Cultura

Carlos Bardem: “Mi novela ‘El asesino inconformista’ es un grito de rabia ante la impunidad de los corruptos”

El escritor y actor participa en la última jornada del VI Festival Atlántico de Género Negro Tenerife Noir

El escritor y actor Carlos Bardem. / Europa Press

El Festival Atlántico de Género Negro Tenerife Noir, que ha venido celebrando su sexta edición desde el pasado 29 de septiembre, se ha despedido este domingo en el Patio de las Palmeras del Museo de Naturaleza y Arqueología (MUNA), en la capital tinerfeña, con la visita del escritor y actor Carlos Bardem (Madrid, 1963), y su novela El asesino inconformista (Plaza & Janés, 2021). En esta charla con DIARIO DE AVISOS, Bardem esboza el contorno del protagonista de su relato, Fortunato, un asesino a sueldo que solo acepta matar a políticos corruptos.

-Si entendemos que la novela negra es también novela social, ¿qué aspectos de la sociedad le han interesado reflejar en ‘El asesino inconformista’?

“Habría que diferenciar la novela negra de la novela policiaca. La novela negra, la buena novela negra, siempre es social. Habla de los pecados de una sociedad. Desde el hardboiled, con Dashiell Hammett y Raymond Chandler, está presente un trasfondo de corrupción. Visto así, El asesino inconformista es una novela negra. También es un grito de rebeldía, de rabia, ante algo que nos ocurre a muchos en este país: el hartazgo, no ya ante la corrupción, sino frente a la impunidad del corrupto. La corrupción es algo que existe en todas las culturas, en todos los tiempos. Es inherente al ser humano, al ejercicio del poder. Lo que es muy tristemente propio de nuestra sociedad en las últimas décadas es la impunidad del corrupto. La sensación de que hay personas, instituciones, grupos de poder a los que la ley nunca alcanza. Y si lo hace, es de una manera muy tangencial o muy tardía. En mi novela, Fortunato, el protagonista, es un asesino de políticos corruptos. Una idea que está calando sorprendentemente bien entre los lectores y la crítica, lo cual nos debería hacer reflexionar sobre la existencia de ese hartazgo”.

“Desde Dashiell Hammett y Raymond Chandler, la buena novela negra siempre habla de los pecados de una sociedad”

-Usted ha expresado su interés por el mestizaje, por la mezcla de géneros. ‘El asesino inconformista’, por ejemplo, también es una novela de amor. ¿Cuánto de premeditado y cuánto de sobrevenido según escribe hay en su trabajo como escritor?

“No lo sé muy bien. No soy un teórico de la literatura. Ni siquiera soy un teórico de la literatura que yo hago. Es cierto que, de una manera natural, me rebelo siempre contra el encajonamiento del género. No me interesa demasiado el género puro, ni como lector ni como escritor. A mí me interesan las novelas que encierran cosas muy diversas, siempre, claro, que estén bien encerradas, que sepan transitar de un género a otro. Por eso digo que me gusta el mestizaje. Ya sea social, racial o literario, creo que nos enriquece. Me cuesta mucho sujetarme a las claves concretas, a las estrecheces de un género. Sí que me gusta tomar mecanismos, en este caso, de la novela negra, pero para desplazarme luego por otros géneros y hacer, en el fondo, una novela del alma. La buena literatura es siempre literatura del alma. Y al estudiar el alma, en El asesino inconformista me acerco a varios géneros: hay una novela negra, hay una novela de amor, hay una generacional, hay una de viajes y también hay una parte de ensayo, social y político. Creo que la mezcla funciona, que el libro contiene elementos para casi todos los lectores”.

-¿Y cuenta de antemano con un mapa antes de ponerse a escribir? ¿Planifica una estructura previa o, en cambio, el relato y los personajes se van construyendo de forma paulatina?

“No suelo tener una carta de navegación para mi escritura. Sin embargo, contradiciendo lo que acabo de decir, sí que hay una cosa que me pasa con mucha frecuencia, sobre todo cuando escribo novela. Lo primero que se me presenta es el final. Una vez que dispongo de ese final, cuando ya sé dónde quiero llegar, aparece el principio. A partir de ese momento, de lo que se trata es de navegar de un puerto a otro. Y ahí sí tiene mucho que ver la construcción de los personajes. Quizás por mi otro oficio, el de actor, poseo una relación muy íntima con la construcción de los personajes. Cuando un personaje está bien construido, si le ofreces un punto claro desde el que partir y un punto claro al que llegar, él te va a guiar, te va a decir lo que está dispuesto a hacer y lo que no, lo que no haría nunca, lo que supondría retorcerlo”.

“No me interesan los géneros puros: me gustan las novelas mestizas, las que saben transitar de un género a otro”

-Fortunato, el protagonista de ‘El asesino inconformista’, es un criminal a sueldo, pero también es alguien inteligente, culto, una persona provista de un código moral que choca de frente con lo supuestamente respetable, que en realidad resulta que es todo lo contrario. ¿Se trata de justicia poética o más bien de justicia social?

