obama del que Trump se retiró. En la campaña electoral, Biden prometió regresar al acuerdo si Irán volvía a cumplirlo. Pero durante meses ha aplazado las negociaciones y ahora habla de “alargar y fortalecer” sus disposiciones endureciendo las sanciones contra Irán.

Si América Latina esperaba algunas políticas de buen vecino después de los años de Trump, se ha sentido decepcionada. Biden ha confirmado la imposición de Trump de sanciones más duras a Cuba y el fin de la histórica apertura de Obama a la Isla, justo cuando el pueblo cubano está sufriendo una crisis económica inducida por el coronavirus. Haití todavía se está recuperando del asesinato de su presidente en julio, sacudido por la violencia continua y está al borde del colapso económico. Sin embargo, Biden, quien prometió un enfoque más humanitario a la inmigración que su predecesor, se está moviendo rápidamente para deportar a unos 14.000 migrantes haitianos bajo una orden de inmigración pandémica de la era Trump, a pesar de las súplicas del Gobierno haitiano de no enviarlos de regreso, porque no puede manejar la afluencia. Además, no olvidemos que Biden ha enfurecido a toda Europa al negarse a corresponder y permitir que los europeos viajen a Estados Unidos este verano, solo relajando la política para los viajeros completamente vacunados en vísperas de la asamblea de la ONU.

LIDERAZGO MUNDIAL

Lo mejor que Biden podría hacer para reparar el daño que Trump hizo a la posición global de Estados Unidos es abandonar sus políticas. En los primeros días de su presidencia, el demócrata parecía estar dando un giro “más amable y gentil” a las políticas de “America First” de Trump al presentarse a sí mismo como un puente hacia una nueva era de liderazgo estadounidense, y de una política exterior democrática a una más progresista. Biden reformuló la visión nacionalista de Trump, haciendo del bienestar de las familias trabajadoras de Estados Unidos el principio central de sus políticas, pero dentro de una política exterior estadounidense más tradicional. Si bien Trump clamaba a los cuatro vientos que los aliados se estaban aprovechando de Estados Unidos, Biden afirmaba que es una inversión necesaria para ayudar a combatir las amenazas globales y contrarrestar a China. En aquel momento, el enfoque de Biden provocaba un optimismo cauteloso, si no aplausos, de los aliados de Estados Unidos. Ahora argumentan que la América First de Biden no es más amable ni más gentil, sino más cínica y ajena a la realidad.

Ninguno de estos problemas por sí solo presagia una mayor desaparición del liderazgo global de Estados Unidos desde los años de Trump. Pero la política exterior para la clase media de Biden, destinada a frenar los oscuros compromisos en el extranjero, y una preocupación estratégica por China sugieren dos tendencias preocupantes. Por una parte, una mayor reducción en áreas como el Medio Oriente, África y América Latina, ninguna de las cuales es particularmente estable, pero todas enfrentan retos antidemocráticos, económicos y de seguridad que podrían estallar en cualquier momento en una crisis total. La otra es la continua oscilación geopolítica de Estados Unidos en la que Washington es tan confiable como dicten sus intereses a corto plazo. Un comportamiento transaccional e interesado que hizo perder la credibilidad y la buena voluntad de Estados Unidos durante la era Trump.

Un Estados Unidos menos confiable deja más margen de maniobra para potencias como China y Rusia. La Unión Europea lanzó recientemente su estrategia para impulsar su presencia y contrarrestar a China en el Indo-Pacífico, que pide profundizar las relaciones con India, Japón, Australia y Taiwán. Pero Europa no parece tener interés en una guerra fría con Pekín y es probable que cooperen con China en temas como el clima, el comercio, la inversión y la tecnología. Del mismo modo, varios países con fuertes lazos económicos con Rusia, en particular Alemania, se sentirán más empoderados para perseguir sus propios intereses con Moscú.

En los primeros meses de su Gobierno, Biden superó el listón muy bajo de no ser Trump. Pero a medida que pasa el tiempo, y las acciones hablan más que las palabras, a los aliados les preocupa que las diferencias políticas reales entre Biden y Trump sean insignificantes. La versión de Biden de America First puede ser más cálida, más popular y, en líneas generales, más coherente, pero lo mejor que puede hacer el presidente para reparar el daño que Trump hizo a la posición global de Estados Unidos es dejar de defender sus políticas y cumplir con sus promesas de campaña.

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