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Blas Donate, la alegría de la huerta: con 91 años no quiere dejar de sachar papas

"Mi hija le ha pedido al médico que no me deje ir al campo, pero él le contestó que esa es la mejor medicina para que dure más años", comenta quien a diario acude a su finca de Barranco Hondo
Blas Donate Sánchez, agricultor
Blas Donate Sánchez, agricultor
Blas Donate Sánchez, de 91 años, acude todas las mañanas a sus huertas: “SI me quitan esto, me muero antes, hasta el médico lo dice”, comenta. Fran Pallero

Su esposa Loli, sus dos hijos (Johnny y Leo), sus dos nietas (Selene e Idoya), sus hijos y nietos políticos y sus vecinos lo consideran la “alegría de la huerta”, el faro que alumbra de felicidad una pequeña familia que vive en el entorno de la calle Romano, en Barranco Hondo, donde Blas Donate Sánchez, con 91 años, sigue cuidando con espero unos 10.000 metros cuadrados de finca. Un día sí y otro también, pese a las prótesis que tiene en ambas caderas y rodillas. Nadie lo diría viéndole caminar, despacio pero firme, por los surcos que con tanto mimo ha sachado.

La historia de Blas Donate es la historia de muchos canarios de su generación. Nació en Granadilla de Abona en 1930 y allí pasó su “primera juventud”, como él dice, ayudando a la familia “rascando los surcos de las tomateras” en una “época de mucha escasez”. Después de hacer la mili en Infantería 49, convencido por soldados palmeros, decide embarcarse en el Santa María rumbo a Venezuela, “por 1953 más o menos”, nos dice evidenciando que a su edad la memoria ya comienza a flaquearle. Entonces ya la emigración estaba legalizada.

Llegó a Caracas después de “15 días de dura travesía” tras pagar “unas 6.000 pesetas, no me acuerdo muy bien”, en donde le esperaba un hermano que ya murió. “Comencé a trabajar en un bar de un conocido de Granadilla y luego puse uno por mi cuenta, hasta que me fui a trabajar con un tío mío, Venancio, trayendo y llevando arena de San Felipe a Puerto Cabello, haciendo tres viajes al día con una gandola de 14 metros. Allí se trabajaba duro, incluso los venezolanos”. Blas Donate hizo dinero, pero lo puso en un banco en la cuenta de otro y “no pude mandar perras a la familia”.

Convencido por el cuñado de su hermano, decidió casarse por poderes, algo entonces a la orden del día, cuando ya tenía dos hijos con otra mujer. “Me dijo que la esposa tenía una hermana en Granadilla llamada Lolita, me enseñó la foto y me gustó. Le escribí y nos casamos por poderes. Tres meses después llegó a La Guaira en avión y nos pusimos a vivir en Maracay los fines de semana, mientras yo seguía trabajando en Puerto Cabello cinco días a la semana”.

Allí en Venezuela nacieron Juan Antonio (Johhny) y Leo, pero a Loli, su esposa, no le gustaba vivir allí. Terminó convenciendo a su marido para regresar a Canarias y en 1972 hicieron juntos el viaje de vuelta. Comenzó a trabajar en la empresa de distribución Atlántico hasta que, ya jubilado, decidió explotar las huertas que su mujer heredó en Barranco Hondo, unos 10.000 metros cuadrados (un campo de fútbol) repartidos en pequeños bancales muy cerca del casco urbano de ese barrio candelariero, aunque él vive un poco más alejado de la finca, en una casa de tres plantas que se fabricó tras llegar de Venezuela.

Blas Donate Sánchez, agricultor
Blas atiende 10.000 metros cuadrados en Barranco Hondo que heredó su mujer y todavía le gustaría ampliarlo. Fran Pallero

Está tan entusiasmado con trabajar en el campo que ha intentado agrandarlo, pero “me piden mucho dinero por un terreno que es rústico y donde no tienen entrada para que entre una bestia, más de 5 euros el metro cuadrado, cuando no vale más de 3,50”, afirma mientras mantiene con su mano su inseparable sacho. “Planto papas, batatas, lechugas, pimientos…Aquí se da todo, mientras lo hagas con cariño”, señala orgulloso, al tiempo que nos invita a saborear una deliciosa mandarina, uno de los muchos frutales que también tiene en alguna de las huertas, cercana a la casa de su hija Leo, quien ha intentado sin éxito que su padre haga de jubilado real. “Un día le dijo al médico que me prohibiera ir a la finca y este le contestó que esa era la mejor medicina para que dure más años, que si me quitan el trabajo me moría más rápido”, remarcando Blas que “mi mujer siempre me dice que no venga, pero si me quitan el campo me muero, me entretengo trabajando, yo no soy de estar sentado viendo la tele, siempre me gusta estar arreglando algo”. Aunque está operado de las caderas y rodillas, en donde lleva prótesis, considera que no ha tenido “ninguna enfermedad, solo boberías”, cuidándose la tensión con “alguna pastillita”, aunque aclara que “el corazón está como un reloj”.

Blas Donate Sánchez recibe una paga de 1.000 euros como jubilado. “Poco me parece”, comenta, y siembra y recolecta para la familia más que para hacer negocios, porque, entre otras razones, sabe que “el campo es para los campesinos y a la familia no le gusta eso. Hoy la juventud está en otras cosas y así está tanto campo abandonado”.

Tiene un aspecto enjuto, pero no será porque no come. “Me encanta tomar por las mañanas medio litro de leche, de esa enlatada, con gofio, Cola-Cao, algunas galletitas y cuando me traen me como unos churros. Al mediodía, si hay, me mando hasta dos platos de lentejas y atrás una mandarina o una naranja. Por la tarde meriendo una tortilla dentro de un pan y por la noche, a eso de las ocho, ya ceno, otra vez medio litro de leche con café y unas galletas, aunque hoy no tenía galletas”, dice mirando a su hija y una de sus nietas.

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