“En la justicia social se halla la mayor justicia poética. Vaya eso por delante. Fortunato, sí, es un asesino a sueldo, pero no es un asesino a sueldo cualquiera. No es uno de esos criminales que puedes contratar en Internet para que te libre de tu pareja, o del vecino o del socio molesto. Él tiene una especie de bushido, de código del samurái, por el que solo acepta determinados encargos: eliminar a políticos corruptos. Cree que esa es su contribución al mundo. Es un tipo culto, cínico, misántropo. No posee grandes creencias espirituales. Él cree en la química del carbono, así que piensa que eliminar a estos políticos corruptos es la mayor aportación que puede hacer a la mejora de la sociedad. Es una especie de reciclado de la basura”.

-Al tomar la corrupción política como uno de los temas de una novela, ¿cómo evita uno caer en el maniqueísmo para recrear una realidad que no se limite al blanco y al negro?

“El maniqueísmo en la novela negra española está hoy muy presente. En mi opinión, El asesino inconformista se sale de ese maniqueísmo por diversas razones. De entrada, desde la quinta línea de la novela ya sabes que el protagonista es un asesino. No hay unas fuerzas del bien persiguiendo a unas del mal. Y por no haber, no hay ni fuerzas del orden. Lo que sí existe es un asesino a sueldo que trabaja por encargo de unos corruptos para eliminar a otros corruptos. Fortunato no es inmune a la duda. A veces se plantea si lo que hace no ayuda a perpetuar la corrupción y otras se dice que ayudar a los lobos a despedazarse entre ellos es salvar a las ovejas. En el momento en que eliges como protagonista absoluto de la novela a un antihéroe, ya estás abandonando ese maniqueísmo que está tan a la orden del día”.

“Quizás por mi otro oficio, el de actor, poseo una relación muy íntima con la construcción de los personajes literarios”

-¿Y de qué modo se trabaja con ese material tan potente de corrupción e impunidad? ¿Han sido los informativos y las hemerotecas sus fuentes de documentación o en cambio solo ha tenido que recurrir a la imaginación y la memoria?

“Mi novela anterior, Mongo Blanco, que cuenta la vida de Pedro Blanco, el negrero malagueño del siglo XIX, es una obra de 625 páginas muy documentada históricamente. Así que me dije que mi siguiente novela tendría que poder escribirla desde la memoria y desde la experiencia más inmediata, que no precisase de mucha investigación. Acabé un poco cansado de tanta nota y tanta bibliografía. Por decirlo de otra manera, Fortunato, en un momento de la novela, confiesa que él a veces juega a adivinar quién será su próximo encargo viendo los telediarios”.

-¿De qué forma su carrera cinematográfica convive con la literaria? ¿Llega a influir la una en la otra o son dos facetas independientes más allá de que las ejerza la misma persona?

“Son independientes, pero hay una influencia de la una en la otra, y creo que buena. Son dos caras de una misma pasión, la de contar historias. La pasión de contar historias a través de personajes. Eso es la narrativa. En el caso del actor, cuenta las historias de otro y aporta su talento y su humanidad para poner en pie ese relato. El escritor narra sus propias historias y crea personajes al servicio de esa narrativa. Yo creo que lo que me ayuda mucho como escritor y como intérprete es el conocimiento de la construcción de un personaje, de cómo ir añadiéndole capas para ir haciéndolo más complejo, más interesante, para intentar apartarlo del cliché. Por eso, por ejemplo, en el caso de Fortunato, de entrada es un asesino, por supuesto, así que no deberíamos empatizar con él. Sin embargo, quise construirlo de tal manera que hay personas que ya han leído la novela y me aseguran que hay momentos en los que les cae muy bien este tal Fortunato. Eso es porque he pretendido darle humanidad, aportarle una complejidad que haga que en un punto o en otro conecte con cosas que todos llevamos dentro”.

“Fortunato cree en la química del carbono y en que eliminar a políticos corruptos es lo mejor que puede aportar al mundo”

-Ha acudido a la Isla para participar en el Festival Atlántico de Género Negro Tenerife Noir. ¿Qué representan para usted estos encuentros con el público y con otros autores?

“Siempre resulta fascinante e interesante. Acabo de estar en uno en Mallorca y ahora tengo el honor de asistir a Tenerife Noir. Lo que es una alegría, sobre todo, es volver a ver gente reunida en torno a libros, en torno a historias. Gente hablando, disfrutando, compartiendo la palabra. A mi juicio, ese es uno de los principales signos de la vitalidad de una sociedad: el amor por la cultura, el ansia por leer, por ver, por conocer historias. Después de la tragedia que ha sido la pandemia para todos los sectores, no solo el cultural, es una maravilla que se vuelvan a abrir las grandes alamedas a este tipo de encuentros. Es un motivo para estar muy feliz”.