erupción la palma

La carta de 1646 a Felipe IV sobre una “espantosísima” erupción en la isla de La Palma

Una misiva enviada por el gobernador muestra con gran exactitud las similitudes entre la erupción del volcán de San Martín y la de Cumbre Vieja

…no habiéndose visto nada y estando todos con notable confusión y espanto porque los estruendos crecían, tuve aviso del lugar de Garachio [Garachico] de cómo se había descubierto un fuego grande y espantoso en la isla de La Palma, que está distante de aquella 18 leguas, y que del mismo fuego se distinguían otros fuegos grandes que en forma de ríos corrían hacia la mar…

Las Canarias son unas islas cuya actividad volcánica se ha mantenido constante desde hace millones de años. El pasado 19 de septiembre fue el volcán de Cumbre Vieja, en La Palma, el que comenzó a escupir lava de forma violenta; pero en 2011 ya lo hizo el Tagoro, en El Hierro; en 1971, el Teneguía, también en La Palma; y en 1949, el volcán de San Juan, ubicado en la zona sur de la ‘isla bonita’. De hecho, la zona de Cumbre Vieja concentra el 50% de la actividad volcánica registrada en los últimos 500 años en España. 

Los científicos tienen constancia del bramar de estos monstruos de lava desde hace siglos gracias a los escasísimos registros disponibles que hablan de lo ocurrido en la historia de Canarias. Uno de ellos, que ha sido rescatado estos días y guarda una increíble semejanza con la erupción estromboliana de Cumbre Vieja, es la carta que mandó Pedro Carrillo de Guzmán, capitán general de Tierra Firme y gobernador de las islas, a Felipe IV ‘El Grande’ en 1646. En ella informaba sobre la erupción del que es hoy el volcán de San Martín, que se sitúa en la misma zona de Fuencaliente. 

Escrito en castellano antiguo, el documento, que permanece en los archivos de la Biblioteca Nacional de España, detalla cómo la erupción sucedida en el siglo XVII guarda una fascinante similitud con la que estos días asola La Palma. La carta habla de “ríos de lava”, de “estruendos y terremotos”, de “un fuego grande y espantoso”, de una “humareda grande y espesa”, de bocas que se abren sobre el terreno, y del pánico que sintieron los palmeros durante el transcurso del suceso que acabó arrasando buena parte de la isla. 

“…se vio en toda aquella isla una humareda grande negra y espesa que con grande violencia subía al cielo y oscurecía el sol, y entrando más el día se conoció que había reventado el dicho volcán expeliendo a un tiempo humo y fuego y otras materias que oscurecían el día y condensaban el aire”, se puede leer en la carta escrita de puño y letra por De Guzmán. “El terror que sobrevino en todos fue igual con tan grande accidente no quedándoles más acción que acudir a las iglesias a pedir misericordia a Dios nuestro Señor”, añade. 

Lo paradójico del asunto es que el gobernador, que se encontraba en La Laguna y acabó mandando varias embarcaciones hasta La Palma para prestar auxilio a sus habitantes, creyó en un principio que eran “algunas armadas que estaban peleando” en la zona. “El reinado de Felipe IV coincide con un momento de conflicto bélico internacional”, explica a EL ESPAÑOL Jesús María Usunáriz, profesor de Historia Moderna de la Universidad de Navarra. “España estaba inmersa en la Guerra de los 30 años y Canarias era un enclave magnífico en la ruta hacia América, siendo objeto de ataques por parte de distintas flotas. Los barcos intentaban paralizar el envío de la plata americana que alimentaba a nuestros ejércitos”, añade. 

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