Erupción en La Palma

Más de 100 “temblores” en el sur de La Palma, pero no se teme otra boca

La directora del Instituto Geográfico Nacional en Canarias, María José Blanco, manifestó ayer que las explosiones observadas en el volcán de Cumbre Vieja no revisten gravedad por el momento, en la medida en que, según la escala IVE (Índice de Explosión Volcánica), esta erupción alcanza un valor de 2, siendo el máximo 8. Ahí se tiene en cuenta el volumen de ceniza y piroclastos, la altura de la nube eruptiva o la inyección en la troposfera, entre otros tantos parámetros

Más de 100 “temblores” en el sur de La Palma, pero no se teme otra boca

Diario de Avisos / Agencias

La erupción que comenzó el pasado 19 de septiembre en Cumbre Vieja, en La Palma, no da tregua a la población de los municipios cercanos que intentan aceptar con la mayor normalidad que pueden los comportamientos de este volcán, que, según los científicos, se ajustan a las pautas de una erupción estromboliana, aunque no son capaces de determinar cuál será su duración, que se puede prolongar incluso a lo largo de varios meses.


Tras unos días de relativa estabilidad en la actividad volcánica, pasadas las 19.00 horas del domingo, una parte del cono se rompió, lo que produjo, además de una fase explosiva, la salida de abundante lava fluida que se fundió en una única colada, es decir, que esta discurrió por donde mismo lo venía haciendo en las jornadas anteriores.


Aunque estas roturas ya se han producido en varias ocasiones, esta vez la emisión de la lava fue mayor, y aunque desde el inicio de este episodio se informó de que parecía que la lava transcurría por las rutas realizadas por anteriores coladas, los científicos y los dispositivos de seguridad se mantienen vigilantes por si hay algún cambio.


Además, intentan tranquilizar a la población ante el aumento en las últimas horas de la sismicidad y señalan que este enjambre se produce a niveles profundos y no implica que se vaya a abrir una nueva boca eruptiva, en la medida en que no sigue el patrón de principios de septiembre, cuando no solo tenían lugar temblores, sino que estos cada vez eran más cercanos al nivel del mar. Desde el sábado se han localizado más de 115 terremotos en el sur de La Palma; 12 de ellos sentidos por la población.


La superficie afectada por la erupción asciende a 413,38 hectáreas, 14,2 más que ayer, y el perímetro de la zona afectada es de 36,3 kilómetros, si bien se confía en que no toda esta superficie esté arrasada por la lava. La anchura de la colada en algunos tramos es de 1.250 metros, 300 más que el domingo, mientras que la fajana que se creado al caer la lava al mar tiene ya una superficie de 32,7 hectáreas.


En lo referente a estas rocas calientes que entran en contacto con el agua salada, el Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan) ha constatado a través de satélites la existencia de unos tubos volcánicos que están ayudando a canalizar la lava hacia el mar.


Tras cumplirse ayer 16 días de erupción, por ahora nadie se plantea un final cercano, aunque Involcan asegura que esta se producirá cuando se observe una disminución en la emisión de dióxido de azufre a la atmósfera, que el domingo se estimó en 16.000 toneladas.


Por primera vez en muchos días, la meteorología está ayudando a la mejora de la calidad de aire, aunque a primeras horas de la mañana de ayer el Valle de Aridane amaneció cubierto por una densa nube que impidió al sistema de satélites europeo de monitorización terrestre Copernicus actualizar la evolución de las coladas del volcán y los daños estimados sobre las edificaciones, entre las que se incluyen, cabe recordar, cuartos de aperos, garajes o piscinas.


El viento se presenta favorable para que la nube de cenizas y de dióxido de azufre no afecte, entre otros servicios, a la operatividad del aeropuerto, según declaró en rueda de prensa la directora del Instituto Geográfico Nacional (IGN) en Canarias, María José Blanco.


Y mientras tanto las administraciones intentan reparar los destrozos que ha provocado esta erupción volcánica, que, entre otros daños, ha roto las redes de abastecimiento de agua de regadío en una zona considerada como una de las más ricas de la isla por sus plataneras: la costa del Valle de Aridane, conformada por La Bombilla, Puerto Naos, El Remo, Charco Verde y Las Hoyas.


En este sentido, el consejero insular de Aguas, Carlos Cabrera, anunció que ya han dado comienzo los trabajos para elevar agua desde la zona de Las Hoyas, en la parte baja de Los Llanos de Aridane, hasta la balsa de Cuatro Caminos, en el área alta, donde alrededor de 350 agricultores “no están regando o están mal regando”.


Se ha dado pistoletazo de salida, una vez que el Cabildo de La Palma declaró la emergencia, según indicó el también presidente del Consejo Insular de Aguas, quien explicó que el agua saldrá de las desaladoras portátiles que previsiblemente llegarán mañana.