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Kevin, platanero en La Palma: “Lo que está arañado no lo cobramos; se va a la basura”

Un platanero explica a este periódico los retos a los que se enfrenta el sector debido a la erupción del volcán de Cumbre Vieja
Kevin Acosta, uno de tantos jóvenes dedicados al campo que se ha visto afectado por la erupción | CEDIDA

La imagen de un trabajador del campo cargando una piña de plátanos, cubierto de sudor y ceniza del volcán de Cumbre Vieja, se ha hecho viral estas semanas. Para algunos, la instantánea de Kike Rincón (Europa Press) refleja la lucha del palmero por no abandonar el que ha sido su principal sustento -junto al turismo- desde hace décadas. Para otros, pone de relieve la precariedad del sector y el hecho de que son muchos los jornaleros que han de exponerse al polvo azufrado sin saber muy bien qué consecuencias pueda acarrear a largo plazo para su salud.

El Cabildo ha habilitado la posibilidad de que se recojan los frutos en la zona de la costa del Valle de Aridane y, más concretamente, en Puerto Naos, El Remo, Charco Verde y Las Hoyas, que han sufrido especialmente las consecuencias de la erupción. De hecho, esos barrios se encuentran evacuados; nadie puede permanecer en las viviendas que allí se hallan. Sin embargo, sí pueden acceder a los mismos los agricultores, teniendo, además, que realizar los tratamientos habituales para la supervivencia de las matas, como desgarepar o deflorar, entre otras tantas tareas que trae consigo este cultivo.

Kevin es un joven que dedica su vida al plátano. Lo hace por tradición familiar, pues su padre también está vinculado al producto más característico de las Islas. “Tengo unas fanegas a negocio y después trabajo con unos chicos por otro lado; les ayudo en lo que pueda”, cuenta. A pesar de que sus fincas están en la Costa de Tijarafe, al noroeste de la Isla, señala que “todos los días amanece todo lleno de ceniza; hoy mismo [ayer para el lector] nos estaba cayendo encima”, como si de una llovizna se tratara. Aunque, a diferencia de lo que pueda parecer, dice apreciar más la presencia de estos restos del volcán en los invernaderos que en las partes descubiertas.

Según relata, a las plataneras que están a la intemperie “les da el viento y se les va sacudiendo” el polvo; pero las cubiertas, por el contrario, están atestadas. Y esto, indica, hace que sea más incómodo trabajar: “A veces tienes que ponerte una pantalla, porque se te mete en los ojos y no ves nada; también si te entra en la boca… lo notas”. Además, se manifestaba inquieto por sus compañeros del Valle, dado que el Comité Científico del Pevolca (Plan de Protección Civil y Atención de Emergencias de Canarias por Riesgo Volcánico) había declarado al mediodía sus dudas acerca de la calidad del aire, que, si continúa empeorando o se mantiene fuera de las escalas que marca la ley, obligará a adoptar medidas de seguridad adicionales.

Sobre las condiciones en las que debe desarrollar su trabajo, explica que últimamente está teniendo muchos sobrecostes: “A mí solo no me da tiempo de hacer lo que nos piden en los empaquetados, ahora son muchos gastos, tienes que tener a alguien más, y encima se está pagando poco”. Y es que algunas compañías dedicadas a la recogida de las piñas solicitan que sean los propios agricultores quienes limpien la fruta de ceniza y, posteriormente, la embolsen, para poder admitirla. A lo que habría que añadir que este polvo “araña los plátanos” y echa por tierra muchos cortes: “Lo que está arañado no lo cobramos; es trabajo tirado a la basura”.

Otro de los problemas a los que se enfrentan los plataneros es el de las dificultades para acceder a algunas áreas en las que se ubican las fincas. Kevin afirma que “tengo amigos que van por Mazo y luego a Fuencaliente para llegar. Los hay que viven en Tijarafe y tienen que salir aún más temprano para ir a El Remo”, visto que el avance de la lava ha supuesto la desaparición de vías que eran esenciales para el día a día de los palmeros, como la que discurría desde el centro de Los Llanos hacia Puerto Naos. Y, si bien se ha redirigido el tráfico por una carretera alternativa, hay plataneros que deben dar toda la vuelta por el Sur para alcanzar la costa.

“Yo estoy un poco salvado porque aquí se puede estar y podemos regar y trabajar. No nos han dicho nada, pero, si esto se complica, no sé”, reflexiona acerca de las posibilidades de que la calidad del aire empeore o la ceniza siga extendiéndose por la injerencia del viento. Aunque no deja de dirigir la mirada hacia su progenitor, que “trabaja una finca en La Bombilla, otra en Las Norias y en Las Hoyas”, precisamente zonas muy afectadas por los cortes y las evacuaciones.

Cuestionado sobre el futuro, asevera que “lo veo mal, porque nos han dicho que igual hay un ERTE, porque si al final dicen que es tóxico estar por aquí, los empaquetados no podrán estar abiertos. Seguiremos trabajando hasta que nos dejen. Solo espero que ojalá no se pare”.

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