Erupción La Palma

El jefe de los geólogos en La Palma: “Los que hablan de tsunami creen que el volcán es un juego”

"La incógnita que tenemos es qué está pasando en el interior" / "En este momento no sabemos cómo va a terminar la erupción" / "Hablar de un tsunami es como decir que puede caer un meteorito"

El día que erupcionó el volcán de La Palma, Stavros Meletlidis (Salónica, (1967), doctor en vulcanología por la Universidad Autónoma de Barcelona y jefe de los geólogos que siguen de cerca la situación en Cumbre Vieja, se encontraba a escasos metros del cráter. Aquel día, su hijo mayor soplaba las velas en la isla tinerfeña. Era su cumpleaños. Pero Stavros, junto a su equipo del Instituto Geográfico Nacional (IGN), vigilaba a un paciente que mantenía latentes la incertidumbre y la preocupación en La Palma desde días antes, con un enjambre sísmico que encadenaba miles de terremotos. “Había gente que pensaba que el volcán podía salir debajo de su casa”, comenta.

El volcán del Cumbre Vieja encabeza su tercera semana de erupción. Continúan los seísmos, la destrucción y la lluvia de cenizas. La isla bonita sigue cubriéndose de lava, y lo peor es que nadie sabe ni puede saber cuándo terminará. El trabajo incansable de los equipos de vigilancia volcánica desplegado en la zona estudia y analiza la situación a partes iguales tratando de buscar respuestas y armar las piezas de un puzzle que va dejando descubrir el volcán.

Uno de los aspectos que más fascina a este vulcanólogo es que parece que plantean un reto con cada erupción, ese “descíframe si puedes”. Cuando coge el teléfono se encuentra en Tenerife, con su familia. “En este parón de 48 horas, intento conciliar un poco mi vida familiar y atenderles también a ellos. Hay que descansar para poder volver y seguir con el trabajo. Llevaba tres semanas sin parar en La Palma”, confiesa el Meletlidis. Un trabajo intenso e incansable que continuará mucho tiempo después de que finalice la erupción en La Palma.

-¿Cómo fue tu primera experiencia con un volcán?

La primera vez que conocí un volcán fue en Grecia, donde estaba haciendo cartografía con otros colegas de otros países. Estábamos trabajando en Santorini, en Nysiros, en volcanes extintos también. Mi primera experiencia con un volcán activo fue con el Etna, cómo no (ríe). A través de ese trabajo he participado en un megaproyecto, Volcano, que trataba de investigar los 10 volcanes más importantes del planeta (el Teide, Santorini, Etna, Reunión…), todos esos volcanes que pueden tener un efecto importante en el mundo. Ya con 25 años estuve en la cima de volcanes en momentos de erupción, relativamente cerca, y te pones… Porque si en un terremoto te sientes pequeño durante 30 segundos, ante un volcán te sientes pequeño durante días, semanas e incluso años. Es impresionante.

-¿Cuándo llegas a La Palma? ¿Cómo fueron esos primeros días?

Es muy parecido a lo que pasó en El Hierro. En La Palma la actividad empezó el día 11 de septiembre. Era un fin de semana. Empezó con bastante energía si la comparamos con la erupción de El Hierro. Se hizo una reunión entre los equipos de Madrid y Tenerife, y se decidió hacer un viaje para comprobar si la red seguía funcional y ampliarla un poco. El martes por la mañana, un compañero ingeniero, Rubén, vino desde Madrid, y yo, desde Tenerife; y nos encontramos en La Palma con dos vuelos directos. Ahí empezó todo. Comprobamos la red sísmica y también la geoquímica.

Al médico le avisan para tratar a un paciente en la siguiente hora. Nosotros aparecimos el martes por la mañana sin saber cuándo íbamos a tratar esa emergencia. Se veía claramente que no iba a tardar mucho, pero el martes era pronto para definir una ventana de tiempo de la erupción. En El Hierro pasó lo mismo. En cuanto se detectó la actividad, con lo puesto, fuimos con el barco. Tanto aquí como en El Hierro mi familia me tuvo que mandar ropa porque yo iba para tres días y terminaron siendo tres semanas. La idea principal nuestra era ir, comprobar las redes, añadir algún sensor más, hacer alguna medición en el terreno y a los tres días, volver.

-¿Cuándo os disteis cuenta de que la situación iba a ser más grave?

Durante la semana, vimos como la actividad empezó a crecer a un ritmo que recordaba mucho a la erupción de El Hierro. Cada día teníamos una reunión y se veía que todo indicaba que la erupción llegaba. Ya el domingo por la mañana, con el comunicado que da el Pevolca, se veía que la erupción era inminente. 

-¿Cómo viviste el momento en el que el volcán entra en erupción?

Yo estaba en la isla. Me quedaba en un apartamento en Todoque. Todos los días, aparte del trabajo que hacíamos, teníamos contacto con la gente del pueblo, Guardia Civil, y con la sociedad en general. Ese día por la mañana ya estaba despierto cuando hubo un terremoto a las 6.30 horas de la mañana. Con las mismas subí hacia Todoque porque indicaba que el área estaba bastante cerca de donde finalmente ha salido el volcán. Teniendo la continuidad de la actividad, se hizo un vuelo de helicóptero. Hemos sobrevolado varias veces la zona donde ha salido el volcán, pero la verdad (ríe), los datos indicaban un área más extensa, no sé por qué nos obsesionamos con ese lugar y no se vio nada.

Terminando el vuelo de helicóptero, nos acercamos a la zona, y vimos que ya tenía varios desprendimientos. La gente estaba evacuando con toda la tranquilidad y todo muy organizado. Y, de pronto, estando yo a un kilómetro de la zona, en ese momento estalló. Tiró el tapón, que se dice, y empezó esa emisión de cenizas. La primera parte conlleva una nube de cenizas. Lo primero que sale es el gas que fractura la roca y al poco empezó esa fuente de material rojo magmático.

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