Erupción en La Palma

Eugenio Fraile, investigador: “Mucho de lo que aprendimos en El Hierro lo hemos puesto en práctica en La Palma”

El investigador Jefe de la expedición Vulcana, del Instituto Español de Oceanografía (IEO), recuerda que “la ciencia por sí sola no tiene sentido, es necesario aplicarla, y poder gestionar una crisis”

Espectacular imagen del Volcán Tagoro que comenzó su erupción el 10 de octubre de 2011 cerca de La Restinga. DA

Hoy se cumple una década del inicio de la erupción volcánica submarina en El Hierro. Fue el 10 de octubre de 2011, sobre las 5.00 horas, cuando los sismógrafos del IGN registraron el comienzo la erupción volcánica, las primeras horas fueron de incertidumbre, sin confirmar si lo que salía del fondo marino era lava, fluidos hidrotermales o de gases de origen magmático. La actividad volcánica se prolongó durante 80 días, pero si tomamos en cuenta el inicio de la actividad sísmica anómala en la isla el 19 de julio de 2011, acompañada de deformaciones del terreno, duró 147 días, la segunda erupción en duración en la historia de Canarias, así como la segunda en material emitido, con 329 millones de metros cúbicos, solo superada por los cinco años del Timanfaya y sus 1.000 millones de m3.


Sin embargo, en contra de lo que pasó en Lanzarote, o actualmente en La Palma, con terribles consecuencias como la perdida de edificaciones, tierras de cultivo y actividad económica bajo las coladas, el volcán Tagoro quedó bajo el Mar de Las Calmas, y es recordado por la gigantesca mancha de color verde y marrón que durante semanas se formó cerca de La Restinga.


Tagoro movilizó a decenas de investigadores y miembros de emergencias, con reuniones de los miembros del Comité Científico previsto en el Pevolca. Toda esa experiencia ha servido ahora en La Palma.


La erupción herreña se caracterizó por la emisión de productos piroclásticos de diferentes tamaños y de gases a la columna de agua, principalmente dióxido de carbono y ácido sulfhídrico. Las aguas del Mar de Las Calmas son una reserva marina y, tras la erupción, las propiedades del agua cambiaron a niveles que hicieron imposible cualquier tipo de vida alrededor.


Los grandes perjudicados de aquella erupción fueron los pescadores y los clubes de buceo que vieron suspendida su actividad durante seis meses. Sin embargo, luego fueron recompensados por una explosión de biodiversidad debido al fenómeno de fertilización inducida por el volcán. Los otros grandes beneficiados fueron los investigadores del IGN, Involcán, Instituto Español de Oceanografía (IEO) o las dos universidades canarias. Pudieron monitorizar en directo la primera erupción submarina de principio a fin, publicando un ingente número de artículos científicos y confirmándose en referencia mundial. “La investigación en el volcán Tagoro es única en el mundo”, afirmó al DIARIO Eugenio Fraile, investigador Jefe de la expedición Vulcana, uno de los que mejor lo conoce, y que también lidera la investigación marina en La Palma.

El buque Ramón Margalef estudiando el volcán herreño. DA

El IEO cobró un papel imprescindible en esos 80 días, pero su labor no finalizó el 5 de marzo de 2012, fecha en la que el Pevolca confirmó que la erupción submarina había concluido. A partir de entonces se sucedieron los proyectos de investigación (Vulcano, Vulcano 2 y Vulcana) y continúa su monitorización. La serie temporal de diez años de investigación del IEO, las universidades canarias y otros centros nacionales e internacionales es única en el mundo”. “En diez años hemos realizado 30 expediciones a El Hierro. Nunca en estos diez años un buque oceanográfico dejó de visitar El Hierro. Por supuesto, ahora estamos muy preparados ante cualquier situación. Somos líderes junto a Estados Unidos en la investigación de las erupciones submarinas y subaéreas. Eso nos ha permitido ser referentes mundiales en publicaciones científicas gracias al volcán submarino Tagoro, y también en asesoramiento sísmico”, destacó Eugenio Fraile.


Cuestionado por lo que les enseñó la erupción del volcán Tagoro, Fraile afirmó que “hemos aprendido muchísimo y no hemos dejado de publicar y seguir investigando. Mucho de lo que aprendimos en el Hierro lo hemos puesto en practica en La Palma. De esta manera, en el IEO nos anticipamos y agilizamos la batimetría y los muestreos en la zona de costa antes de la llegada de la lava al mar. Sabemos que el ecosistema se va a recuperar, incluso mejor de lo que estaba”.

