Tribuna

La Laguna con La Palma

San Cristóbal de La Laguna y la isla de La Palma han tenido, a través de los siglos, una estrecha relación, que está hoy más viva y presente que nunca. Aquí se han formado muchas generaciones de palmeros y aquí han hecho después sus vidas, dejando su huella en esta ciudad, abierta al mundo, a […]

San Cristóbal de La Laguna y la isla de La Palma han tenido, a través de los siglos, una estrecha relación, que está hoy más viva y presente que nunca.

Aquí se han formado muchas generaciones de palmeros y aquí han hecho después sus vidas, dejando su huella en esta ciudad, abierta al mundo, a la que llegaron un día a estudiar y en la que se quedaron para siempre.

Nuestros barrios y pueblos, en tiempos difíciles, acogieron a palmeros y palmeras que tuvieron que llenar su maleta de sueños y -del mismo modo que un día tomaron el camino más largo a Cuba o a Venezuela- llegaron a La Cuesta, a Taco o a Los Valles a levantar, como pudieron, una vida nueva para ellos y los suyos.

Este municipio ha sido el segundo hogar de tantos hijos e hijas de La Palma, que muchas veces nos ha parecido que nuestras calles no eran más que una prolongación de las calles de la isla hermana.

La Palma está presente en nuestras plazas y nuestros monumentos, en nuestra Historia común y compartida, en la Universidad y sus centros de estudio, en el Hospital, en el aeropuerto y en otros muchos lugares; puntos de unión que no han hecho más que multiplicarse con el tiempo, lazos que se han ido estrechando a fuerza de cariño mutuo.

También mi historia personal y emocional está vinculada a la isla, que siento como propia, porque mi hijo lleva sangre palmera.

Los habitantes de La Palma, acostumbrados a no rendirse desde tiempos inmemoriales, son gente de corazón grande y mayor fortaleza. Y todos y cada uno de estos días en que el volcán ha estado rugiendo y expulsando lava lo han demostrado.

Los que primero perdieron todo han sido, también, los primeros en ayudar a quienes venían detrás, organizando, cargando, clasificando, distribuyendo ayuda, ofreciendo lo poco que les quedó en pie, apoyando a sus vecinos y vecinas, a pesar de que la lava arrasó con su vida pasada y sus proyectos de futuro.

Por eso, los laguneros y laguneras, como todos los canarios, hemos vivido estos días con el alma en un puño al ver cómo la furia del volcán, que aún no cesa, ha ido acabando con el fruto del esfuerzo de mucha gente trabajadora. Gente que, en medio de la tragedia, se ha crecido y se ha multiplicado para llegar a donde se les necesitaba. Gente que ha ayudado, desinteresadamente: voluntarios, bomberos de todas las islas, policía, protección civil, científicos, ONG…

Y, he de decirlo, las instituciones, que han respondido con rapidez y, lo que es más importante, con absoluta coordinación y entrega, por encima de siglas y dejando a un lado diferencias políticas: ayuntamientos, Cabildo, Gobierno de Canarias, Gobierno de España. Todos han estado, desde el primer momento, resolviendo lo urgente y pendientes de lo importante.

Nosotros, en este caso, hemos seguido sus ordenes e indicaciones al pie de la letra. Sin complicar ni estorbar, pero preparados para actuar cuando se nos necesite, donde se nos necesite y en el sentido que se nos indique.

Esta ciudad, que ha sido madre adoptiva de tantos hijos e hijas de La Palma, tiene la mano tendida y el corazón pendiente, cada minuto, de lo que allí sucede.

Y cuando cese el estruendo del volcán, cuando se apaguen los focos y volvamos cada uno a nuestra cotidianidad, ahí seguirá La Laguna para sus hermanos y hermanas palmeros, como se hace en las familias: discretamente, sin entorpecer la encomiable labor que se está llevando a cabo, pero con el compromiso firme de ayudar a reconstruir una isla cuya gente es, también, nuestra gente.

* Alcalde de San Cristóbal

de La Laguna