Eugenio Fraile Nuez, investigador del Instituto Español de Oceanografía (IEO). | DA


El investigador canario insistió en que “la ciencia por sí sola no tiene sentido, es necesario la ciencia aplicada, la ciencia del conocimiento, una ciencia para poder gestionar una crisis. Hemos estado siempre de la mano de los gestores de la crisis eruptiva tanto en El Hierro como ahora en La Palma, y cuando finalizó el Tagoro estuvimos de la mano del sector pesquero, del buceo y de la sociedad herreña, para decirles que el ecosistema se estaba recuperando, y seguimos monitorizando hoy”. Por otro lado, los científicos hemos estado presentes “en todos los medios de comunicación y en todos los congresos internacionales de ciencia para insistir que Canarias es un lugar seguro, El Hierro es seguro, y fomentar la vuelta del turismo y el buceo. Por tanto, la ciencia también actúa en la economía en los pueblos”.


Preguntado por la campaña de investigación realizada en La Palma, Eugenio Fraile afirmó que “tiene sentimientos contrapuestos y el corazón partido”. El Instituto Español de Oceanografía realizó una intensa campaña de estudio y monitorización en La Palma, con amplios turnos de trabajo “ya que no era el momento de dormir. Fueron 10 días muy intensos. Pero igual que en tierra hay compañeros que están durmiendo dos o tres horas al día, también hay muchos afectados que no están durmiendo porque han perdido sus casas”, recordó.


El buque Oceanográfico Ramón Margalef acogió a 20 investigadores de diferentes instituciones. “Nos permitió hacer una campaña 0, el momento previo a que llegara la lava al océano, y tomar los parámetros lo más rápido posible. Recogimos un total de 3.000 muestras y tenemos material para analizar distintos parámetros durante dos o tres meses, filtrando más de 500 litros de agua”. Incluso se lanzó un dron para recoger muestras de agua a cinco metros de la colada, una experiencia casi única en el mundo, sólo se había realizado en la Antártida.


Otra labor destacada fue presentar datos en tiempo real al Comité Científico. “Con los datos de batimetría, monitorizamos la evolución de la colada, cuantos niveles de profundidad iba cubriendo, su diseminación y las anomalías físico-químicas en toda la columna de agua, que las encontramos incluso a más de 250 metros de profundidad y hasta más de 500 metros al frente de la fajana”, manifestó.


Certificaron que las coladas de la fajana afectaban a las especies pelágicas ligadas al fondo, pero no solo por la lava en sí, sino por los sedimentos que arrastraban al bajar por la pendiente submarina. Nos referimos a los animales bentónicos, ligados a los fondos (invertebrados, moluscos y especies animales), pero también a los que están en la columna de agua “porque la gran cantidad de cenizas que se posan en la superficie del agua no deja entrar la luz y afecta a los organismos fotosintéticos (algas y cianobacterias)”. Sin embargo, “somos positivos en que se puede recuperar el ecosistema marino tras la erupción”, reiteró.

Ángeles Alvariño


La próxima semana llegará a Canarias el buque Ángeles Alvariño para continuar la investigación en La Palma con nueva instrumentación, entre ellos el robot no tripulado Lidocus 2000. “Vamos a para poder filmar cómo está la fajana, cómo es la vitrificación acuática y poder tener muestras de agua lo más cerca posible de la lava”.
Pero antes de acudir a Tazacorte, el buque acudirá a La Restinga “porque tenemos una gran cantidad de instrumentación tomando datos en el volcán desde hace seis meses. Si en época de pandemia no hemos dejado de acudir a la Restinga, ahora tampoco. Que los herreños lo tengan muy claro, el volcán Tagoro es un objetivo clave dentro del IEO como sistema de monitorización. Y más en este mes que se cumplen diez años, vamos a estar presentes nuevamente, quizás en una campaña más reducida en el tiempo, porque tenemos otras prioridades en La Palma”.

Por último, Eugenio Fraile recordó que “vivimos en un Archipiélago volcánico qué sí o sí va a volver a tener una erupción. Entonces la única manera de minimizar todas esas afecciones que se producirán tanto en tierra como en mar es hacer ciencia”. “Todos estamos totalmente destrozados por lo que está pasando en tierra y en el mar, porque no es agradable ver como se quedan gente sin hogar y que se estén destrozando los ecosistemas, pero la mejor fórmula que tenemos para ayudar es determinar las claves científicas o comprender los procesos sismo-volcánicos para poder adelantarnos, prever mejor las situaciones y dar la mejor información a las autoridades. Ese es nuestro principal objetivo”, finalizó el investigador del IEO.